A los 15 años tuvo cáncer y pidió que le amputaran la pierna: hoy juega al rugby y estudia terapia ocupacional

Benjamín “Dipy” Romano tiene 18 y en los últimos tres años su vida cambió en forma radical; logró terminar el colegio y ahora estudia para ayudar a personas con enfermedades graves.

No es fuerte quien nunca se cae, sino quien se cae y se vuelve a levantar”, con esa frase Benjamín “Dipy” Romano cierra una charla de más de media hora con LA NACION en la que su templanza y fortaleza parece la de una persona con varias décadas encima. Sin embargo, tiene apenas 18 años.

La vida de “Dipy”, jugador del club de rugby Universitario de Tucumán, cambió radicalmente a mediados de 2014 cuando, tras una lesión en la rodilla derecha, le detectaron un cáncer en la pierna izquierda que derivó en su pedido de amputación: “No quería sentir más ese dolor y quería seguir adelante”.

“Nunca dejé de ir al club. Fui en silla de ruedas, con muletas, con quimio. Es algo que me hacía bien a mí”, contó.

“Fue para la época del Mundial de Fútbol. Me golpeo la rodilla derecha y me ponen una férula para inmovilizarla y que se recupere más rápido. Ahí me empieza a doler la pierna izquierda. Me daban ibuprofeno, calmantes, pero llegó un momento en el que me dolía más la pierna izquierda que la derecha. Entonces, mi médico decide hacerme una tomografía y sale que tenía un tumor en la tibia que se llama osteosarcoma”, explicó Benjamín.

Ese tipo de cáncer suele afectar a los huesos largos del cuerpo y se encuentra entre los 10 más comunes en niños y adolescentes.

El primer gesto de apoyo de sus amigos

“Dipy” comenzó así a transitar un mundo desconocido junto a su familia: “Cuando arranqué la quimio en Tucumán tenía mucho miedo. No quería que se me caiga el pelo, era una persona que me preocupaba por mi imagen. Mis amigos del colegio, del barrio y del club se enteraron de eso y se pelaron todos así que no me quedó otra que pelarme yo también”.

“Llevaba de diez la quimio en Tucumán y, en el medio del tratamiento me iban a hacer la cirugía para sacar el hueso – la tibia – con el tumor y reemplazarlo por una prótesis. Cuando me hacen esa operación se me infecta la zona muy feo y sale que la quimio no estaba dando los resultados esperados. Me mandaron de urgencia a Buenos Aires para hacer otro tipo de quimio y ver cómo estaba la pierna”, recordó Benjamín sobre lo que sería el inicio de la etapa más dura de su tratamiento.

De esos meses en Tucumán , contó: “En ese momento de la infección estuve internado dos meses; no podía salir y sólo me podían ver mis papás – Juan y Patricia- y mi hermano mayor, Máximo. Solo salí cuando me llevaron en silla de ruedas hasta la ambulancia para luego ir al avión hasta Buenos Aires. En la puerta me estaban esperando todos mis amigos y aprovecharon para saludarme y darme fuerzas”.

 

El amargo recuerdo de Buenos Aires y el sentir que tocaba fondo

“Me acuerdo de que la quimio esa en Buenos Aires era mucho más fuerte. Fue en el Hospital Italiano . La pierna me dolía un montó, entonces me operaron, me abrieron otra vez y me pusieron un espaciador con antibióticos para que, cuando termine la quimio, pudieran poner la prótesis”, explicó “Dipy” sobre un proceso que se repetiría, al menos, cuatro veces más.

La estadía en la Ciudad significó que la familia se separara por la distancia: “En Buenos Aires estuve 10 meses, todo 2015 con mi papá y mi mamá. A veces podían venir mis hermanos. Pasamos las fiestas ahí y todo. Cada vez que mis amigos iban a la Costa pasaban por el hospital a saludarme y luego seguían”.

“Cuanto terminó la quimio estaba muy mal. Muy mal. No veía las horas de terminar. Estás viviendo, pero por dentro estás hecho mierda. Es un cuerpo vivo, sin alma. No tenía alma, la verdad”, dijo Benjamín con la voz entrecortada.

La primera vez que pensó en la amputación

“’Vamos a ver si podemos poner la prótesis’ me dijo el médico. Esa ya era la cuarta o quinta cirugía. Me intentan operar de nuevo para poner la prótesis para cumplir un capricho mío. Cuando el médico abre, se encuentra con algunas bacterias que lo hacen dudar si poner la prótesis o no”, relató el joven. “Toman muestras y se dan cuenta que no podían, entonces me colocan otro espaciador y ahí yo me vengo abajo, mal. Esa es la primera vez que le pido que me amputen la pierna. No quería seguir estando con algo que no sabíamos si iba a andar. Ellos me dicen que no, que era muy apresurado hacer eso. Que me vuelva a Tucumán y que más adelante íbamos a ver”, contó.

-¿Qué pasó por tu cabeza en ese momento?

“Son decisiones que uno toma no por abandonar o bajar los brazos. Sino para avanzar y pasar a otra etapa, en la cual, yo le iba a poner más ganas. Yo ya no podía más con el dolor. Me dolían las muelas de tanto fruncir”, contó Benjamín que, cuando tuvo que tomar esa decisión tenía apenas 16 años.

El contacto con sus amigos, su familia, su club y su tierra fueron la inyección anímica que “Dipy” necesitó para lo que vendría. “Estuve en Tucumán donde me levantaron mucho anímicamente y después volví a Buenos Aires. A mí ya no me ‘pegaba’ bien la piel porque no irrigaba de tanto que lo abrieron, así que la única solución era hacer un trasplante de piel de otra parte del cuerpo”, explicó. “Me ofrecían un año más de cirugías, esto fue en febrero de 2016. Ahí yo me asusto y les pregunto qué probabilidades había de que funcione. Mi meta era poder ir al viaje de egresados con mis compañeros en julio. Yo siempre seguí estudiando, incluso desde el hospital”, agregó el joven.

“Los médicos me dijeron que había un 50 por ciento de posibilidades de que la cirugía salga bien. Yo dije que no quería hacerlo, que quería vivir mi último año de secundario con mis amigos, que es algo que no me volverá a pasar nunca, que me quería ir a Bariloche. Y les dije: ‘Amputame que ya no quiero sufrir más’. El médico me entendió y a la semana me operaron”, contó el joven.

-¿Qué pasó por tu cabeza esa semana?

“Sabía que no había vuelta atrás. Pero no pensaba en lo malo. Pensaba en lo bueno, que había muy buenas prótesis ortopédicas y me puse a averiguar sobre eso. No miré el lado malo, sino el bueno porque la decisión ya estaba tomada. Había mucha gente con prótesis que llevaba una vida normal y eso era lo que yo quería. Además tenía muchos mensajes de aliento, de que me iban a apoyar siempre. La verdad, fue la mejor decisión que tomé en mi vida”.

Volver a vivir sin dolor y la filosofía del rugby

“Ya no tenía el dolor en la pierna. Sí el de la cirugía. Dejé de sentir dolor. Ahí arrancó otra etapa de mi vida: la de aprender a caminar de nuevo y al principio tuve muchas frustraciones porque yo pensé que me ponía la prótesis y empezaba a caminar de nuevo como siempre. No es así, es un largo trecho”, contó Benjamín que, desde junio del año pasado, tiene su pierna ortopédica.

Fuente: La Nación

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