Messi alcanzó los 50 goles con la camiseta de la selección

Con un penal llegó el medio centenar con la camiseta argentina y está a cuatro del récord de Batistuta; como en Chile, anoche volvió a ser el mejor y buscó más el arco.lionel-messi-argentina-copa-america_zrpaolwsqi8h1muc4eqlcbebp

Gira, cambia de ritmo, pasa entre tres, se olvida por un rato de las leyes de la física y vuelve a encarar. Cada movimiento sella aún más la comunión con el público cordobés. Todo es ovación. Y hasta hay algo de reverencia. Lionel Messi lo hizo de nuevo: el coleccionista de récords marcó un tanto en el triunfo ante Bolivia y alcanzó los 50 goles con la camiseta de la selección. En el camino a transformarse en el máximo goleador de la historia sólo le queda Gabriel Batistuta, con 54. El penal, para el 2-0, fue en el mismo arco que el ex delantero de Reconquista alcanzó idéntica cifra, el 13 de octubre de 1999, ante Colombia.

Sus goles obligan a un permanente revisionismo estadístico. Le sucedió en Barcelona, en la Liga de España, en la Liga de Campeones y hasta con su marca de gritos anuales. Siempre obligó a recontar. Y siempre superó los viejos números, corregidos o no. Por eso, esta vez no podía ser la excepción: Batistuta anotó 56 goles, aunque tiene dos tantos no homologados por ser ante un combinado «B» de Eslovaquia, en junio de 1995. Sean 56 o 54, en el aire está firme la sensación de que la única incógnita pasa por saber cuándo llegará el 57 del Nº 10.

Mientras, agiganta su leyenda en un 2016 que se presenta más voraz que el inolvidable 2012, cuando alcanzó los 91 festejos para quebrar el récord de 86 que pertenecía a Gerd Müller. En lo que va de 2016, el capitán del seleccionado encadena 25 goles en 22 encuentros, una marca superior a los 22 festejos que lucía a esta misma altura en 2012.

De buen rendimiento ante Chile, donde se erigió como figura, pese a no tener el arco entre ceja y ceja, brilló ante una débil Bolivia y mostró lo mejor de su repertorio. Si en Santiago había sido importante sin haber pateado al arco, anoche buscó que su influencia se notara también con los remates: lo hizo en ocho oportunidades (cuatro desde dentro del área y cuatro desde fuera), de los cuales cuatro fueron a la valla defendida por Lampe.

En su regreso tras las ausencias en las primeras cuatro fechas, su presencia puso orden en un equipo que rescató los seis puntos de la serie, en la antesala de la Copa América. En el Kempes, encaró camisetas verdes como si fuesen conos y devolvió el afecto de Córdoba en dos pagos que fueron valorados. Primero, en forma de selfies y autógrafos, tras pisar suelo cordobés. Después, con una actuación muy distinguida. Fue elegante y feroz. A sus pincelazos le sumó la búsqueda constante del área rival. «Conseguimos los seis puntos, era lo que queríamos en unas eliminatorias en las que venimos de menor a mayor», dijo antes de meterse en los vestuarios. Después le tocó el control antidoping, un trámite que se demoró porque no había llevado el documento. Sólo ante la burocracia es uno más.

A la par de las 50 celebraciones albicelestes, Messi quedó a un paso de ingresar en el selecto club de los 500. Suma 499 en 627 partidos entre Barcelona y la selección. En esa nómina sólo habita un argentino, el eterno Alfredo Di Stéfano, con 512. El checo Josef Bican es el mayor goleador de la historia con 805 goles. Le siguen Romario (772), Pelé (767), Ferenc Puskas (746), Gerd Müller (735), Ferenc Deák (576), Uwe Seeler (575), Ernst Willimovski (554) y Eusebio (552). Messi los persigue, en silencio, sin obsesiones. Convencido de que nada es imposible. Consciente de que sólo es cuestión de tiempo.

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