Le detectaron tarde su CÁNCER por culpa de la COVID: «Me decían que no era grave»

Llevaba esperando 18 meses una gastroscopia.

“La COVID-19 ha hecho muchísimo daño a otras enfermedades; a su detección, a su seguimiento y a su curación”. Es el mensaje con el que inició Olatz Vázquez en Twitter el pasado 21 de agosto. Vázquez es periodista y también fotógrafa. “Escribo cosas que pienso”, asegura en su biografía. Le detectaron un cáncer gástrico hace dos meses.

Este es su testimonio en primera persona:

“El 9 de junio de 2020 me diagnosticaron un cáncer gástrico con metástasis abdominal. Estadio IV. No me sorprendió; llevaba un año yendo de médico en médico porque no me encontraba bien.

Sus respuestas eran siempre la misma: «Eres joven; será una celiaquía, una gastritis, una úlcera… «. Hasta me recomendaron ir al ginecólogo porque quizás, y cito textualmente, «estaba confundiendo dolores abdominales con dolores menstruales».

Febrero de 2020. Pido la baja. Me traslado a Euskadi, mi comunidad autónoma. Necesito saber qué es lo que me estaba pasando. Analítica: un poco de anemia y la B-12 baja. Nada relevante. O por lo menos no para los médicos que me atendían.

Me dan hora para una gastroscopia. Pienso: «¡por fin!». Volante ordinario. ¿Ordinario? Después de un año de molestias, dolores, pérdida de peso… ¿Ordinario? «No te preocupes, probablemente sea una celiaquía». La cita es el 22 de abril.

20 de marzo de 2020. Suena el teléfono: «Debido a la alerta sanitaria hemos decidido retrasar tu gastroscopia al 9 de junio«. Les pido que reconsideren mi caso. Su respuesta: «Olatz, no te preocupes, hemos estudiado tu historial clínico y tú no tienes nada grave».

Dos visitas a Urgencias hasta la prueba: en una me diagnostican «flojera extrema». En otra, tras una placa, dos ecografías y un TAC, una enfermedad pélvica inflamatoria. Me derivan a la ginecóloga: «Olatz, no sé lo que tienes pero una enfermedad pélvica inflamatoria no».

9 de junio de 2020. Por fin la gastroscopia. Pienso que esa prueba marcaría el final de un año y medio de constantes molestias, dolores y malestar. Pero no. Era solo el principio de algo peor. «Olatz, hemos encontrado varias úlceras tumorizadas en tu estómago».

Le pregunto si tengo cáncer. Me dice que hay que esperar a los resultados de la biopsia, pero que «su aspecto no era bueno». «Me dijisteis que era joven y que no tenía nada grave». Baja la mirada. Salgo de la consulta. Me caigo al suelo. Grito. Lloro. Rabia, impotencia, dolor.

Y hasta hoy. Más de dos meses después y dos ciclos de quimioterapia a mis espaldas, todavía no entiendo cómo el factor joven es determinante para descartar si tienes una enfermedad grave.

Sé que parte de mi ‘mala suerte’ viene de tener que haber vivido esta enfermedad grave en mitad de una pandemia. La COVID-19 está ahí, pero el cáncer también, y un diagnóstico precoz es la mejor cura para esta enfermedad”.

 

Vázquez no sólo narra en sus redes sociales el problema que ha supuesto para ella la Covid en la detección del cáncer. Cuenta lo que siente: “No soy ejemplo de cómo afrontar una grave enfermedad. Cada persona lo vive como lo siente. A mí me gusta hablar sobre ello porque me ayuda, pero si eres de las personas que no quiere ni mencionarla también lo estás haciendo bien. Que nadie te diga cómo tienes que vivir el cáncer”.

Ella ha decidido mirar de frente al cáncer. En las redes sociales expuso hace unos días: “En estos dos meses que llevo con la enfermedad me he dado cuenta de una cosa: hay ciertos cánceres que están más aceptados en la sociedad que otros, a los que se les destina más recursos y que su sintomatología llega a la sociedad para su detección precoz”.

Su última reflexión respecto a su enfermedad es la siguiente: “Siempre he pensado que la mejor manera de vencer a alguien es conociéndolo. Así que me he puesto a estudiar sobre el cáncer; por qué se forma, cómo se forma, qué lo hace crecer, cómo se expande, etc. Estoy impresionada. Me parece una enfermedad de lo más inteligente”.

 

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