Aborto: duras críticas a la propuesta de una diputada de “criar embriones en incubadora” para darlos en adopción

Marcela Campagnoli propuso interrumpir el embarazo en la semana 20 o 21. Los expertos dicen que es inviable y antiético.

Desde que se supo que la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) será discutida en el Congreso, se escuchan propuestas de todo tipo. El senador de Cambiemos y ex ministro de Educación de la Nación, Esteban Bullrich, opinó que “el embrión es un argentino con derechos”, y propuso “discutir la adopción de embriones, es decir, cambiar toda la ley de adopción”. La diputada de Cambiemos, Marcela Campagnoli, abogada y profesora de historia, propuso que las mujeres que quieren interrumpir su embarazo no lo hagan hasta “la semana 20, 21”, y luego, “le podamos sacar ese niño de su vientre” para que “la ciencia” le “dé vida en una incubadora y hacemos una adopción pre natal”. Clarín consultó a diversos especialistas para que expliquen si las propuestas de estos legisladores son posibles, éticas y constitucionales.

“Esta señora habla de la semana 20, cuando la viabilidad, es decir, la sobrevida fuera del útero es cero, es imposible hasta al menos la semana 24 o 25, donde el feto pesa unos 600 gramos e incluso entonces la mortalidad es alta, alrededor del 50%. Recién después de la semana 28 el pronóstico es bueno”, explica a ClarínMario Sebastiani, obstetra y miembro del Tribunal de Honor de la Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Buenos Aires (Sogiba).

“Esos bebés que deben ir a la incubadora, cuantas menos semanas de desarrollo, más altas probabilidades de tener graves problemas neurológicos, parálisis cerebral, déficit intelectual, sordera, ceguera… Sólo si hay problemas se le realiza a una mujer una cesárea por debajo de la semana 38, sería antiético hacerlo antes. No se puede condenar a nadie a ser un prematuro por elección. El bebé debe llegar a término, no se lo puede sacar a medio camino, sería una locura. Como tampoco se puede forzar a una mujer a que continúe su embarazo hasta una semana determinada para sacárselo y meterlo en una encubadora, es tremendamente violento y contrario para la mujer”, asegura Sebastiani. Y dice más: “Neonatología no es un lugar donde se mandan los bebés para que estén ahí como si fuera un hotel”.

El Proyecto de IVE dice que “en ejercicio del derecho humano a la salud, toda mujer tiene derecho a decidir voluntariamente la interrupción de su embarazo durante las primeras catorce semanas del proceso gestacional”. La decisión de establecer la semana 14 sigue los modelos regulatorios de los países europeos y los Estados Unidos, que tienen aborto legal desde hace décadas. “Holanda incluso lo permite hasta la semana 24, pero no con la idea de sacar el feto vivo”, explica Marisa Herrera, abogada e investigadora del Conicet.

Herrera también habla de las propuestas de adopción: “Es ficticio que si se promociona la adopción bajen los abortos, son dos cosas que no se pueden mezclar, son decisiones distintas”, dice, y habla de Francia, donde existe la práctica del “accouchement sous X”, algo así como la posibilidad de tener un parto anónimo: “Que exista esta práctica no ha bajado la cantidad de abortos”. Cada año en Francia cerca de 600 mujeres paren a sus bebés sin que quede registro de su identidad, pero esta práctica ha sido ampliamente criticada por lo marginal y porque es contraria al derecho a la identidad de cualquier persona.

La abogada recuerda el fallo del 28 de noviembre de 2012 -ratificado en febrero de 2016- de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que sostiene que “un embrión no es persona”. Y más cerca, cita al Código Penal argentino: “Una mujer que aborta puede tener una pena de 1 a 4 años, mientras que el homicidio tiene una pena de 8 a 25 años, es decir, el Código le da un status distinto a un embrión que a una persona”. Y recuerda que hoy en Argentina el descarte de embriones “no es delito”.

Gustavo Martínez es embriólogo. También es presidente del Comité Científico de la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (Samer) y director de la Región Cono Sur de la Red Latinoamericana de Medicina Reproductiva (Lara). “Un embrión no es considerado persona porque no está definido como tal. No puede haber adopción de embriones porque no son personas. Un embrión es un conjunto de células que va ganando competencias. Si los embriones fueran personas deberíamos prohibir ya la vitrificación y la embriodonación tal y como se realizan en el país desde hace años”, dice a Clarín.

“Sólo el 20 por ciento de las concepciones termina en embarazo, o sólo uno de cada cinco embriones puede generar un embarazo. Porque estaba mal, porque no se implanta… Y tenemos los embriones que dan gemelos, ese embrión da dos personas…”.

Martínez cita una encuesta que se hizo el año pasado en Samer a 57 centros de fertilización del país. Contestaron 46, el 80 por ciento. Entre todos suman 126 termos con embriones congelados, lo que significan exactamente 54.432 embriones. Y 21.684 están congelados desde antes de 2007: “De esos, el 70 por ciento son inviables. De los posteriores a 2007 son inviables el 50 por ciento”.

El especialista también dice que por un decreto de 2015 del Ministerio de Salud, todos esos embriones congelados son responsabilidad de cada centro, es decir, los pacientes que los han dejado ya no pueden decidir libremente sobre ellos, aunque sí deban pagar su mantenimiento. unos 5.000 pesos al año. “Se está mezclando todo, y mal. Un embrión congelado no es un embrión en un útero, un embrión no es persona, no pueden ser donados como personas -concluye Martínez-. Y sacar un feto en la semana 20 para mandarlo a una incubadora es una locura total”.

Fuente: Clarín

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