El Hospital de Niños superó su récord de trasplantes renales

La Unidad de Trasplante Renal del Hospital de Niños Sor María Ludovica logró intervenir en 2018 a trece niños y adolescentes con insuficiencia renal que estaban en lista de espera para recibir un riñón

Cuando faltaban apenas unos días para alcanzar la mayoría de edad y ya no pudiera seguir atendiéndose allí, el sábado pasado Yolán pudo finalmente recibir un riñón. Fueron larguísimos años en diálisis del Hospital de Niños. Y más allá de representar el comienzo de una nueva vida, su trasplante marcó un récord histórico para ese centro, el primero y único de la provincia de Buenos Aires que realiza implantes renales a menores de edad.

Contra un promedio de ocho intervenciones anuales, la Unidad de Trasplante Renal del
Hospital de Niños Sor María Ludovica logró intervenir en 2018 a trece niños y adolescentes con insuficiencia renal que estaban en lista de espera para recibir un riñón. De esta forma, este año se convirtió en el de mayor producción para este equipo pionero que lleva realizados 98 trasplantes pediátricos desde su creación en 2002, según informó el diario El Día.

Si bien ya a mitad de año el número de trasplantes renales realizados en el Ludovica
hacía prever que éste podría ser un año récord, los integrantes de la Unidad de Transplante no descartan que también haya contribuido la vigencia de la Ley Justina. La Unidad de  Trasplante del Ludovica atiende alrededor de 500 consultas por año de chicos con insuficiencia renal. En los pacientes pediátricos, esta enfermedad terminal puede ocurrir por anomalías genéticas del árbol urinario, quísticas o bien como consecuencia de enfermedades adquiridas, entre las que se encuentra el Síndrome Urémico Hemolítico, más conocido como SUH.

Si bien los trasplantes renales constituyen intervenciones complejas sobre un número
reducido de pacientes, resultan imprescindibles para que aquellos que los necesitan no
sólo puedan vivir por más años sino que puedan hacerlo con mayor calidad.

Lo cierto es que en el 90% de los casos los trasplantes renales pediátricos resultan
exitosos: si se llevan los controles pertinentes, los chicos dejan de depender de diálisis y
pueden llevar su vida normal después de tres meses. La posibilidad de recibir un órgano “permite que puedan volver a la escuela, revincularse socialmente, hacer actividad física, jugar y recuperar la vida que todo niño merece”, señalan los integrantes del equipo profesional.

Fuente: La Nación

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