HÉROES: Médicos sacan adelante a bebés de 500 gramos

John F. Kennedy y Jackie tuvieron un hijo prematuro. En aquella época no había muchos avances y el bebé falleció. Pero la tragedia familiar del presidente de los EEUU cambió la atención a estos niños porque impulsó el desarrollo de la Neonatología. Tanto que en la actualidad salen adelante bebés de apenas 500 ó 600 gramos. El jefe de Pediatría del Hospital Quirónsalud Málaga, Manuel Baca, recuerda que el primer prematuro que ingresó en su UCI Neonatal pesaba 700 gramos. “Hoy tiene 10 años, es feliz en su cole y está perfecta”, cuenta.

Carlos Torres y Ana Jódar son padres de Ana, que nació por cesárea. “Es que mi placenta no la alimentaba y no ganaba peso”, explica la madre. Ahora está en una incubadora de la UCI Neonatal de este hospital. Es un útero de cristal en el que tendrá que permanecer unas tres semanas hasta alcanzar los dos kilos. Ana está llena de cables para controlar su respiración, la frecuencia cardiaca, la tensión y para alimentarla.

Pero la mayoría de estos sistemas de monitorización –a diferencia de los antiguos– no van pinchados sino que simplemente funcionan en contacto con la piel. Además de evitar los pinchazos a estos prematuros, el objetivo es reducir los procesos infecciosos. “La piel es como una funda que evita las infecciones. Esta monitorización transcutánea reduce una barbaridad el riesgo de infecciones”, explica Baca.

Por un catéter que no llega a un milímetro de diámetro, Ana recibe la alimentación intravenosa. Este diminuto conducto en realidad está compuesto de cuatro vías por las que se le administran nutrición y medicación. En la UCI la luz es tenue. Un aparato con forma de oreja mide los ruidos. Si se sobrepasa el nivel aconsejado, se pone en rojo. Pero allí reina el silencio. Los monitores que controlan las constantes vitales de los bebés tienen dibujos de jirafas para que los padres no vean aparatos fríos, sino un entorno agradable. “Intentamos construir un ambiente sin ruidos y fomentamos la lactancia materna. Es fundamental que la alimentación de los prematuros sea lo más parecida a la que recibían en la barriga de su mamá”, comenta el responsable de Pediatría.

En una esquina de la UCI hay una bomba de extracción para que las madres se saquen la leche para sus bebés. Para las que no tienen, la unidad dispone de un banco a fin de que su alimentación sea natural. La UCI cuenta con ocho incubadoras y dos módulos de aislamiento. Los progenitores pueden entrar para acompañar a sus hijos. “Intentamos que ayuden en el cuidado. El contacto continuado y afectivo con sus padres mejora el desarrollo de los niños”, indica Baca. La unidad promueve el método canguro, que es el contacto piel con piel del prematuro con sus padres. Un método que surgió en América Latina por la falta de recursos pero que, según comprobaron los sanitarios, mejoraba los resultados.

Mientras el responsable de Pediatría explica los equipos y el funcionamiento de la UCI, dos profesionales de la unidad limpian una incubadora. Baca añade que además de esta medida de higiene, luego este cubículo se autoesteriliza para perfeccionar la asepsia. Cada aparato incluye una mejora. Por ejemplo, la herramienta para medir la bilirrubina antes obligaba a dar un pinchazo al niño. Ahora es táctil.

Los avances en Neonatología benefician a un importante número de bebés ya que uno de cada 10 nacidos en Europa es prematuro. Estos son los que nacen antes de las 37 semanas o con menos de 2.500 gramos. Pero el mayor desafío para los especialistas son los grandes prematuros: bebés nacidos antes de la semana 28 y con menos de un kilo. Aunque a los padres siempre les agobia mucho el bajo peso, Baca aclara que “lo importante es la madurez de sus órganos”, sobre todo la pulmonar.

La prematuridad se ha incrementado en las últimas décadas, un crecimiento que se atribuye a las técnicas de reproducción asistida, el estrés y otros factores. Aseguran los especialistas que los prematuros de 32 a 37 semanas por lo general salen adelante sin secuelas. Y que en los grandes prematuros que nacen por debajo de las 28 semanas, éstas suelen ser transitorias. A la UCI Neonatal de este hospital privado llegan bebés de media Andalucía, Ceuta y Melilla. Unas veces en UVI móvil –unos 70 al año– y otras en un pequeño avión medicalizado –alrededor de medio centenar–.

“Con tantos avances tecnológicos, había valores que estábamos perdiendo”, según Baca. La permanencia de los padres en la UCI, la lactancia materna y el método canguro son algunas de las medidas para una humanización que además mejora los resultados. O, por ejemplo, la permanencia de los prematuros gemelares en la misma incubadora para que no se rompa el vínculo. Como conclusión, Baca resume: “Los padres vienen con mucho miedo y tenemos que esforzarnos por explicarles y tranquilizarlos. Luego se vuelcan porque se dan cuenta de que son importantes en la recuperación de su hijo”.

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