Afirma que la Difunta Correa salvó MILAGROSAMENTE a sus hijos y pide su beatificación

Es la historia de una madre sanjuanina que le pidió a otra por la salud de sus tres hijos prematuros. Subió las escalinatas con los niños en brazos tras cumplirse los milagros. Hoy tienen 24, 23 y 17 años.


Adriana Iturrieta es una de las tantas fieles de la Difunta Correa que contó su historia en el marco de la recopilación que realizaron los guionistas de la Fiesta del Sol 2018. Su experiencia encaja perfecto en el leit motiv “Amor de madre”.

Su devoción comenzó casi por casualidad, al quedar internada en el Sanatorio Rawson, hoy CIMYN, tras una cesárea de emergencia. Su primer hijo Leonardo, que tanto había buscado, nació con 6 meses y medio y pesaba apenas 1.5 kilos. “Estuve internada yo un mes por la cirugía y Leonardo en incubadora un mes. Pero al segundo día fui a verlo subiendo las escaleras. Me retaron las enfermeras porque caminaba con la cesárea”, recordó. “Eran otras épocas y no había tecnología. Recortábamos los pañales para que le anduviera y lo mismo con la ropita. Me acuerdo que me lavé las manos y entro a verlo, abro las puertitas de la incubadora y me dio impresión al tacto. Era como una ratita”, se acordó. “Y ahí el médico me dijo que no iba a vivir”.

Adriana volvió a su habitación, que compartía con otra paciente y allí fue que la acompañante de esa mamá le sugirió que le pidiera a la Difunta Correa. Eso sí, le advirtió que era cobradora. “Y le pedí como hago ahora siempre. Le prendo una velita a la estampita y ahí prometí que cuando saliera del sanatorio iba a subir con mi hijo”.

Al recibir el alta, al mes, los flamantes mamá y bebé cumplieron esa primera promesa. “Iba fajada y mi suegra me había hecho un buzo para ir más cómoda y me ofreció unas rodilleras de goma espuma. Pero no, el sacrificio vale la piel. Me acompañó mi mamá desde el inicio de las escaleras y me re lastimé, se me pegó el buzo a la piel”, contó. Al llegar a la cima, le entregó el bebé a la abuela, para pararse y escribir en un papelito el agradecimiento.

Algo parecido ocurrió con su segunda hija, Yanina, que no llegó a término tampoco y estuvo internada 16 días por nacer con apenas 2 kilos. En ese momento a Adriana le detectaron una “matriz infantil” que impedía retener el embarazo las 40 semanas. Apenas recibieron el alta, repitieron el ritual de las escalinatas y ya esta vez hubo solo costras en las rodillas de la promesante. No sería la última vez.

Unos años más tarde, nació Sebastián. El más chiquito de la familia también fue chiquito en tamaño. No llegó a los 6 meses dentro de la panza que tuvo que salir. Fue un parto natural sencillo por su tamaño: apenas 1 kilo con 250 gramos. Estuvo casi 3 meses internado. “Las enfermeras me dijeron que lo tuviera mientras cambiaban las sábanas. Entraba en la mano casi”, recordó su madre señalando la extensión.

“Pobrecito, fueron 4 meses que lloraba y lloraba hasta que mi mamá me dijo que lo lleváramos a una curandera. Esa mujer nos dijo que algo o alguien estaba pidiendo sobre él y me preguntó si había hecho alguna promesa. Así que tuve que ir por las escalinatas con él ya grandote, de 4 meses, en brazos. Y después se le pasó ese llanto. Así, creer o reventar”.

En el camino la acompañaba su madre Irma, que ya falleció. “Ella también creía o le gustaba la Difunta Correa, por más que no sea santa. Yo sí creo. Incluso a medida que iba subiendo con cada uno de los niños sufría menos”.

Hoy los bebés del milagro tienen 24, 23 y 17 años. Sigue pidiendo, ahora por una intención que no quiso revelar para no interferir en la obra de la Difuntita. La última vez fue en julio con su hija. Mi hija me dijo “no otra vez”, de última sola subiré.

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