Un BEBÉ de un MES de vida y su familia VENCIERON el COVID-19

Juan Pablo Cabán y Teresa Paz formaron su familia, que hoy está constituida, además, por Clara, de 10 años, y Joaquín, que nació en plena pandemia. 


Llega un momento en el que los cuidados parecen no alcanzar. El coronavirus avanza a pasos agigantados, calándose sin mediar palabra, entre todos los argentinos, incluso entre los más indefensos. No hay nada que lo detenga. Ni siquiera, cuando se piensa en que los protocolos de bioseguridad son cumplidos a rajatabla.

Juan Pablo Cabán y su esposa Teresa Paz, dos santiagueños radicados en Caballito, Buenos Aires, son sólo una parte de una familia que convivió con la incertidumbre que genera la pandemia, aún cuando la situación pareciera estar bajo control.

Ellos son padres de Clara y Joaquín. La nena tiene 10 años. Y el nene, que nació en plena pandemia (3 de junio), tiene 3 meses. Todos ellos, convirtiendo en vano los esfuerzos preventivos, padecieron el temido coronavirus.

“Trabajo en el Correo, en la parte administrativa y este servicio forma parte de los denominados esenciales. Creo que en mi vida me cuidé tanto; no usé jamás en todo este tiempo el transporte público, uso alcohol en gel en todo momento, al llegar a casa me baño antes de saludar a mi familia. Pero un día, dos compañeros tuvieron síntomas y los hisoparon. Al otro día, comencé con dolor de cuerpo, fiebre y lo más llamativo fue la pérdida del olfato. Seguí todo el protocolo. Llamé a las líneas habilitadas, me trasladé al Hospital que me correspondía y me hisoparon. Tardó 7 días el resultado, pero a esta altura ya sabía que era coronavirus. No sentía el olor a nada”, relató Pablo, sobre el inicio de lo que serían los 15 días más angustiantes del último tiempo.

Aún sin la llegada de los resultados del hisopado, fue Teresa quien comenzó con fiebre. A esa altura –contaron- ya no necesitaban de un estudio para determinar el “positivo para Covid-19” de ambos.

“Empecé a sentir fiebre y no sentía ni gusto ni olor a nada. Hoy, a más de un mes de toda la locura, creo haber recuperado el 60 por ciento de los sentidos”, ahondó ella.

Sin embargo, esto había sido sólo una parte del paso del coronavirus por su vida. Lo peor estaba por llegar.

Indefenso, con apenas un mes y medio de vida, y aún cumpliendo con todos los cuidados, Joaquín fue atacado por este enemigo que mantiene en vilo al mundo entero.

“Ahí nos internamos. Hasta el momento veníamos con el tratamiento a domicilio, pero con Joaquín ya nos llevaron al Hospital. Estuvimos internados 3 días, por prevención más que nada, aunque él también tuvo fiebre varios días”, contó la mamá.

Al regreso, Clara, la nena de 10 años, arrancó con los mismos síntomas. Los médicos prefirieron no someterla al hisopado, dando por hecho el diagnóstico, para evitar un trauma mayor en ella.

“Nos dijeron: si ustedes son positivos, el bebé es positivo, y ella tiene síntomas, es más que seguro que tiene coronavirus y es preferible evitarle un hisopado. Y fue mejor. De todas maneras, estábamos aislados todos”, contaron.

En un principio, la oscuridad de la realidad asomó a la familia. Pero el paso de los días puso paños fríos a su incertidumbre.

“Los primeros días yo estaba tranquila porque más allá de un poco de fiebre o la pérdida del olfato, no sentíamos nada que no fuera llevadero. Pero la preocupación empezó cuando los chicos comenzaron con fiebre. El susto de esos días fue enorme. Nos preocupábamos aún más con el bebé, era muy chiquito para todo lo que iba a pasar”, relataron.

“Me recuperé, pero siento que mi organismo cambió. Hay días en los que me cuesta digerir la comida y tengo dolor de cuerpo por momentos. En líneas generales estamos bien, pero somos conscientes de que el coronavirus dejará sus huellas en nuestro organismo”, cerró Pablo.

Fuente: El Liberal

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