Las historias del vendedor de frutas más conocido de San Juan

Carlos es un personaje particular de la calle sanjuanina. Siempre de buen humor, algo descarado y con dos bolsas en cada mano. Empezó a trabajar de chico y no ha parado.

Foto exclusiva de Mara Belzagui para DIARIO MÓVIL

 

Se llama Carlos Antonio Torés, pero seguro es más reconocido por su look, mitad de cowboy y mitad de boxeador. Es un luchador, un buscavidas que encontró su lugar en el mundo vendiendo fruta. Lleva ya 35 años en la tarea que le da unos mangos y le acomodó el caracter, cerca de algún semáforo aliado.

“Tengo 15 años”, bromea para DIARIO MÓVIL. “No, de verdad tengo 60 pero no se me notan porque hago de todas clases de gimnasia: pelota, fútbol, artes marciales, pesas, bicicleta”, contó. “Me he retirado un poco porque se me desgarró un muslo pero ya me lo arreglaron”, dice como si nada.

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Entró al negocio de la venta ambulante de fruta hace 35 años. Y no ha parado un solo día. “Era chofer de Socasa, trabajé un tiempo ahí, después en un taxi. Pero no me gustaba mucho el volante y andar en el despelote de la ciudad. Siempre ha sido lío manejar en San Juan. Y un amigo mío me dijo que ganaría plata con la fruta y es cierto. Un compadre me traía del norte la cantidad que quisiera y empecé a vender en Del Bono y Libertador, después Urquiza y Libertador. Me fui a la Paula Sarmiento porque es más tranquilo para estacionar la camioneta y tengo negocios ahí si quiero gaseosa fresca o farmacia. Pero volví a la Urquiza porque allá rompieron para arreglar Central. Y al sacar el semáforo me sacaron el socio”, contó con humor.

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“Con la gente me llevo muy bien, la gente es un espectáculo. Los quiero mucho. Yo antes era de muy mal carácter. Si me miraban mucho, capaz los agarraba a trompadas. Pero al rozarme con más gente, hasta algunos medios sinvergüenza, nos terminamos haciendo chistes. Y nos fuimos conociendo como si ellos fueran mi familia. Vivo con ellos: a la mañana, a la tarde y cuando ando trotando los veo también”.

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“Tengo miles de anécdotas. Y ellos hablan tantas huevadas que nos hacemos reír. Me han hecho regalos de vino fino o cajas de Navidad para las fiestas. Hasta ropa me han regalado”, contó mientras saludaba a los que pasaban y al reconocerlo le dan un bocinazo afectuoso. “Llévate algo para que le des a tu señora!” Les grita Carlos con la fruta en alto.

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Carlos ha viajado por el país como camionero. Dice que el sanjuanino es buena gente como en el norte. Pero al sur es otra cosa. Y finalmente en San Juan fue donde echó raíces. Tiene 3 hijos. El mayor anda en un taxi que a veces lo maneja Carlos, si hace falta. Dice que trabaja de domingo a domingo, desde chico. Se nota que no le sobra nada, pero tiene un gran tesoro: sus nietos.

El año pasado casi pierde uno porque se le reventó la apéndice. “Había algunos médicos muy positivos y otros negativos que casi hacen que se me vaya el nieto de 8 años de mi lado”, contó. “Ya está fuera de peligro está haciendo fútbol de nuevo y yo lo llevaba a boxeo porque me gusta que hagan algo. Cada vez que lo veo pasar adelante mío..”  Y ahí corta el relato porque se le atragantó la emoción. Al rato, respira y completa. “Lo veo y agradezco. Por una mala praxis, no lo querían operar y al hacerle la ecografía vieron que estaba todo tomado. Pero otros médicos del Cimyn, que no me acuerdo el nombre, lo atendieron y lo sacaron adelante”.

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Ojo que Carlos no ofrece fruta a todos. Se guía por la intuición, por los años de trabajo y por la cara del cliente. ” Es como en la lotería: ves los números y le ponés” asegura.

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Dice que nunca ha estado desocupado, “Hay que salir a buscar, más en estos momentos difíciles. Yo no estoy de acuerdo con esta presidencia y gobernación. Dicen que estamos mejor. Ni mierda! Vayan a Divisadero, Cienaguita y hablen con la gente que labura como yo, como este muchacho, en el parral, en los tractores…No hay que matar a la gallina de los huevos de oro” opinó.

Capaz seguiría hablando de política pero ha cambiado el semáforo y vuelve a empezar. “Hola mi viejo querido” le dice Carlos a un conductor y le acerca la bolsita.

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