Tiene Síndrome de Down, nadie quería adoptarlo, pero a ellos les LLENÓ la VIDA de FELICIDAD

Gabriel y Silvana se casaron en 2003 y soñaban con ser papás. Hicieron tratamientos de fertilización, pero no funcionaron. En 2014 les otorgaron la guarda del nene al que semanas después le diagnosticaron una leucemia. Siete años después de haber superado la enfermedad, cuentan cómo el amor les cambió la vida.


Fueron días de mucha angustia, ellos recién lo conocían a Ian y llegaban cada día a horario para acompañarlo mientras atravesaba el tratamiento.»El diagnóstico fue leucemia y pesaba dos kilos. Era llegar al lugar, meter las manos en la incubadora, agarrarlo para que sintiera que estábamos con él y ahí lo atendían. El dolor que sentía era el mismo que si lo hubiera llevado nueve meses en la panza», recuerda la mamá

Mientras tanto, les otorgaron la guarda provisoria. En julio, después de dos meses finalmente Ian conoció su casa. En 2014 les dieron la adopción plena y en octubre de ese año ya tenía el apellido de ellos.

Todo de a poco empezó a salir como lo habían soñado. «La decisión de adoptar un hijo con síndrome de Down, fue algo que hicimos de corazón. Nosotros vimos al bebé que necesitaba amor, nunca pensamos en la patología ni en lo que vendría después. Cuando llegamos a casa, empezó la aventura. Fue saliendo adelante, cada vez más, hasta que llegó el momento de llevarlo al jardín. Decidí quedarme en casa dos años y después, retomé mi trabajo y él empezó el jardín».

Ian tuvo una muy buena experiencia en la primera salita a la que fue y hace tres años va a un jardín a tres cuadras de la casa. «Conocimos a un grupo de personas excelentes que nos ayudó con su escolaridad. Este año pasó a sala de cinco. Su maestra especial lo acompaña y es un desafío día a día. Él habla muy poco y hace un año y medio que dejó los pañales, pero nada fue imposible. Cuando le cuento la historia a las mamás se emocionan, pero la responsabilidad que tomé es la misma que hubiera asumido con cualquier otro chico. Luchamos para que salga adelante, todos los días es una fiesta porque es todos los días un logro y lo festejamos».

El amor multiplicado

Para los papás de Ian la ecuación es clara: «Él nos da más de lo que nosotros esperábamos. Cuando decidimos la adopción de un nene con discapacidad no pensamos en nada. Su entrega es infinita y como cualquier chico tiene sus cosas, pero es un nene dulce, bueno. Nosotros ya nos olvidamos de todo lo que pasó antes. Vivimos el día a día con él y lo disfrutamos los tres. No hay manera de comparar lo que él nos da a nosotros».

«La decisión de adoptar tiene que salir del corazón, tenés que tener ganas de que ese ser llegue a tu vida y recibirlo. Hay muchos chicos con discapacidad que quieren y merecen ser adoptados. No es fácil, a veces es desgastante pero es totalmente fructífero. Los chicos están esperando una familia y necesitan ese amor para poder crecer felices».

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