ORGULLO NACIONAL: un científico ARGENTINO está ELABORANDO una vacuna contra el COVID

Sebastian Pappalardo lidera una investigación en nanovehículos que podría significar un salto en la lucha para frenar la pandemia. Trabaja en Bariloche junto a un equipo de expertos del INTA.


A metros del lago Nahuel Huapi y frente a una de las más estremecedoras vistas de la Patagonia, Sebastián Pappalardo (45) y su equipo del Grupo de Nanomedicina Veterinaria de la Estación Experimental Agropecuaria del INTA de Bariloche, desarrollan una moderna vacuna contra la pandemia que atenaza al mundo. El contraste entre naturaleza salvaje y alta tecnología parece un un cliché de Hollywood, pero no lo es en lo absoluto.

Aunque se crió en Buenos Aires Pappalardo es oriundo de Esquel y, le cuenta a Clarín, que es un amante del frío, la nieve y el crudo clima del sur. “Me encanta el frío y la montaña”, desliza el científico, recibido en la Escuela de Medicina Veterinaria de la Universidad del Salvador, doctorado en el área Virología, Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA, y con formación Postoctoral en Northeastern University de Boston (Estados Unidos) y Concordia University de Montreal (Canadá).

Pappalardo reconoce haber “ganado peso” en los últimos meses porque ha debido pasar extenuantes jornadas en su laboratorio impedido de hacer hacer trekking por las montañas que tiene frente a sus ojos. El esfuerzo vale la pena, acepta.

Junto a un grupo de 15 colegas, el científico se encuentra de camino a producir una de las primera vacunas nacionales que utiliza una sofisticada tecnología de nanovehículos que podría ayudar a contener el Covid. Pero todavía falta tiempo y mucho dinero para llegar a este punto. En lo inmediato el INTA firmó un acuerdo con Laboratorios Bagó. No sobra decirlo, la investigación significa un inmenso avance en el marco de la ciencia nacional.

La noticia de los esfuerzos conjuntos se conoció esta semana mediante un comunicado, pero Pappalardo y sus colegas trabajan aceleradamente en el procedimiento actual desde principios del 2020, es decir, casi al tiempo en que se desató la pandemia.

El jueves pasado Pappalardo se encontraba en Buenos Aires en un viaje relámpago destinado a comprar reactivos y hielo seco. Una simple actividad que revela el nivel de su obsesión por alcanzar los mayores estándares en cada aspecto de la investigación.

“Hace meses que no dormimos demasiado, ya comienzan a sentirse los efectos del trabajo en la gente. Vine a Buenos Aires por muy poco tiempo, solo por los reactivos y asegurarme que lleguen con la temperatura adecuada a Bariloche”, le relataba a Clarín.

Cuando se multiplicaron los contagios Pappalardo no tardó en entender que se abría una oportunidad para mostrar los avances en el direccionamiento de nanovehículos hacia el sistema inmune, que el INTA había alcanzado en la última década y media.

Después de casi un año de silencioso trabajo, el Grupo de Nanomedicina Veterinaria, ya ha inoculado ratones con los nanovehículos que transportan una pequeña porción del código genético del SARS-CoV-2 hacia las células dendríticas que son las encargadas en disparar la respuesta inmune.

Existen dos formas de explicar este complejo procedimiento.

Veamos la explicación oficial que no es fácil. “El convenio con Laboratorios Bagó considera nuestra experiencia como grupo de investigación en el direccionamiento de nanovehículos hacia células dendríticas, que involucra una molécula sintética que se ancla específicamente a un receptor de estas células que tienen un rol fundamental en la regulación de la respuesta inmune”, señala Pappalardo en “modo” profesor. “El uso de la plataforma de nanovacunas es una posible alternativa en la búsqueda de soluciones profilácticas para el SARS-CoV-2”, agrega.

“Estamos seguros de que cuanto mejor comprendamos la biología del SARS-Cov-2, y cómo responde nuestro sistema inmune, podremos avanzar hacia el logro de vacunas más eficaces, seguras y accesibles”, dijo por su lado, Eduardo de la Puente, director médico de Laboratorios Bagó.

En su versión más “amable”, el doctor expresa: “imaginate una pelota de tenis que tiene pelos que le salen para fuera. Son nanovehículos de 200 nanómetros, el tamaño de un virus, al que se le incorpora esa pequeña porción código de ADN que corresponde a una proteína del virus causante de Covid19 y que cuando se ancla a las células del sistema inmune, libera su carga. El sistema reacciona a esto y genera una respuesta inmune en la que se generan anticuerpos”, indica.

“El diseño de esta plataforma la empezamos a desarrollar en 2006 en conjunto con la Università degli Studi di Padova y la de Northeastern University de Boston y en 2012 se solicitó la patente -concedida en 2018-«, dice el científico barilochense. “Son nanovacunas direccionadas, algo que se venía haciendo en animales”, detalla.

El desarrollo de cualquier vacuna por nanovehículos implica primero un largo proceso teórico, consistente en análisis matemáticos y elaboración en código en computadora del virus original, y luego dos bastos capítulos experimentales dividido en animales y humanos. El primero de estos capítulo consta de cuatro etapas antes de pasar a los ensayos clínicos en personas.

Las etapas son: 1) Demostrar que se generan los anticuerpos, 2) Comprobar la memoria inmunológica 3) Es la repetición de las fases 1 y 2 con otro tipo de ratones que poseen características más similares a los humanos y 4) Confirmar la seguridad y la inocuidad del procedimiento.

“En investigaciones previas, esta plataforma de nanovacunas patentada se evaluó como nanovacuna génica contra el Herpesvirus bovino-1 en un trabajo conjunto comandado por la Dra. Langellotti del Grupo de la Dra. Zamorano, del INTA Castelar, en colaboración con INTA Balcarce y nosotros desde INTA Bariloche aportando la plataforma de nanovacunas. En el caso del coronavirus todo el diseño y evaluación de la nanovacuna génica contra SARS-CoV-2 se realizó en INTA Bariloche ya que fuimos ganando capacidades. En la misma los nanovehículos transportarían un gen -ADN- diseñado en computadora que no es el virus, pero se hace basado en la secuencia conocida del virus, es un pedacito del virus, que lograría una respuesta inmune”, detalla entusiasmado Pappalardo.

Los ensayos en seres humanos son las ligas mayores del trabajo científico. Pappalardo espera que una vez que estén listos para dar ese paso puedan conseguir los fondos necesarios.

Costear esta etapa ronda los USD 10 millones de dólares y en promedio se trabaja con entre 10 y 50 voluntarios. Según sus cálculos es factible que antes de diciembre – “tal vez octubre”- el grupo haya concluido sus experiencias con ratones y se encuentre en condiciones discutir si es factible pasar a los humanos. Mientras tanto, el día se hace corto, para los científicos.

“La verdad es que tener los laboratorios frente al lago es genial. Todo el ambiente de la ciudad de Bariloche es propenso a la ciencia. La naturaleza es una distracción pero de otro tipo, te dispara la creatividad, es inspiradora”, subraya el científico.

En su labor diaria, que semeja un viaje dentro de un “nanoviaje”, Pappalardo levanta cada tanto la cabeza y observa las montañas y el cielo azul del verano. Sonríe, sin duda. Extraña las caminatas junto a su mujer. Y vuelve a lo suyo. A la cura invisible contra la pandemia.

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