La joven sanjuanina que vive en una asentamiento y está a punto de recibir su título

La historia de Débora es una testimonio de esperanza y superación. 


Débora Orellano es una chica de 21 años que con mucho esfuerzo y sacrificio estudia la carrera de higiene y seguridad en un instituto privado. Ella vive en el asentamiento Pedro Echagüe, en el departamento Santa Lucía, desde que nació. Desde ese lugar con menos comodidades se levanta todos los días para trabajar, hacer tareas de la casa, y como si esto fuera poco llevar a la carrera al día.

Su mamá la abandonó cuando ella iba a 4° grado, y Débora prefiere no hablar de ella. Aunque la perdonó no tiene un vínculo con su progenitora. Desde ese tiempo su papá se convirtió en el pilar de la familia. “Mi papá lo es todo, todo se lo debo a él”, expresa la joven. A minutos de rendir una materia, Débora contó sin mayores problemas  que “es difícil vivir en un asentamiento, con necesidades, con menos recursos, pero yo siempre trabajé para poder salir adelante”.

Esta joven, de contextura pequeña y con mirada tranquila, ojos grandes y brillantes dijo que “el primer año de estudios me lo pagó mi papá, después quise trabajar porque quería sacarle ese peso a él”. Actualmente cursa el tercer año de la carrera, generalmente elegida más por varones, y le va muy bien. “He trabajado de empleada doméstica, y ese año fue muy pesado, ahora trabajo en el sector de la higiene y seguridad gracias a un profesor”.

Hace 3 años uno de los cambios que hubo en su vida, justo cuando inició la carrera, fue la fe y la religión. “Cuando conocí a Cristo, él me sacó los odios y resentimientos que cargaba porque eso me hacía mal a mí.  Perdoné y eso cambió mi vida”, dijo.

Débora es una chica estudiosa, no falta nunca a clases y rindió tres materias en tres días.  Su objetivo es avanzar y aseguró que “yo siempre quise progresar, no le echo la culpa a mis padres porque nací en un asentamiento, pero quiero salir de ahí”.

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