Pienso, luego tuiteo

El «mal uso» de las redes sociales trae conflictos que ponen en jaque la reputación social de una persona o institución. Políticos, famosos y empresas en la web luego de mentiras, excesos, «fakes» y ataques de arrogancia tuvieron que pedir disculpas o cerrar la cuenta.

Precaución. Antes de "desbocarse", es mejor pensar qué publicaremos.
Precaución. Antes de «desbocarse», es mejor pensar qué publicaremos.

Fuente: Infobae

Ellos no mueren por la boca sino a través de los 140 caracteres que escriben. A esta altura del estatus cibernético al que llegó el mundo y la vida cotidiana de la mayoría de los habitantes de este planeta tierra, un tuit equivocado por su contenido, forma, tiempo y lugar puede destruir la reputación, carrera y relaciones de una persona, institución o producto en menos de «140 segundos».

Y a esta acción, la podemos denominar con el neologismo twittericidio, para englobar mentiras, injurias, exhibicionismo, ataques de arrogancia y hasta «hackeos» involuntarios que dan cuenta de un uso inapropiado y no ético de las redes sociales.

¿Se puede volver de un tuit desafortunado por impreciso, falto de veracidad, en el tono y contenido? Sí, se puede, pero cuesta. Y dependerá mucho de la reputación social del personaje o institución en cuestión; para lograr el correcto o merecido reconocimiento público del error.

«En las redes como en todos los niveles y comunicaciones de la vida tiene básicamente que funcionar el sentido ético de las personas. Twitter y las redes sociales en general vuelven públicas a todas las voces, por lo tanto el sentido ético para el uso de estas herramientas tecnológicas impone chequear la información, ser sincero y veraz  y la no intromisión en los asuntos íntimos de las personas.

¡Mi receta mediática para las redes es ¡ética a rajatabla!», explica la licenciada Silvia Ramírez Gelbes, doctora en Linguística de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y Directora de la Licenciatura en Comunicación de la Universidad de San Andrés. Es que la amplificación y la capacidad de comunicación e interactividad global que inauguran las redes sociales establecen a su vez responsabilidades y códigos de época éticos que sirven para delimitar a los mentirosos, exhibicionistas y aquellos que utilizan las herramientas tecnológicas con saña o mala fe.

Destruir o poner en jaque la reputación de alguien o algo en las redes sociales no empezó en el ámbito de la política, o el espectáculo; comenzó primero en el ámbito de las empresas.  En los primeros tiempos, algunas empresas abrieron la administración de sus redes sociales con  liviandad y tal vez subestimando su potencial. Hasta que comenzó un fenómeno, en lo que muchos usuarios disconformes con tal o cual marca empezaron a escribir negativamente, muchas veces con mentiras sin filtro en Facebook, Twitter y otras redes. Comentarios maliciosos sobre tal o cual marca que obviamente luego impactaron en las ganancias y reputación de los productos, muchas veces con información errónea y mentirosa.

«En la actualidad eso mismo pasa en todos los ámbitos. Pero lo paradójico y tal vez más interesante es que al mismo tiempo los usuarios de las redes -«la gente»- desarrolló un saber que le permite separar «la paja del trigo», una competencia propia como usuario, agrega la licenciada Ramírez Gelbes. «Es decir que por más que en las redes destruyan a alguien o algo a base de mentiras, las personas lo detectan y saben darle la justa medida a la información».

Repasemos algunos twittericidios célebres y paradigmáticos. Seguramente hay muchos más pero sirvan estos como disparadores. El twitter del músico argentino Andrés Calamaro nunca fue calmo. Calamaro lo usa asiduamente provocando interés y malestar. Tal vez por eso eligió el nombre «Barks…» ya que en inglés «bark» quiere decir «ladrar». En la tarde del miércoles 5/07/2012 el cantante envió un tuit que levantó mucha polémica: @Barksdale666 escribió: «No es un grato recuerdo, pero hace ya bastante años… en un altercado callejero… pues le quité la vida a un yonqui en Madrid», relatando un incidente que vivió con un adicto a las drogas duras.

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