Otra UNIVERSIDAD busca permitir el LENGUAJE INCLUSIVO

La Universidad Nacional de Rosario ya reflexiona en sumarse a la iniciativa de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.

Esta semana la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) aprobó el uso del lenguaje inclusivo en las producciones de estudiantes de grado y posgrado. La medida no obliga sino que avala el uso de la “e”, la “x” u otras acepciones en textos escritos, trabajos finales, tesis de grado y posgrado. Surgió como respuesta a una demanda de estudiantes ante docentes o jurados que no siempre lo aceptaban.

En la Universidad Nacional de Rosario (UNR) el debate recorre las aulas pero aún no llegó a las reglas. En diálogo con El Ciudadano, Florencia Rovetto, futura responsable del Área de Género y Sexualidades de la UNR, celebró la medida tomada en la UBA y se comprometió a avanzar en la discusión en la gestión que asumirá este martes junto al rector electo Franco Bartolacci. “Se va a generar un espacio de reflexión con personas que vienen desarrollando conocimiento en distintas facultades. Y también con escritoras y escritores de la ciudad. Lo importante es avalar el uso voluntario y respaldar a estudiantes que ya lo utilizan. No buscamos que el lenguaje inclusivo sea una norma porque sería hacer lo que criticamos. No queremos hacer del lenguaje inclusivo una RAE (Real Academia Española)”, opinó.

Gestión a futuro

Rovetto es docente e investigadora de Conicet y viene de gestionar la Secretaría de Género y Sexualidades de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la UNR, un espacio que fue impulsor de los protocoles de violencia de género de toda la universidad. También forma parte del Núcleo de Género de la misma facultad y de distintos espacios de militancia feminista de la ciudad, como el colectivo Ni Una Menos. El martes asumirá como responsable de una de las nuevas áreas creadas con la nueva gestión.

Foto ilustrativa

Para ella, avalar el uso del lenguaje inclusivo en la universidad es una medida que protege y responde a una demanda. “Cada vez más estudiantes hablan, escriben y producen con el lenguaje inclusivo. Genera muchos debates que no están saldados, aún en los modos. No se trata de normativizar el uso sino de permitir que estudiantes que quieran usarlo en sus trabajos finales o sus tesinas de grado y de posgrado puedan hacerlo sin ser sancionados. No hay que obligar a nadie a escribir y producir de esa manera, pero quienes quieran hacerlo tendrán el respaldo institucional”, explicó.

Para Rovetto, más allá de las formas del lenguaje lo importante es visibilizar la participación y la producción de las mujeres y las identidades disidentes en las academias. “Tiene que ver con el lenguaje, pero también con la estructura de la sociedad y de la universidad en particular: los espacios de toma de decisión, cómo se llega a esos lugares, qué posibilidades tienen las mujeres y las disidencias de llegar a cargos. Son cuestiones que se ven en el lenguaje, pero que deben ser pensadas en sí”, contó.

En relación a la implementación en la UNR, Rovetto se comprometió a acompañar la discusión para generar un proyecto de consenso para todas las casas de estudio. Desde el Área de Género y Sexualidades convocarán a las facultades que vienen trabajando la temática, como Letras y Antropología. Sumarán a escritoras y escritores de la ciudad.

Para Rovetto, la discusión sobre el uso del lenguaje inclusivo está en una etapa transición. “Estamos en el medio de las transformaciones. En la universidad conviven distintas generaciones y distintas maneras de concebir la producción escrita, que siempre fue muy normada. Para ciertas personas es difícil leer en lenguaje inclusivo. Las nuevas generaciones están más acostumbradas a leer, escribir y comprenderlo. Hay que encontrar puntos en común para todos y todes. Si el lenguaje inclusivo quita claridad es algo que deberá ser trabajado también”, opinó.

Según ella, es importante avanzar en pensar de una manera que rompa con lo dicotómico y binario, que no siempre está determinado por una “e” o una “x”. “No se logra necesariamente sólo con lenguaje inclusivo. Se trata de buscar palabras que remitan a lo mismo sin habilitar el masculino de por sí. Por ejemplo, podemos hablar de ciudadanía en vez de ciudadanos. Lo ideal sería ir hacia el camino de pensar de una manera que no sea dicotómica. Requiere una praxis y un entrenamiento a desarrollar. Construir sintagmas que sean amplios y plurales necesita de mayor pensamiento y trabajo. Van a ser necesarios espacios de entrenamiento y de discusión”, agregó.

Por último, la investigadora reafirmó que el uso del lenguaje inclusivo tiene que ser voluntario y no una obligación. “Si vamos a crear normas para usar el lenguaje inclusivo estamos haciendo lo mismo que criticamos. No podemos normativizar. Tenemos que dejar de crear nuevas normas. Hay que dejar fluir y consensuar el uso voluntario manteniendo un piso de entendimiento”, dijo.

Avances

A partir de la resolución de la UBA, desde la Facultad de Psicología de la UNR formaron un grupo de profesionales para pensar en un proyecto que avance en permitir el uso del lenguaje inclusivo. Si bien todavía es una propuesta incipiente, la idea de la decana Soledad Cottone es presentarla al Consejo Directivo en octubre. Al igual que en Buenos Aires, buscarán que sea aceptado en trabajos finales y tesis de grado y posgrado. “La idea es aceptar la posibilidad. Notamos que las y los estudiantes lo tienen incorporado. Los docentes están en una etapa previa pero no son cerrados. Estamos dando las discusiones y queremos avanzar en estos meses para tener un proyecto de consenso”, explicó la decana a El Ciudadano.

Cottone agregó que también trabajará en la implementación de la Ley Micaela, que estableció que todos los poderes del Estado deben recibir capacitación en género. Otra de las propuestas de su gestión es avanzar en la currícula para incluir autores y autoras con perspectiva de género y los debates feministas en relación al psicoanálisis. “Hay mucha producción feminista desde el psicoanálisis, pero no tienen lugar en los planes de estudio. Es una deuda porque las nuevas discusiones producen nuevos movimientos”, dijo.

Fuente: El Ciudadano

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