El Gobierno va contra los sindicatos antes del paro

El Poder Ejecutivo intentará cerrar la mayor cantidad de negociaciones antes de la huelga del próximo jueves. Su objetivo es que la discusión docente adquiera el carácter de testigo para un año de paritarias continuas.

En la mira. El 10 de abril será el paro general convocado por la CGT.
En la mira. El 10 de abril será el paro general convocado por la CGT.

Fuente: Infobae

Los más diversos ingredientes, sabores insólitos, con diferentes texturas… Podría tratarse de una carta de tragos largos, pero no; es la interna sindical que por estos días se agita en una gran coctelera donde se mezclan en iguales medidas la marcha de las paritarias, sordas especulaciones políticas, conflictos sectoriales  y el paro general de actividades de 24 horas convocado para el jueves próximo por el sector de Moyano y Barrionuevo.

El Gobierno busca arribar al día de la primera huelga en su contra con la mayor cantidad de acuerdos salariales cerrados, por entender que así vacía de argumentos al sindicalismo opositor. La resolución del contencioso con los docentes llevó tranquilidad a la plana mayor de la administración K, que rechazaba la sola idea de llegar al paro con  aulas vacías y maestros alborotados. Con todo, hay provincias donde siguen sin saldar la cuestión pesos.

En cualquier caso, el Gobierno se ha valido del resultado final de la paritaria docente para asignarle el carácter de negociación testigo para el sector estatal. Ahora el número mágico para la doctora Kirchner y sus espadachines sería cualquier incremento que no supere, en ningún caso, un 30 por ciento pagadero en tramos. Esa es la realidad que ahora enfrentan trabajadores bonaerenses enrolados en ATE, empleados judiciales y médicos de hospitales públicos; hoy en pleno plan de lucha porque les han ofrecido una suma bastante inferior.

Pero está visto que hay vocación para que el casi 30 por ciento se haga extensivo también al sector privado, por los menos entre los gremios amigos del oficialismo. Los metalúrgicos de Antonio Caló y los trabajadores constructores de Gerardo Martínez vienen de firmar como buenos alumnos sendos acuerdos casi calcados: con el pago de porcentajes acumulativos, más algunas sumas fijas, arañaron un 30 por ciento. Los mecánicos de Ricardo Pignanelli, duchos en negociar por etapas, habrían redondeado un 35 por ciento. Una mejora similar habría conseguido para los empleados de estaciones de servicio su jefe Carlos Acuña, el más barrionuevista de todos.

También estarían al caer los acuerdos de los empleados de Comercio y el de los trabajadores de la Sanidad. Jefes de estos dos grandes gremios de servicio, Armando Cavalieri y Carlos West Ocampo, viejos compañeros de ruta, pondrán sus firmas a un hipotético entendimiento si éste les reportara un 30 por ciento para sus bases. El gastronómico Luis Barrionuevo mantiene lo que dijo a Infobae el mes pasado: reclama un 42 por ciento para compensar la parte del aumento conseguido el año pasado, que la inflación deglutió.

Después hay una larga lista de gremios que pactaron sumas fijas por los meses de marzo, abril y mayo. Son organizaciones que vista la inestabilidad de la economía prefieren esperar a que promedie el año para ver si las variables se han acomodaron y cómo. Esta nómina la integran los cuatro gremios ferroviarios, los trabajadores del calzado, colectiveros, petroleros y bancarios, entre otros. De modo que, contra la corriente, 2014 será el año de  la paritaria continua.

El discurso que empleó el Gobierno la semana pasada para tratar de contrarrestar el paro que se viene duró un suspiro. Capitanich, quizás mal asesorado, había salido a conjeturar que los medios de transporte eran servicios esenciales, algo no contemplado en la legislación argentina. La nueva posición del kirchnerismo es que la huelga responde a fines políticos y que detrás de ella estaría la figura inconfundible de Sergio Massa.

Tocado, Massa se despegó de la huelga, al decir que no iba a colaborar con quienes en enero lo llamaron «cagón» por no haber asistido al debut de la entente Moyano-Barrionuevo en Mar del Plata. «La verdad, no me parece que a Sergio le convenga jugar con un sector determinado del sindicalismo», expresó a este medio un dirigente sindical de la CGT de Caló, con autoridad para hablar de política y separar la paja del trigo.

Como sea, a Massa le importan y mucho los movimientos en el tablero sindical. Alienta un proyecto para elevar a 19 mil pesos el mínimo no imponible del impuesto a las Ganancias. No hay una de las cinco centrales que esté en desacuerdo con una iniciativa que reduzca el «impuesto al trabajo». Sean oficialistas u opositores, a ningún dirigente le cierra correr toda la cancha para conseguir mejoras a las que después Ganancias les pasa un rastrillo cruel.

Siempre con voluntad para desdecirse, Capitanich ahora aseguró que el asunto podía ser estudiado. Pero volviendo a la veta sindical del massismo, el ex intendente de Tigre pidió a los gremialistas que lo rodean que pongan manos a la obra para presentar a fin de mes una «mesa sindical» del Frente Renovador, con representantes de las tres centrales peronistas, que inspiren «a la unidad del movimiento obrero». ¿Bendecirá Massa, además, una eventual precandidatura del impredecible Facundo Moyano como intendente de Mar de Plata?

«El paro es porque este Gobierno no atiende ninguna de las demandas de los trabajadores. No tiene ningún derecho Randazzo a decir la mentira que dijo. Lo que está buscando es que los trabajadores se vuelvan contra los trabajadores», dijo a Infobae Omar Maturano, líder de la Fraternidad, algo desbordado por la furia contra el ministro del Interior y de Transporte, que en una entrevista había señalado que los conductores de locomotoras ganaban «22 mil pesos». La relación entre ambos, se entenderá, es pésima.

Maturano vino a ser en los últimos tiempos algo así como la figurita difícil del álbum. Moyano y Barrionuevo lo presentan como un trofeo arrebatado a la CGT oficial, alguien llamado a jugar un papel clave en el comportamiento que tenga el transporte para el éxito del paro general. «A mí nadie me lleva de las narices…», aclaró.

«Calculo que vamos a tener una adhesión casi total, del 85 al 90 por ciento -ponderó-. Pero queremos un paro sin manifestaciones en la calle, sin piquetes, sin cortes de calle. No vamos a interrumpir el derecho a trabajar de nadie». Eso es lo que se acordó básicamente en una reunión que mantuvieron los gremios del transporte que van al paro, al que adhirió la CTA combativa de Pablo Micheli. Esta expresión del sindicalismo tendrá hoy y mañana un congreso nacional.

También hay acuerdo entre los díscolos para nuevas medidas de fuerza si el Gobierno no da señales de un aumento de emergencia para jubilados o si continúa desoyendo las demandas para devolver los 22 mil millones de pesos que le adeuda al sistema de obras sociales. ¿Atenderá en cambio el reclamo del sindicalismo fiel para ocupar las dos sillas que Moyano dejó vacías en el Consejo Nacional del PJ?

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