Adoptó 7 hijos y trabaja como empleada doméstica para darles lo mejor

Días atrás, Victoria Lillia emocionó a todos al contar su historia en en programa de Santiago del Moro, donde ganó 180 mil pesos.


Victoria Lillia tenía siete años cuando llegó el primer golpe: una meningitis virósica provocó la muerte de su madre. Vivían juntas en Paraná, Entre Ríos. Tenían una linda relación. Victoria todavía guarda fotos con ella. Su preferida la tiene en un portarretratos sobre una cómoda en el living. Toda la sala está cubierta de fotos: sus hijos a distintas edades, ella a distintas edades, su ex marido junto a la familia.

Estamos en su casa de Derqui, en el partido de Pilar. En la planta baja está la sala, la cocina, y el único baño de la casa. Arriba, dos cuartos. Son las siete de la tarde de un viernes y en la mesa hay pastafrola. Alrededor de la mesa, Victoria reunió a cinco de sus siete hijos.

Después de mucho tiempo sin recordarla, Victoria cuenta su historia.

Luego de la muerte de su madre se fue a vivir a Santa Fe con su padre y la esposa. Al tiempo comenzaron los maltratos. Los vecinos escuchaban los gritos una vez tras otra. Empezó a correrse el rumor de que los chicos de esa casa no comían. Un día se lo preguntaron a ella, si comía, y dijo la verdad: «A veces sí, a veces no». Le propusieron un sistema de alertas: cada vez que no los alimentaran o los maltrataran, ella debería dejar un mensaje escrito en un papel escondido en uno de los ladrillos huecos del muro que separaba su patio del de la casa de al lado. Así, los vecinos fueron acumulando pruebas y finalmente hicieron la denuncia.

La asistente social llegó al poco tiempo. Ese mismo día, su padre fue detenido y ella y sus hermanas entraron al sistema de cuidado de menores del Estado.

Victoria tenía 12 años, era 1978. A partir de entonces, no vería a su padre durante muchos años. Y solo un verano mucho más adelante -ya adulta, ya madre de siete-, volvería a convivir con él unos meses, cuando su padre no estuvo en condiciones de hacerlo solo. Pero esa es otra historia.

Victoria y sus hijos en “¿Quién quiere ser millonario?” (Telefe)

Victoria y sus hijos en “¿Quién quiere ser millonario?” (Telefe)

Victoria entró primero en un Instituto de menores de la ciudad de Santa Fe. Allí se fue formando, mientras dormía en una habitación junto a otras 54 chicas. «Llegó un momento en que decía: ¿qué era mejor: esta vida o la otra? Porque era un convento, te levantaban a las cinco de la mañana a baldear todos los patios y a rezar, no había agua caliente… Ahí no tenías sueños o ilusiones», recuerda.

Sus abuelos, profesionales, de dinero, la fueron a ver solo una vez. «Era un día que en el hogar se celebraba algo que llamaban ‘el día del pobre’, y durante el almuerzo comíamos con la gente sin techo y nosotras les servíamos la comida… Ese mismo día, a la noche, fue la primera y la última vez que me visitaron mis abuelos. Me acuerdo que me llevaron a comer al mejor restaurante de toda Santa Fe. En un día había comido como la más pobre y como la más rica, así que desde entonces aprendí que uno puede estar arriba o abajo de un momento a otro», reflexiona ahora, desde el living de la casa donde vive conValentín, Hernán y Cristian, ya que sus hijas más grandes, de a poco, se fueron a vivir solas.

A los 16 años la trasladaron del Instituto de Santa Fe a uno en Buenos Aires, en la calle Núñez. Al tiempo comenzó a trabajar de niñera con una familia. Los veranos los pasaba en Punta del Este con ellos, nuevamente en un círculo acomodado. Pasaron los años. Creció y se casó con Alejandro, su ex marido, quien murió en 2018.

Un día, cuando Victoria tenía 26 años, Alejandro le dijo que quería adoptar. No podía tener hijos de manera biológica pero no quería privarse de ser padre. Victoria le respondió inmediatamente que sí. «Por mi historia, yo siempre había tenido la idea de adoptar», cuenta.

“Por mi historia yo siempre había tenido la idea de adoptar”, confiesa Victoria (Thomas Khazki)

“Por mi historia yo siempre había tenido la idea de adoptar”, confiesa Victoria (Thomas Khazki)

Al poco tiempo, luego de hacer los trámites correspondientes, Antonella llegó a su vida. Tenía unos pocos días. Fue la primera hija de un matrimonio feliz y en buena posición económica. El juez que se las entregó fue -por azar- el mismo que juzgó la separación de Victoria de su marido.

Un tiempo después, todo cambiaría nuevamente. Antonella tenía siete años y empezó a pedir un hermanito. Entonces, se enteraron de la existencia de Cristian, un nene de Misiones de 5 años que estaba internado con un problema respiratorio y un cuadro de epilepsia. El hospital no podía tenerlo más y le estaban buscando una familia.

No lo dudaron: hicieron los papeles, prepararon todo, y viajaron a Misiones a buscarlo. No volverían solos con él: allí se enteraron de que tenía un hermanito menor, Valentín, de siete meses, que tampoco tenía una familia. Lo adoptaron. De un día para otro, pasaron de ser una familia de 3 integrantes a ser una de 5.

«Cuando volvía con ellos, en el avión me agarró un pequeño ataque de pánico. Me habían dicho que Cristian podía convulsivar, que si pasaba eso tenía que ponerle una inyección… Y en el avión me empecé a sentir mal. Valentín se puso a llorar, Cristian se puso a llorar, Anto se puso a llorar… Y yo dije: ‘¡qué estoy haciendo de mi vida!’. Y la miré a Antonella y pensé que le estaba arruinando la vida… Y le dije: ‘Vamos a cuidar a Cris y hacerle todas las operaciones que necesite, pero no necesariamente tiene que ser tu hermanito…’. Y me miró y me dijo: ‘¿Vos estás loca? Cristian ya es mi hermanito'», cuenta emocionada.

No se volvieron a preguntar algo semejante. Llegaron y pasaron mucho tiempo en el Hospital Garrahan, donde le hicieron nueve intervenciones quirúrgicas a Cristian.Luego se enteraron de que además tenía un retraso madurativo. Era octubre del año 1999. La familia se armó sólida y unida, pero al poco tiempo volvió a cambiar.

Nunca me gustó a mí que mis hijos fueran responsables de su hermano. Somos una familia y estamos para todos, pero la carga de tener que cuidarlo nunca quise que caiga sobre ellos”, cuenta

Se enteraron de que Cris y Valentín tenían cuatro hermanos más: Mario (hoy 28), Soledad (27), Marlene (24) y Hernán (22). Estaban todos juntos con una familia sustituta en Misiones.

«¿Qué hacemos?», se preguntaron. La primera opción era trabajar para que no perdieran el vínculo: visitarlos allá, traerlos acá de visita a ellos. Que fueran hermanos en dos familias distintas. La otra opción era la radical: que todos estuvieran juntos.

«Yo no iba a traer a chicos a que pasaran un tiempo con pileta, parque… porque en ese momento vivíamos en una quinta con todo eso, darles todo eso , darles amor, darles familia completa y después mandarlos a su casa… No. Yo no les iba a dar un caramelo para después sacárselo. Y lo charlamos y decidimos adoptarlos a todos. Mientras tanto, desde el momento en que Antonella se enteró de que había cuatro hermanitos más me taladró la cabeza para que los fuera a buscar. Así que Cris y Valentín llegaron en octubre acá y en julio del otro año comenzaron los trámites para adoptarlos a todos, que llegaron a fines de ese mismo año», recuerda Victoria.

Comenzó entonces sí la vida de una madre de siete. Sus hijos tenían entre 1 y 9 años. Había días en que Victoria hacía más de 100 kilómetros a bordo de su auto (una camioneta Volvo, por entonces), para llevarlos y buscarlos por los distintos colegios, todos en la zona de Pilar, donde vivían. Hoy ya no tiene el Volvo sino un Ford Fiesta chiquito del año ’97 que acaba de salir del mecánico. Ya no vive en la casa quinta. Ya no tiene que desdoblarse para cuidar y atender a los siete, pero sí para Cris, que requiere cuidados permanentes, y para sus nietos: Antonella es madre de Bautista -de 7 años-, y Mario de Isabela -de 5 meses-.

Durante toda la infancia de los chicos casi no pudo trabajar. Tuvo un negocio de ropa poco tiempo, una dietética, trabajó en los restaurantes de su ex (de quien se separó en el 2010), y como agente de seguridad en el Hospital Pediátrico Falcón. Sin embargo, no podía dejar demasiado tiempo solo a Cris. «Nunca me gustó a mí que mis hijos fueran responsables de su hermano. Somos una familia y estamos para todos, pero la carga de tener que cuidarlo nunca quise que caiga sobre ellos. Sí podían compartir los cuartos. Hemos tenido momentos en que los 7 tenían su habitación privada cada uno, y épocas en que había un cuarto de mujeres y otro de varones», dice.

Hoy en día trabaja limpiando casas, pero como tiene lupus no puede esforzarse demasiado. “Mis hijos me ayudan”, dice

Hoy en día trabaja limpiando casas, pero como tiene lupus no puede esforzarse demasiado. “Mis hijos me ayudan”, dice

Finalmente, ya con los chicos más grandes, empezó a trabajar limpiando casas.»A mi edad no había mucho para hacer. No tengo la experiencia que se necesita hoy, porque hay que saber de computadoras y qué sé yo… Entonces pensé: hago limpieza, que podía ir en mi auto y era fácil. Pero la verdad es que el cuerpo no me da porque tengo lupus, una enfermedad autoinmune que hace que me duela todo. Por eso no me alcanza, la casa la alquilamos gracias a sueldo de Valentín y Hernán. Yo gano solo seis mil pesos por mes y se me va todo en los medicamentos de Cristian. Y aquella quinta que teníamos no terminamos de pagarla porque cayó mi ex económicamente y se perdió todo».

Fue esta realidad la que la inclinó a aceptar la idea de su hija Antonella, que la anotó en ¿Quién quiere ser millonario? Fue a una entrevista un martes y grabó su participación un miércoles. Dos días después, salió al aire su participación. Ganó 180 mil pesos con los que piensa pagar varios meses de alquiler y conseguir medicamentos para su hijo (Leviterazetam de 1000mg, cada caja que utiliza sale casi 5 mil pesos, y usa una cada 15 días).

Cuando termina de contar su historia, sus hijos se paran frente a la cámara deInfobae y la definen: es una guerrera, es la mejor mamá del mundo, es un ejemplo, es muy alegre, con ella nunca te aburrís.

Ella adoptó a Cristian sabiendo que tenía problemas físicos y neurológicos. “Son siete hijos únicos”, se emociona (Thomas Khazki)

Ella adoptó a Cristian sabiendo que tenía problemas físicos y neurológicos. “Son siete hijos únicos”, se emociona (Thomas Khazki)

Las palabras brotan de las bocas de sus hijas e hijos con naturalidad y amor. Marlene recuerda un viaje que hicieron juntas y se emociona. «La tuve un tiempito sola para mi», dice. Valentín se saca su gorra, por respeto, y dice que para él es lo más grande que hay, que no hay cosa que no haría por ella.

Victoria se emociona. «Son siete hijos únicos», dice entre risas. Siete hijos únicos para una madre única.

-¿Alguna vez te arrepentiste, aunque sea por un segundo?

-Nunca. Aquella vez en el avión tuve pánico, sí, tuve miedo. Pero arrepentirme no. Nunca me arrepentiría de mis hijos.

Fuente: Infobae.

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