Sanjuanina vivió en la calle con sus hijos y hoy da de comer a 150 niños

Es Ivana, una sanjuanina muy amorosa y solidaria. Sueña con poder darles merienda y cena a sus hijos del corazón que se acercan por su casa en Chimbas.

Foto: Nicolás Mercado para DIARIO MÓVIL

La casa de Ivana, cercana al templo de San Cayetano en Chimbas, se llena de niños a eso de las 18. Hacen fila para que les pinten la carita, luego para una sopaipilla y el chocolate. Es una fiesta, haya mucho o poco. «Y  por ahí se quedan hasta las 12 de la noche, compartiendo lo que uno les da», cuenta Ivana a DIARIO MÓVIL.

Con lo que juntan, con lo que piden y les donan, junto a las mujeres de la Agrupación Guadalupe festejan cumpleaños, navidades, si pueden los llevan a algún cine gratuito. Son 150 chicos de la zona del Parque Industrial que encontraron allí un lugar para disfrutar la infancia y la inocencia.

Ivana Elizondo tiene 5 hijos biológicos y la pasó muy mal hasta que pudo armar su casita. «Nos ha golpeado mucho la vida, pero yo siempre para los Reyes a mis niños les hacía algo, aunque sea muñequitos cosidos a mano. Mis hijos se acuerdan y me dicen que parecían de El Exorcista porque se les daba vuelta la cabeza a los muñecos» recordó con humor. Ahora sus chicos tienen 22, 21, 19, 14 y 13 años. «Ellos me ayudan con esto. Uno cose, el otro da ideas, la otra hace bizcochuelos. Les he inculcado valores, el estar unidos, así no tengamos nada», afirmó.

«NOS PASÓ PEOR QUE A ESTOS NIÑOS, POR ESO NO QUEREMOS QUE LES FALTE NADA. YO ME QUEDÉ VIUDA A LOS 19 CON TRES BEBÉS, LA DE 19 TENÍA 6 MESES DE VIDA», RECORDÓ CON LOS OJOS LLENOS DE LÁGRIMAS.

No había Asignción Universal ni mucha ayuda en ese entonces. «Dormíamos en las plazas y les daba de comer lo que podía. Hubo uno que me quiso dar alojamiento a cambio de algo y le dije que no. Nunca dejé a mis hijos. Un día no tenía nada, era el 2001 y salí a pedir. Una señora me dio un puñado de azúcar, un saquito de té y un bollito. Corrí a la casita precaria que tenía en este fondo», señala Ivana hacia el patio donde ahora juegan a la calesita los más chiquitos. «Cuando llegué, con los niños juntamos leñita, para hacer fuego, hice una mamadera de té para cada uno y partí el pan para ellos. Nos mirábamos…No quiero que les pase a estos niños», reitera emocionada.

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