El sanjuanino que viaja desde Ushuaia hasta Alaska arriba de su moto

Viajar, conocer ciudades, culturas y personas a lo largo del mundo pareciera ser un escenario tentador para cualquiera. Si a esto se le añade una motocicleta encierra un aura de aventura e independencia que no muchos se adentran a experimentar. No obstante, un sanjuanino se encaminó en esta empresa y decidió dar un vuelco trascendental en su vida. Se trata de José Moll Portillo, un joven de 29 años oriundo del departamento Chimbas, que se encuentra viajando en su moto. Partió en moto desde Ushuaia y sigue hacia Alaska.


José comenzó su viaje el 22 de enero del 2017 y su primer destino fue Ushuaia. La idea inicial fue recorrer en su moto ‘La Poderosas’, una Yamaha XTZ 250, primero la Argentina y luego el resto de América. “Mi primer destino Ushuaia, la verdad no sé por qué  pero iba a dirigirme desde San Juan. Pero decidí irme hacia el sur, hacia el frío, hacia todo lo contrario de lo que estaba acostumbrado. Sabía que la mayor parte de lo que soñaba recorrer estaba hacia el norte donde quedaban todos los países que quería conocer. Quizás mi rumbo fue hacia el sur para darme una oportunidad de adaptarme a como sería está nueva vida que elegí, y que sólo con vivir la experiencia iba a poder explicar. Quizás también tener la posibilidad de al comenzar a dirigirme al norte y volver a ver a mi familia, creo que fue eso, probarme a mí mismo si en verdad podía, y si me gustaba vivir así un par de meses y ver a mis queridos para ya si, tomar fuerzas y decir adiós”, cuenta José Moll en una entrevista para DIARIO MÓVIL desde Costa Rica.

Viajó en moto primero hasta Bariloche, pero su idea era ir más lejos. Para ello tuvo que programarse un plan de ruta y de viaje en sí mismos. De esta manera con pocos ahorros en el bolsillo, algunas mudas, herramientas, una olla, abrigo, su  carpa y demás elementos que entraba en sus maletas y sin saber qué le esperaba partió con su viaje. “Yo me haría de comer, dormirá al costado del camino, a orillas de un río o en alguna gasolinera, no debía gastar más que en lo indispensable”, expresa el joven.

Con el transcurrir del tiempo su aventura se convirtió más que un viaje, en un nuevo estilo de vida hasta llegó a Ushuaia. Después de que en varias ocasiones dudo y quiso regresar. Las inclemencias del tiempo, la soledad, o el miedo hicieron que por más de una noche en su carpa llorara y se repreguntara que es que estaba haciendo. Sin embargo, los meses fueron testigo de su aprendizaje, estaba más tranquilo consigo mismo y entendía que su viaje se convirtió en un motor de un cambio en su vida.

“Lo pasado era un aprendizaje que aún no termina pero que creció en mí. El equipaje de mis maletas cada vez era menor pues entendía que me podía arreglar de otras maneras y no necesitaba tantas cosas. El dinero siempre fue lo preocupante pero la necesidad me llevo a buscar las maneras de generarlo en viaje. Mis prioridades son las mismas pero eso no quita que de vez en cuando me dé el gusto de tomarme una cerveza bien helada o comer una rica pizza con mucho queso”. 

Hasta el momento, nunca volvió a San Juan, aunque el contacto con su familia y amigos es permanente. “Avancé ya no más con miedo sino con ansias de descubrir nuevos lugares, personas, sabores, costumbres, olores y demás. Hay miles de anécdotas por contar y cientos de amigos en el camino, pasos aparentemente gigantes que ya me separan de mi hogar, pasos que se hicieron de a poco con paciencia día a día, pero sin perder el espíritu aventurero”, reflexiona José.

Hasta ahora el sanjuanino aventurero ha recorrido 8 países de América. Además de Argentina, pasó por Chile, Bolívar, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, y Costa Rica donde actualmente se encuentra. “Esto no fue casualidad, llevo un año y casi tres meses de viaje sin volver a casa y con un poco más de 45000 kilómetros recorridos y se vienen muchos lugares más por delante”, dice José.

“Mi sueño creció, paso a paso y sin ponerme un punto final avance y al llegar hasta donde creía que terminaba decidí seguir. Hoy estoy en Centroamérica y mirar el mapa ya no me da vértigo. Me da alegría, esto sigue y ronda en mí el deseo de llegar hasta donde el camino termine. Hoy no quiero que un obstáculo detenga mi andar, si yo veo que el camino sigue estoy condenado a intentarlo, y cuando llegue a su fin, será entonces cuando estaré satisfecho y mirare hacia atrás sabiendo que otra nueva aventura comienza”, concluye José Moll Portillo.

 

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