Emilio Ruiz Rodríguez, el maestro que se convirtió en un ÁNGEL para chicos con síndrome de Down

El psicólogo educativo español llegó a la Argentina para «cambiar la mirada sobre el síndrome de Down»


«Un aula inclusiva es aquella en la que todos tienen cabida y en la que el maestro tiene soluciones para todos». De esta manera define el psicólogo educativo español Emilio Ruiz Rodríguez las características de una escuela en el siglo 21, con la obligación de recibir y atender a poblaciones heterogéneas de niños.

Ruiz es especialista en pedagogía terapéutica, asesor psicopedagógico de la Fundación Síndrome de Down de Cantabria y coordinador del área de educación y psicología del Canal Down21 de la Fundación Iberoamericana Down21.

El reconocido terapeuta participó, días atrás en Córdoba, de las jornadas «Claves para la adaptación y la inclusión educativa: cambiar la mirada sobre el síndrome de Down», organizadas por la Fundación Empate y Down is up Córdoba.

«Acá me encuentro con una realidad desconocida para mí. Las madres me cuentan sobre las dificultades que tienen para encontrar una escuela para sus hijos con síndrome de Down. En España, desde hace muchísimos años, cuando un niño con síndrome de Down quiere ir a una escuela lo admiten de manera natural, sin preguntar, y en la más cercana a su domicilio», explica Ruiz, sorprendido por el atraso de la Argentina en relación a la integración escolar de niños con discapacidad intelectual.

–¿Qué estrategias debe utilizar una maestra cuando ingresa un niño con discapacidad al aula? Aquí, muchas veces se argumenta falta de capacitación o de herramientas.

–Cuando llega un niño al aula, para el maestro que lo recibe es una novedad. Siempre aparecen esos argumentos: «no estoy preparado» y «no tengo tiempo para atenderles». Yo utilizo los mismos contraargumentos. «El tiempo que dispones es el del aula». El tema de no tener tiempo es que piensan que hay que atenderlo individualmente, dedicarle un tiempo en exclusiva a ese niño y ese tiempo restarlo a los demás. Eso no es real. Tienes que atender a toda la clase porque los niños tienen necesidades educativas distintas, unas especiales y otras no (…) Una estrategia es el trabajo cooperativo que abarca a todos y no tienes que hacer nada distinto para el niño con síndrome de Down. Y con respecto al «no estoy capacitado», es verdad que el profesorado no está capacitado, pero hay una responsabilidad profesional. Es como cuando un médico dice «yo opero de cataratas con bisturí», aunque ahora se opera con rayos laser, y dice «no estoy capacitado», pues tiene que capacitarse. Si la escuela actual es una escuela que se abre a la inclusión, una escuela inclusiva para todo tipo de alumnado, tú, como profesional, tienes el deber de capacitarte. En otra época, era muy difícil, ahora entras a internet y tienes ingente información sobre síndrome de Down (…) No puedes estar 20 años diciendo «no estoy capacitado». Una escuela inclusiva requiere capacitación permanente.

Emilio Ruiz Rodríguez. "La formación de los niños es integral". (Javier Ferreyra)

–¿Qué otras estrategias se pueden usar, además del trabajo cooperativo?

–Por ejemplo, los chicos con síndrome de Down aprenden mejor a través de la imagen, todo lo visual. ¿Por qué no comienzas la clase con un esquema en forma de gráfico? Si trabajas sobre el cuerpo humano, un gráfico sobre el cuerpo humano. Es una medida que sirve para todos los del aula. Los niños con síndrome de Down requieren explicaciones cortas. Si les das una clase con una explicación muy larga se van a perder. Das una explicación que no dure más de cinco minutos, posteriormente utilizas trabajo en pequeños grupos, trabajo individualizado, pequeña explicación. Hay muchas medidas que no requieren que hagas algo distinto para el niño con síndrome de Down sino que hagas cosas que, valiendo para él, son útiles para todos. Parto del principio de flexibilidad. Más que todos lo mismo de la misma manera, puedes ir armando estrategias de carácter general que sirvan para todos. Otra estrategia es la tutorización entre iguales, que se apoyen de dos en dos. El niño que se haga responsable del niño con síndrome de Down, lo tutoriza durante 15 días. Sale beneficiado el niño con síndrome de Down y sale beneficiado el compañero porque el que más aprende es el que enseña. Esas estrategias no requieren ni de apoyos externos ni de profesores integradores, solo requiere que tu cambies la forma de dar clase teniendo en la mente a todos, incluso al que tiene más dificultades.

–¿Cual es una verdadera aula inclusiva?

–Una aula verdaderamente inclusiva es la que produce un apoyo inicial, una especie de andamiaje. Es decir, poner los andamios para sostener. Es un sistema de apoyo momentáneo para que convivan en el aula y, luego, se va retirando. El apoyo natural son los compañeros y el maestro de aula. El tutor (así llaman en España al encargado del aula) es capaz de dar respuesta a todos, inclusive al niño con síndrome de Down, a quien tiene que darle una medida distinta de los demás. Pero dentro de los demás, es uno más (…) Un aula verdaderamente inclusiva será una en la que el maestro tiene suficientes estrategias, ideas o herramientas para dar respuesta a todos. Todos son distintos, siempre hay uno que tiene necesidades educativas (…) Un aula inclusiva es en la que todos tienen cabida y el maestro tiene soluciones para todos.

–¿Qué escuela es la mejor para un niño con discapacidad intelectual?

–Aquella que muestre una actitud favorable, la que diga que está dispuesta a cambiar para acoger al niño (…) Tiene que ser un centro inclusivo que tiene ganas de recibir a ese niño. Eso se ve si hablas con el equipo directivo, tiene que tener una respuesta inclusiva. Preguntar «qué vais a hacer, qué ideas tenéis, cómo pensáis abordar». Acá están un poco más atrás porque no hay muchos centros para escoger.

–¿Cuánto ayuda la educación emocional a estos niños?

–Yo la defiendo a capa y espada porque la formación de los niños es integral. Hay que abarcar lo cognitivo, pero también lo emocional. No son solo cerebros caminando, sino cerebros con corazones que conviven juntos. La educación emocional es fundamental (…) La escuela está acostumbrada a usar lo racional, que es el punto débil de los niños con síndrome de Down. Pero una fortaleza que tienen es la empatía, la capacidad para llegar a los demás, la sintonía emotiva, pero no se aborda en la escuela. Si a todos los niños les va bien con la educación emocional, a ellos aún más porque tienen un punto fuerte en ese campo.

Fuente: La Voz del Interior

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