Los guardias lo sacaron, pero Messi lo vio y lo rescató para cumplirle su sueño

Se llama Luciano, y esperó pacientemente la llegada de la selección argentina; al final, consiguió su trofeo.

Temblaba todavía y se secaba las lágrimas con la manga del buzo del Anglo School. El celular amarillo lo apretaba contra el estómago, ahí adentro estaba el tesoro. Luciano Viejo, 11 años, zurdo y fanático de Nacional, acababa de vivir el mejor momento de su vida. Nada de exageraciones, él repetía que habían sido los segundos más fascinantes que podía recordar. Había estado con Lionel Messi y una foto que ya empezaba a dar vueltas por el mundo lo certificaba.

Claro que había faltado al colegio y desde el mediodía estaba colgado de la valla que impedía acercarse al hotel Sheraton. Hasta que encontró la hendija y se lanzó con la determinación de Suárez cuando olfatea el gol. Messi había descendido del micro que trasladó a la selección desde el aeropuerto al centro de Montevideo y él ya estaba a menos de un metro, cuando un guardia de seguridad lo pescó de la cintura y lo sacó con los piecitos en el aire. Messi lo vio, Messi detuvo el tiempo. Y lo llamó. “¡Vení campeón, vení!” Hubo foto, abrazo y caricia en la cabeza.

¿Valió la espera y el susto? “No hay otro como Messi, es el número 1”, repetía Luciano con la voz entrecortada, el celular amarrado a su cuerpo y la mejor historia del mundo para contar mañana en el colegio. Porque prometió no faltar.

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