MURIÓ Alma, la beba de 1 año que peleaba contra el CÁNCER

Almita Arratia tenía un año y estuvo 10 meses en Buenos Aires para tratarse de un tumor maligno. Falleció y su familia regresó a Neuquén vía terrestre.


Tan sólo un año tenía Alma Arratia cuando falleció en el Hospital Garrahan. Tenía cáncer y había sido sometida a un tratamiento durante diez meses. Había viajado desde Zapala a Buenos Aires en un avión sanitario con su familia, con la esperanza de salir adelante. Pero no pudo ser. Tras el fatal desenlace, se encontraron con una situación que jamás imaginaron vivir: debieron viajar durante 14 horas en una ambulancia junto al ataúd de su pequeña para regresar a Neuquén. En el medio, su hijo de seis años: “Fue una falta de empatía total. Mi esposa tuvo que viajar en una reposera sin cinturón y mi hijo sentado al lado del cajón”, se lamentó a LM Neuquén, Jorge Arratia, padre de la beba fallecida.

“Los problemas empezaron a aparecer después de que falleció Almita. Se empezó a hablar de plata, de lo costoso que era un traslado desde Buenos Aires hasta Neuquén”, se quejó el hombre, que sintió que “les soltaron la mano” en el momento más complicado del proceso. Sin embargo, nunca imaginó que todo culminaría en un largo y estresante viaje junto al ataúd. «Podrían haber solucionado todo de otra forma», agregó.

El desafortunado calvario de la familia se inició apenas a los dos meses de la beba, cuando María del Carmen Serna, su madre, se dio cuenta de que Almita tenía un bulto entre las costillas. Tras meses de insistencia y diagnósticos erróneos, el 28 de septiembre de 2019 le realizaron una tomografía; allí confirmaron el peor diagnóstico: un tumor en su cabeza y la derivaron al Garrahan. Alma fue diagnosticada con un tumor maligno grado 4, llamado rabdoide teratoide atípico.

Durante el tiempo que duró el tratamiento de la pequeña, madre, padre y Bautista Arratia -su hermano de seis años- pararon en un hotel que les adjudicó la provincia. “Se hicieron cargo del traslado de Alma, de la compra de sus pañales y de los costos farmacéuticos”, explicó el padre. “Hasta ese momento como familia no teníamos nada que decir del trato de la provincia”, agregó.

Sin embargo, esa percepción cambió en el momento que la pequeña falleció. “Era cuando más necesitábamos ayuda y no nos preguntaron ni siquiera si teníamos para comer. Fue bastante agobiante todo, nunca estás tranquilo como familia después de viajar al lado del ataúd de tu hija”, explicó Arratia.

El principal problema del proceso fue el regreso a casa: “Habían pasado cuatro días desde la muerte de Almita y no sabíamos cómo íbamos a volver, así que nos enchufaron en una ambulancia, que creo que fue lo más económico. Mi señora venía sentada en una reposera para dejarle el asiento con cinturón al nene, que venía sentado al lado del ataúd. Las curvas o los pozos eran un sufrimiento”, expresó.

Ahora un poco más tranquilo y las cosas mejor asimiladas, el hombre se tomó el tiempo de averiguar sobre la Ley Mortuoria: “No hubo nada de respeto hacia el difunto. Las ambulancias no pueden transportar a una persona fallecida, menos con los padres adentro”, expresó. Es por eso, que analiza la posibilidad de llevar a las autoridades provinciales a la Justicia: “Si llevar esto a juicio sirve para que otra familia no pase por lo mismo lo voy a encarar. Hay más gente de Zapala y de otras provincias que están peores que Neuquén y es necesario que se tome consciencia de que si un chiquito fallece no puede pasar simplemente a ser una estadística ni viajar junto a un ataúd”, se lamentó Arratia.

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