La Presidenta cuestionó la marcha del 18-F: «A ellos les dejamos el silencio»

Después de la cadena nacional y frente a la militancia que colmó los patios de la Casa Rosada, criticó la convocatoria de los Fiscales el miércoles próximo para reclamar por la muerte de Nisman.

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Les dijo que necesitaba verlos y sentirlos. Los patios internos de la Casa Rosada estaban colmados. Les pidió estar fuertes, unidos y tranquilos. Habló de ellos y nosotros. Fue recién sobre el final, ya cuando nadie se lo esperaba, que eligió despedirse con su frase más fuerte: «Nosotros nos quedamos con el amor. A ellos? a ellos les dejamos el silencio».

Así respondió Cristina Kirchner a la Marcha del Silencio, que el próximo miércoles llegará hasta la Plaza de Mayo para reclamar por la muerte del fiscal Alberto Nisman.

Después de los cambios de estrategia en el discurso oficial, que arrancó con críticas al grupo de fiscales que realizaron la convocatoria y pasó después a la oposición, que se plegó a la manifestación, la propia Presidenta explicitó su pensamiento en la previa de una concentración que esta semana fue el eje de la discusión política local.

Nada de eso entró en la cadena nacional con la que Cristina hizo anuncios destinados al área de educación en un acto rodeada de militancia, que una vez más llenó la Casa Rosada. Todo había estado planificado para sobrevolar la crisis que le provocó al Gobierno la misteriosa e inexplicable muerte del fiscal.

Con la intención de maniobrar ante un escenario adverso, la Presidenta se concentró en los anuncios de gestión, defendió los acuerdos que firmó en China y criticó a los empresarios que los rechazaron (ver aparte). Leyó de los diarios las buenas noticias que durante su semana de ausencia habían salido publicadas y resaltó el desendeudamiento externo, que ubicó a la Argentina en un lugar destacado en el mundo. Ninguna palabra en sus 50 minutos de discurso hacía presagiar el final.

Apenas terminó, caminó a paso lento, ya sin la bota ortopédica, hasta la Galería de los Patriotas, que rebalsaba de militantes. «Nosotros vamos a seguir pregonando la unidad de todos los argentinos. Nosotros somos el amor por la patria. El amor por el otro. No odiemos. El odio termina enfermando las cabezas, las almas y los corazones», les pidió.

«Tenemos que estar todos muy tranquilos, atentos, unidos y con la cabeza muy abierta. Hemos pasado por muchas. He pasado como Presidenta por muchas y tengo toda la fortaleza del mundo para poder seguir trabajando.» Entonces, todos la escuchaban mechando los tradicionales cantos con algunas letras nuevas. «Quieren que nos enojemos. No nos vamos a enojar -siguió la mandataria-. El odio, el agravio, la infamia y la calumnia se la dejamos a ellos.»

El griterío era ensordecedor. Desde los patios laterales, donde se ubicó el resto de la militancia a la espera de verla, la seguían desde una pantalla. Había anunciado minutos antes que sólo hablaría una vez ante la molestia que todavía tenía en su tobillo izquierdo. Lanzó un «Viva la Patria» que, como si hubiese estado planificado, fue respondido con el mismo grito desde el interior de la Casa Rosada. Lo repitió. «Viva la Patria. Y a ellos? a ellos les dejamos el silencio. Siempre les gustó el silencio. O porque no tienen nada que decir o porque no pueden decir lo que piensan.»

En medio de las críticas que la Marcha del Silencio, como la llamaron sus organizadores, despertó en el Gobierno, la Presidenta tampoco se resistió a opinar y lejos de lo que pregonaba el secretario general de la Presidencia, Aníbal Fernández, sobre que llegó incluso a decir que a la manifestación podrían ir tranquilamente representantes del kirchnerismo, Cristina Kirchner eligió partir el escenario en dos. «Ellos odian. El amor es nuestro», redobló la apuesta. Y se despidió.

Durante la cadena nacional, la única referencia al caso Nisman había estado marcada por rechazar la intervención de Estados Unidos en la investigación. «No vamos a aceptar ningún [Spruille] Braden. No somos un país de cuarta ni una república bananera para que vengan a darnos consejos», descargó, en alusión a la posible colaboración del FBI para esclarecer la muerte del fiscal.

En esa línea, la Presidenta exclamó que la Argentina «no es el patio trasero de nadie; éste es un país soberano, con unidad nacional». Y advirtió: «Nos quieren en un corral, pero la Argentina no es un corral de nadie, nadie le pone cerco a la Argentina, van a venir a invertir todos los que quieran».

El resto de su mensaje estuvo marcado por el escenario electoral. Cristina optó por reclamarles a todos los candidatos que declaren sus gastos, sus modos de vida y sus bienes.

«Estamos viviendo un simulacro de transparencia, una ficción», les enrostró. Pero el destinatario de sus críticas no estaba del otro lado del televisor, donde parecía apuntar. «A nosotros nos denuncian por lo que declaramos. De algunos no conocemos nada de sus declaraciones juradas», disparó.

El dardo le cabía sólo al gobernador bonaerense, Daniel Scioli, que desde que asumió el cargo en la provincia de Buenos Aires, en 2007, dejó de hacer pública su presentación de bienes. Sentado a sólo diez pasos de Cristina, el mandatario la escuchaba sin inmutarse. El resto de los postulantes presidenciales, por su condición de diputados o ministros, tienen la obligación de dar cuenta de sus patrimonios.

En clave electoral, el guiño presidencial esta vez fue para Florencio Randazzo, que desde una teleconferencia había vuelto a descargar su bronca por haber sido uno de los denunciados por los fondos buitre, que anteayer cuestionaron su crecimiento patrimonial. «Te tenés que sentir honrado, Florencio, porque te atacan los enemigos de tu país. Es una cucarda; un honor», le dedicó y por primera vez lo trató como candidato presidencial. «Si fueras un buen candidato para ellos ahí estaríamos en un problema.»

Fuente: La Nación.

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