Detuvieron a un trapito acusado de extorsionar a personas en Mar del Plata

El “trapito” exigía dinero a los automovilistas para permitirles estacionar sus vehículos en el centro de la ciudad marplatense; antes de ser detenido el hombre agredió al personal policial.


 

El hombre fue trasladado a la comisaría primera, ubicada a unos 100 metros, donde se le inició una causa penal por extorsión a los automovilistas y resistencia a la autoridad.
El hombre fue trasladado a la comisaría primera, ubicada a unos 100 metros, donde se le inició una causa penal por extorsión a los automovilistas y resistencia a la autoridad.

Un cuidacoches, que exigía dinero para permitir que los automóviles estacionaran en el centro de esta ciudad de Mar del Plata ,fue detenido hoy tras varias denuncias de extorsión realizadas a través de llamados al 911. Antes de ser detenido el hombre agredió al personal policial.

El hecho se registró al mediodía cuando un móvil del Comando de Prevención Comunitaria (CPC) arribó a la esquina de Independencia y Belgrano. El hombre fue trasladado a la comisaría primera, ubicada a unos 100 metros, donde se le inició una causa penal por extorsión a los automovilistas y resistencia a la autoridad, a cargo de la fiscalía de Flagrancia.

Fuentes de la secretaría de Inspección del municipio dijeron que no cuentan con recursos suficientes para controlar a los cuidacoches y que deben contar con ayuda de la policía local ante el aumento de esos casos en verano, con tarifas que van desde los 100 a los 300 pesos.

La Defensoría del Pueblo de General Pueyrredon sostuvo que del total de denuncias que se reciben “sólo se cubre un 30%” y el resto “queda en la nada por falta de personal y recursos”.

El defensor del Pueblo, Fernando Rizzi, explicó en declaraciones radiales que la mayoría de estas situaciones se producen con personas “que no son de Mar del Plata, sino que vienen de otros lugares”.

“Incluso muchos de los trabajadores locales son desplazados por las bandas de afuera, que copan sectores”, amplió Rizzi.

Fuente: La Nación

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