Caminó dos meses desde Venezuela para presenciar el parto de su hijo

Reinaldo se enteró de que Fabiola, su novia, estaba embarazada cuando ella llegó a la Argentina. Intentó conseguir la plata para viajar, pero entendió que con la crisis económica que atraviesa su país sería imposible. Entonces, decidió cruzar Latinoamérica a dedo para encontrarse con ella antes de que naciera el bebé.


Fabiola tiene fecha de parto para el 7 de marzo, pero la obstetra le aclaró que posiblemente Matías nazca antes. Ella se enteró de que estaba embarazada el 19 de julio, cuando llegó desde Venezuela a la Argentina escapando del hambre. El papá de su hijo, Reinaldo Perger no tenía la plata para viajar con ella en ese momento y el plan era que juntos pagaran su pasaje de avión, pero las cosas no salieron como esperaban. Cuando supieron que iban a ser padres, Reinaldo buscó la manera de llegar a Buenos Aires. Como no lograba juntar la plata, decidió empezar a caminar.

Eran más de 8000 kilómetros y sabía que tendría que caminar por lo menos dos meses y atravesar varios países para reunirse con su mujer. Reinaldo dejaba en Caracas -al cuidado de su mamá- a Santiago, su hijo de tres años, fruto de una relación anterior. La mamá de su hijo se había ido y ellos habían quedado solos. Por eso, cuando el joven de 23 años decidió venir a la Argentina, supo que debería trabajar muy duro para traer también a su mamá y a su primer hijo.

Reinaldo en uno de los camiones que lo llevaron durante el trayecto.
Reinaldo en uno de los camiones que lo llevaron durante el trayecto.

La historia de amor entre Fabiola y Reinaldo comenzó hace dos años, un 24 de diciembre. Ella soñaba con ser madre, pero los médicos le habían advertido que era poco probable que quedara embarazada porque tenía ovarios poliquísticos. En medio de la crisis socioeconómica de Venezuela, se enamoraron y la familia de la joven decidió venir a la Argentina. Ellos permanecieron juntos en la capital venezolana. Al tiempo de haberse establecido acá, los papás de Fabiola le mandaron el pasaje. Acordaron que ella llegaría primero, conseguiría trabajo y después se reunirían, en San Miguel, el lugar donde viven.

A los pocos días de su llegada, Fabiola supo que estaba embarazada de diez semanas. «Me tocó lastimosamente venirme, llegué acá el 19 de julio y empezó nuestra travesía por la distancia, porque no teníamos comunicación, cuando me tocó contarle que estaba embarazada estábamos felices pero a su vez tristes porque cada vez era más difícil que él viniera, en Venezuela él jamás iba a poder juntar el dinero para venir», explicó Fabiola a TN.com.ar.

Reinaldo emprendió el camino. La travesía implicaba cruzar Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia. Argentina parecía inalcanzable. Primero fue para Cúcuta, una ciudad colombiana en la frontera con Venezuela: «Estuve un mes y medio intentando conseguir trabajo y mientras tanto limpiaba camiones de carga. Me puse en contacto con un grupo de venezolanos que también querían migrar por la misma situación. Así empezó el recorrido hasta que llegué acá, la mayoría lo hice a dedo».

Reinaldo arrancó el viaje con un esguince que nunca se había curado.»Hubo momento en que caminé seis horas desde la madrugada. Una vez tomé el camino incorrecto. Una mujer se dio cuenta y me ofreció comida y agua porque me veía muy maltratado por el sol. Me ayudó a que un camionero me llevara de vuelta al lugar de donde había salido. Hubo momentos en que me quería volver, ya me daba por vencido».

Llegó a Perú y allí se encontró con un grupo de pescadores que le propuso trabajo en una embarcación para juntar dinero. «Ni siquiera sé nadar, pero me fui con ellos. Duré diez días en el mar sin comunicarme con nadie».

Fueron casi 15 días en que no supieron nada de Reinaldo. Un día, al bajarse del barco la llamó y Fabiola sintió el alivio de que estaba con vida. Con la plata que ganó, mandó para su hijo en Venezuela y se tuvo que comprar ropa porque la había perdido cuando un camión lo dejó varado en una estación de servicio.

Llegó a Arequipa en micro y de ahí siguió camino hasta Bolivia. “Se me partieron los labios del frío. Logré cruzar Bolivia y llegué a la Argentina. Tardé cinco días para llegar a Salta. Una señora, que conocía mi situación, me llevó a su casa, me dio comida y me compró el pasaje a Buenos Aires. Mi motor fue Dios y mi niño que viene en camino, mi otro hijo y Fabiola que me esperaba acá. Hacía cinco meses que no nos veíamos y cuando finalmente llegué a la terminal, me bajé de casualidad en esa parada porque quería ir al baño y ahí escuché mi nombre y la vi”.

Reinaldo recuerda que le dio muchos besos en la panza cuando bajó del micro. Había soñado durante dos meses con verla. “Le hablé por primera vez y me enteré de que la abuela le había puesto el nombre Matías y me encantó. Tenemos fecha para el 7 de marzo, pero la doctora nos dijo que el parto será posiblemente a mediados de febrero”.

Desde que llegó al país, Reinaldo tuvo muchas ofertas de trabajo pero aún no pudo conseguir un empleo fijo. “Por la crisis de Venezuela muchos han vendido todo y ahora hay muchos migrantes regados por toda Latinoamérica. En un refugio en Colombia, me dijeron que desde hace siete meses pasan más de 250 por día», explica el joven.

Fabiola se emociona al pensar que finalmente están juntos y que Matías nacerá en el país y aclara: «Nosotros no venimos a quitarles el trabajo a nadie, sino que buscamos una oportunidad. Cada venezolano trae una valija llena de sueños y esperanzas. A nosotros además, Dios nos dio la oportunidad de tener un hijo en Argentina”.

¿Qué opinas de esta nota?

Compartir