AMANCIO, el hombre que salva la vida de los ANIMALES con CÁNCER

Lo gritan los dueños de los animales enfermos ante el cierre, hoy, del único centro español con radioterapia para mascotas. En él se han curado hasta 1.200. Pero la máquina es muy cara y al ‘hospital’ de Córdoba no le salen las cuentas. Por eso piden al fundador de Zara que obre el milagro.

«Mi perro, Becker, tenía un tumor en la hipófisis inoperable. Iba casi muerto. La única opción era la radioterapia. Le dieron 11 sesiones y lo salvaron. Hoy está fenomenal. Yo he podido llegar a tiempo pero a partir de ahora, ¿qué hacemos, dejamos que nuestros animales se mueran?».

Habla la gallega Cristina Rodríguez Martínez. Ella es la voz de los afectados. Casi nadie lo sabe, pero hoy, después de cuatro años tratando a más de 1.600 pacientes tratados (el 80%, alrededor de 1.200, curados), cierra el único centro de radioterapia para el tratamiento de animales con cáncer que existe en España. Allí trataron al bulldog de Cristina. Por eso ella, a través de Change.org, ha lanzado un SOS con la esperanza de encontrar un benefactor que evite el cierre de este hospital para animales con cáncer, Ciovet (Centro Integral Oncológico Veterinario), enclavado en la localidad cordobesa de Cabra.

«¡Necesitamos con urgencia un Amancio Ortega [el multimillonario dueño de Zara que donó 400 aparatos contra el cáncer a hospitales públicos] para poder evitar la muerte de nuestras mascotas!», exclama Cristina. Su petición cuenta ya con más de 13.000 firmas en toda España.

Con la clausura del centro andaluz, quienes quieran curar a su perro, a su huróngato conejo tendrán que hacer las maletas y marcharse a Francia, Suiza, Reino Unido, Bélgica o EEUU. Vayan echando cuentas. Sólo la radio cuesta 3.800 euros, sin contar desplazamientos y alojamiento.

¿El problema? En España el único el acelerador lineal del que hasta hoy se disponía para tratar tumores malignos ha muerto, ha llegado al final de su vida útil. Y su dueño, la empresa australiana GenesisCare, propietaria del centro, no está dispuesto a resucitarlo. Reparar o sustituir la máquina obsoleta por una nueva supondría realizar un desembolso de entre 200.000 y 300.000 euros. El capital de esta empresa, que desembarcó en España hace dos años y ya cuenta con 22 clínicas para el tratamiento de humanos, está controlado por el fondo de inversiones China Resources. Su objetivo es llegar a facturar 45 millones de euros este año… Y las cuentas no les salen.

La otra realidad, la que no sabe de operaciones especulativasni ganancias, habla de que miles de mascotas morirán de un tumor cerebral, nasal o de piel porque ya no habrá tratamiento para ellas en nuestro país. No hace tanto -el 7 de junio- que el vigués David Rioboo regresó de Cabra con Gaudí, aquejado como Becker de un tumor cerebral inoperable. Y como Cristina, él también lamenta el cierre. Lo ve así: «La salud de los animales, como de las personas, se ha convertido en una mercancía, en un negocio en el que la vida importa mucho menos que la cuenta de resultados«. David es uno de los últimos españoles que ha podido llegar a tiempo de salvar a su perro con la radio del hoy fenecido centro de radioterapia. Estaba dispuesto a cualquier cosa con tal de salvar a su staffordshire inglés. «Él no se separó de mí mientras estuve enfermo. Me dio la vida. Se lo debía». Y sin pensárselo subió a Gaudí al coche y puso rumbo a Córdoba. Fueron 800 kilómetros en busca de la radioterapia salvadora. Un mes entero yendo y viniendo, 13 sesiones de radio, 13 anestesiasgenerales y un desembolso cercano a los 5.000 euros. Gaudí recibió el alta. «Quedó estupendo», se felicita David, que podrá celebrar el décimo aniversario de su mascota en septiembre.

Para la oncóloga veterinaria Ana Isabel Raya, especialista del centro, «la desaparición de este único acelerador lineal supone un retroceso y volvemos a quedarnos por detrás de otros países europeos en los que sí cuentan con esta opción de tratamiento». El más cercano, Micen Vet, está a las afueras de París. «Esto hará que sea inviable para un gran número de dueños de mascotas». Hasta la clínica parisina se desplazó Vero Redondo hace seis años, cuando todavía no existía Ciovet. «Era la única española allí», recuerda. Un tumor cerebral estaba matando a su bulldog. «Tuve que llevarlo en coche desde Villarreal (Castellón), él no podía viajar en avión«. Se gastó 6.000 euros pero Cody ganó nueve años de vida.

Aquí, en Córdoba, el tratamiento completo rondaba los 3.000 euros (consulta oncológica, anestesia general en cada sesión de radio, planificación del departamento de radiofísica…). Cantidad a la que había que sumar los gastos de alojamientotransportes manutención. Por término medio, salía todo por unos 7.000 euros, la mitad que en Francia. A Cristina, la dueña de Becker, la factura le ascendió a cerca de 10.000, incluidos el alquiler de un piso y los viajes en avión ida y vuelta a Galicia. Lo da por bien empleado. «Es cuestión de prioridades«.

Lo mismo piensa el policía nacional Miguel Ángel Molero. «No hemos tenido hijos pero somos tres», dice. El tercero, Tralee, una perrita cruce de bodeguero, apareció abandonada junto a un contenedor de basura en Vélez, Málaga. Miguel Ángel se enteró por la radio del coche patrulla. «Era un cachorro, lo cogí en brazos y ya no lo pude soltar». Tralee enfermó en la última Navidad. Cáncer en la mandíbula. La operaron. Luego, la radio. 11 sesiones. Se curó. «Bendita la hora y bendito el centro», dice Molero.

«Me quedé atónita al saber que desaparecía». Amelina Correa no sale del asombro. Allí también salvaron de un sarcoma a Hermes, su gato, al que encontró tras ser abandonado. «En España no se valora lo que tenemos», recalca la profesora de Literatura. Igualmente opina el canario Ivo Baeza. Su gata Margarita tenía un cáncer en la nariz. «Me dijeron que si había una posibilidad de salvarla tenía que ir a Ciovet». Y así fue. Tras 12 sesiones de radio, el felino ganó dos años más de vida. Falleció de vieja, con 16, en agosto del año pasado. «Fueron los años más felices de mi vida».

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