De Argentina a Suecia para vivir mejor: «no está mal lavar copas por 15 euros la hora y estar en blanco»

Antonella Agliolo, de 25 años, decidió partir de Argentina en búsqueda de una vida mejor. Según su relato, lo consiguió y expresó que nunca más volvería a vivir al País. «No me importaba trabajar de lo que fuera con tal de irme», contó.


En 2020 y con 25 años, Antonella Agliolo decidió marcharse de Argentina para comenzar su nueva vida en Europa. Ella buscó un cambio y asegura que lo consiguió. Trabajó como mesera, recolectó frutillas en el campo, vivió en una granja, cocinó en un restaurante e hizo tareas de limpieza. «No me importaba trabajar de lo que fuera con tal de irme del país», contó.

El 3 de marzo de 2020, apenas unos días antes que el caos por la pandemia comenzara a desatarse en la Argentina, Antonella Solange Agliolo dejó su casa de Ciudad Evita y tomó un avión hacia Barcelona: su destino final era Dinamarca, donde había planeado instalarse y comenzar una nueva vida. Sin embargo, los vaivenes del COVID-19 modificaron sus planes y terminó viviendo unos meses en ese país, pero también, en Irlanda y en Suecia, donde hoy se encuentra completamente instalada y feliz.

En solo un año viviendo en Europa ya tomó la decisión de no volver al país, al menos que sea para visitar a los suyos: «No volvería a vivir en la Argentina, solo iría a visitar a mi familia y amigos», deja en claro en una nota con Infobae, mientras camina por las apacibles y coloridas calles de Estocolmo.

Trabajaba en Buenos Aires como cosmetóloga y mesoterapeuta, una actividad en la que asegura que le iba muy bien. Pero sus ganas de conocer el mundo, de crecer y de buscar nuevos horizontes hicieron que posara sus ojos en Europa, mientras aún espera que le otorguen la ciudadanía italiana. Sin embargo, comenzó una minuciosa búsqueda por internet para saber cuáles eran los países en los podría conseguir una visa de trabajo.

«Me puse a buscar otras opciones, como intercambios estudiantiles o visas de trabajo. No me importaba trabajar de lo que fuera con tal de poder irme de la Argentina, así que me puse a investigar y encontré varias opciones», relató.

A un año de haber emigrado, afirmó que extraña muy pocas cosas de nuestro país, a excepción de su familia, amigos, los asados y, sobre todo, la Bombonera. Sin embargo, al poner todo en la balanza, todo lo que encontró fuera del país tiene más peso.

Por otra parte, aseguró que la seguridad tanto en las calles como en el trabajo son dos factores que determinaron su felicidad de una forma plena. Hoy tiene un sueldo en blanco trabajando en un restaurante, donde cobra bien y asegura que es un alivio estar en un lugar donde los precios se mantienen.

«Vivía en Ciudad Evita, en la provincia de Buenos Aires, y acá tengo la tranquilidad de saber que a la noche puedo volver sola a mi casa, porque nadie me va a robar o a violar. Podés darte el gusto de comprarte el celular más caro y sabés que nadie te lo va a tocar. Trabajo con la bicicleta, la dejo en Estocolmo hasta el otro día y me vuelvo en metro a casa, porque vivo lejos. Pero cuando vuelvo a buscarla, ¡la bicicleta está donde yo la dejé! Eso sería impensado en Buenos Aires, ¿no?», pregunta.

«Otra cosa que me sorprende, y me gusta, es que en Suecia -creo que es igual en Dinamarca- por lo general, el 90% de los puestos de trabajo se pagan por hora y el empleado no está obligado a cumplir una jornada laboral fija. Son muy flexibles con los horarios y eso es muy bueno, porque uno puede tener una vida, además de un trabajo y, por ejemplo, puede tomarse tres días para hacer un viaje. ¡O un mes entero!», afirmó.

«En la Argentina, para poder tomarte ese mismo mes de vacaciones, tenés que trabajar como 20 años. Me gusta porque lo veo con mi espíritu de viajera: son más libres y manejan todo con turnos laborales. Puedo elegir trabajar mucho uno semana y a la siguiente no, o hacerlo muchas menos horas. Solo tenés que avisar unos días antes, pero no te van a echar por eso. Ese sistema te permite que te organices mucho mejor, te da más libertad y no hace que estés todo el año trabajando, para después tener una semana o 15 días de vacaciones«, comparó.

A sus 25 años, Antonella dejó en claro que no quiere instalarse definitivamente en ningún lugar. De lo que sí está segura es de no volver a Argentina: «quiero seguir moviéndome. También me gustaría ir a Australia y a Nueva Zelanda, que siempre fueron mis dos objetivos principales, pero no es nada fácil emigrar allí. En Canadá, hay buenas posibilidades de obtener la visa… pero la verdad es que todavía estoy intentando descubrir cuál es mi lugar en el mundo«, explicó.

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