Tras la carta de Leuco, el Papa lo llamó

Primero el periodista escribió una «carta abierta al Papa». Ahora el religioso argentino se comunicó con Alfredo para agradecerle sus palabras. 


 

Alfredo Leuco

La semana pasada, al conocerse la noticia de que el papa Francisco recibiría a Cristina Kirchner por quinta vez y en plena campaña electoral, el periodista Alfredo Leuco decidió publicar una carta abierta en la que cuestionaba el encuentro. La carta tuvo muchísima repercusión, sobre todo en las redes sociales en las que se convirtió en trending topic, y el periodista recibió duras críticas del kirchnerismo.

Cuando la noticia llegó hasta Roma, donde el papa Francisco se enteró de los cuestionamientos que le hacían en el país, decidió comunicarse telefónicamente con Leuco. El periodista reprodujo la conversación con el Papa en su programa de Radio Mitre.

«El sábado yo estaba celebrando mi cumpleaños con seis de mis mejores amigos y sus parejas en la ciudad de San Pedro. A las 11.23 me llegó un primer WhatsApp de monseñor Guillermo Karcher. Pensé que era una broma. Pero cuando me fijé el número de origen, era del Vaticano», empezó el relato Leuco.

Luego, se enteró de que se comunicaban con él porque el Papa lo quería llamar: «Me decía que el Papa había leído mi carta y que le mandara mi correo electrónico. Me dijo que el Papa me iba a escribir después de proclamar el año santo. Me tuve que pellizcar varias veces para comprobar que no estaba soñando. Me llenó de felicidad cuando Karcher me dijo: «El Papa te recuerda y te saluda».

«A las 14.08 casi me muero de alegría, me llegó un mensajito que decía: «Atendé, te está llamando el Papa». No tengo buena señal, le dije. Y Karcher me contestó algo insólito que voy a compartir con todos ustedes: «Te dejó un mensaje». Fui al contestador y con mi corazón temblando de emoción escuché el mensaje», agregó Leuco.

Papa Francisco

Alrededor de las 15.00, Francisco volvió a llamar y esta vez sí se pudo comunicar con el periodista: «Me habló de la ‘entereza moral de mi carta’ y casi me desmayo. Me hizo un par de comentarios reservados sobre la manera en que fue usado políticamente y la bronca que eso le había dado. También me hizo una precisión informativa, pero me aseguró que ese dato no ponía ni quitaba nada a la ‘estatura humana’ de mi carta. ¿Se dan cuenta de lo que estoy diciendo?», explicó incrédulo en periodista.

Por las fuertes críticas que recibió en las redes sociales, Leuco le pidió la Papa si le podía mandar un mail: «Le comenté a Francisco que me estaban masacrando en las redes sociales y le pregunté si podía hacer pública su respuesta. Me dijo que no tenía problemas y que me iba a enviar un mail personal para que nadie dudara de que esto era cierto. Yo me seguía pellizcando mientras mis lágrimas empezaban a buscar la salida. Se despidió con algo realmente celestial » Ojalá tenga una buena fiesta de cumpleaños y no se olvide de rezar por mí». Me dio vergüenza. Sentí pudor y no me atreví a decirle que yo no sabía rezar».

El mail decía lo siguiente: «Estimado Sr. Leuco: Recibí su carta del pasado 9 (Carta abierta al Papa Francisco) y le agradezco de corazón que la haya escrito. El tono sereno manifiesta la voluntad de comunicarse frontalmente y las disidencias se dicen con paz, fluidamente. No hay allí una sola agresión o alguna expresión altisonante. Y esta actitud edifica, une, es constructiva. Gracias, muchas gracias! Me permito una confidencia. Al concluir la lectura de su carta me vino a la mente una de las Bienaventuranzas: «Felices los mansos, porque recibirán la tierra en herencia» (Mt 5, 4). La mansedumbre, esa actitud tan ligada a la paciencia, a la escucha, a la ponderación y que -a veces- en el imaginario colectivo se la confunde con pusilanimidad. Pero no es así: en realidad es la virtud de los fuertes. Nuevamente, gracias. Y, por favor, le pido que no se olvide de rezar por mí. Que Dios lo bendiga. Fraternalmente, Francisco».

Leuco finalizó agradeciendo a Francisco el reconocimiento: «Esta es mi mayor medalla. Me la cuelgo con humildad pero también con un orgullo que me justifica. Gracias, Papa Celeste y Blanco de los pobres. Le hago una promesa: le voy a pedir a un par de rabinos amigos que me enseñen a rezar. Es lo menos que puedo hacer en agradecimiento».

 

Fuente: La Nación.-

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