El milagro de la nena sanjuanina que iba directo a un trasplante, pero venció al cáncer: «Fue una alegría muy grande»

La llevaron a Rosario para hacerle el trasplante de médula ósea. Pero la devolvieron a San Juan por una afección pulmonar. Cuando le realizaron nuevos estudios, la médica que la atendía le dio la noticia de que la leucemia se había ido. Hoy, Luciana tiene 13 años y sólo espera el alta definitiva de la enfermedad.   


Por Pablo Zama

En febrero de 2017, cuando Luciana Priscila Fernández Peña tenía apenas 9 años, la vida le jugó muy mal. Le diagnosticaron leucemia y muchos de sus sueños se postergaron.

Junto a sus padres ingresó a ese laberinto doloroso que incluyó decenas de estudios médicos, quimioterapia y las 24 horas dedicadas a combatir esa enfermedad tan cruel.

«Hubo que prepararla para cuando se le empezara a caer el pelo»

Viviana Peña (45), su mamá, recuerda con tristeza aquel 10 de febrero cuando notó «decaimiento» en su nena, que «empezó a sentirse mal».

El 17 de febrero de 2017, una doctora pidió que le realizaran diferentes estudios y le detectaron la leucemia mieloide aguda, que es un cáncer que provoca insuficiencia medular.

Luciana Fernández junto a su mamá, Viviana Peña.

«Mi hija iba para trasplante de médula ósea urgente», recuerda Viviana, en diálogo con Diario Móvil. La madre relata que la primera sesión de quimioterapia «no le hizo nada» y en la segunda «fue a terapia, con líquido en los pulmones, estaba mal». La tercera sesión «la ayudó mucho y la sacaron de terapia intensiva».

A Peña se le viene a la cabeza, de manera recurrente, el día en que empezó la pesadilla. Los médicos la citaron junto a su esposo, Claudio Fernández (44), para darles la noticia. «Nos dijeron que el cáncer avanzaba muy rápido en su cuerpo y que iban a hacer otros estudios porque podía ir a trasplante. Yo lloraba y decía ‘por qué a mi hija’«, cuenta.

Empezaron a llevar a la niña a una psicóloga, para «prepararla para cuando se le empezara a caer el pelo. Lo tenía muy largo, hasta la cintura».

«Se me llenaron de lágrimas los ojos, la abrazaba y la sentaba en la cama»

«La psicóloga se encargó de explicarle que las células de su sangre estaban feas y que eso hacía que su cuerpo decayera. Luciana estaba mucho en la cama. Era bueno que uno de nosotros estuviera permanente con ella», detalla.

Luciana despertó del coma 

Viviana cuenta que «al principio todo era muy difícil». Su niña estuvo mucho tiempo en terapia en 2018. «Estuvo tan mal que la cuidábamos sólo su papá y yo», dice.

«Había que ponerle mucha fuerza para que saliera adelante. Y hablarla, para que reaccione, porque estuvo mucho tiempo dormida«, recuerda.

El 1 de mayo del 2018, Luciana «se despertó pidiendo algo para comer». «Se me llenaron de lágrimas los ojos, la abrazaba y la sentaba en la cama con todos los aparatos. ‘¿Por qué lloras?’ me decía», relata la mujer.

Su papá, Claudio Fernández, cuidándola en el Hospital Rawson.

La mamá se apoyó mucho en la fe, para calmar el dolor que no se iba con los minutos ni las horas. Dice que es católica y que le pedía mucho, por la salud de su hija, «a la Virgen María».

«Toda la familia estaba mal», aclara Peña. La nena, que ahora tiene 13 años, es la menor de los 5 hijos de la pareja. Junto a ella viven dos hermanas, de 22 y 16 años.

Las dos más grandes, de 25 y 27 años, se casaron y se fueron de la casa materna. Ellas ayudaron a cuidar a Luciana cuando estaba internada. «Le hacía bien verlas», dice Viviana. «Nos cambió la vida cuando mi hija estuvo en el Hospital Rawson», aclara la mujer.

El día que le ganó al cáncer      

Durante el 2018, la familia tuvo que trasladarse hasta Rosario, porque iban a trasplantar a Luciana. Pero los devolvieron «porque tenía una complicación en los pulmones y el tratamiento había que hacerlo en San Juan».

«La doctora nos dio la noticia de que sus células se recuperaron»

De regreso en la provincia, la internaron y «tomó un año ese remedio», hasta que controlaron el cuadro.

«Le hicieron estudios mientras estaba en el hospital y la doctora nos dio la noticia de que no iba a trasplante porque sus células se recuperaron con la quimio y los remedios. Fue una alegría muy grande para toda la familia», cuenta con emoción la mamá.

A la niña le siguen haciendo controles, ahora más distanciados. En menos de dos años le darán el alta definitiva de la enfermedad. Mientras tanto, todavía toma medicación. «La doctora dice que mientras siga con todos los cuidados va a estar bien», asegura Peña.

El martes 26 de enero, en plena pandemia, Luciana cumplió años y, si bien «no habla mucho» de sus momentos más duros, «se acuerda de cuando estuvo en el Rawson y de tanta cosas que le hicieron». «Ahora va a los controles, pero no le gusta sentir el olor al hospital», dice su madre.

En la nueva normalidad, en la que todos andan con tapabocas, sus barbijos (los usa hace 4 años) pasan desapercibidos y hasta recuperó su pelo. «Mamá, ahora vos te tenés que acostumbrar a esto», bromea cuando Viviana se pone un barbijo para ir a la calle.

Luciana se cuida, porque sabe que es persona de riesgo durante la emergencia sanitaria que atraviesa el mundo. Y sueña con que en 2023, en el festejo de sus 15, esta etapa de su vida ya sea sólo un mal recuerdo.

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