El sanjuanino que luchó en Malvinas desde el aire: «Cuando terminó la guerra lloré mucho; volvería a defender la patria»

«La Fuerza Aérea Argentina estaba ganando la guerra», asegura Diego Rosas, que en el ’91 se retiró de la actividad militar. «Era bravo cuando uno de los aviones no volvía, hasta el día de hoy lo sentimos mucho», cuenta el hombre que ya tiene 73 años.     


Por Pablo Zama 

Diego Rosas (abajo a la izquierda) junto a sus compañeros de la Fuerza Área Argentina en el Puerto San Julián.

Desde niño, Diego Miguel Rosas soñaba con volar. Ese sueño lo pudo cumplir a los 18 años, con su ingreso a la Fuerza Aérea Argentina. Cuando tenía más de 15 de servicio le tocó ir a Malvinas.

Hoy, a los 73 años, radicado definitivamente en San Juan, recuerda con dolor la despedida de las islas. «Cuando nos retiramos de ahí pasamos 3 o 4 días llorando, porque la Fuerza Aérea estaba ganando la guerra», le dice a Diario Móvil.

«Cuando los aviones estaban en marcha para ir a un combate, nuestros compañeros se despedían»

Rosas cuenta que en el aire la historia era muy distinta a la que ocurría en la tierra. Con los aviones A-4C y A4-B, la lucha también era desigual, porque Inglaterra tenía el apoyo de Estados Unidos y en inteligencia era asistida por Chile, asegura el excombatiente. Pero aclara que los argentinos lograban sobreponerse a esos ataques.

Cuando se enteró que iba a la guerra, Rosas pertenecía a la IV Brigada Aérea con asiento en Mendoza. Tenía 35 años, estaba casado desde los 23 y tenía tres hijas. «Estuve tres meses separado de mi familia», recuerda.

Lo subieron a un Boeing junto a sus compañeros, «cada uno con su equipaje» y bajaron en el Puerto San Julián, en Santa Cruz, con toda la incertidumbre a cuestas. «Después llegaron nuestros aviones y los mecánicos comenzaron a bajar. Los pilotos ya estaban listos, porque ellos siempre elijen la especialidad de combate«, explica el hombre.

Rosas aclara que estaban»preparados para la guerra, pero en ese momento no se sabía nada, porque había secreto militar«.

«En el momento en que tomaron las Malvinas ya imaginábamos que los ingleses no se iban a quedar quietos, se iban a venir con todo, apoyados por Estados Unidos. A nosotros no nos sorprendió nada, porque íbamos a luchar por la patria«, relata.

«No exagero cuando digo que todos los días me acuerdo de los compañeros»

Diego es piloto civil, pero en la Fuerza Aérea era «operador de teletipo, en la parte de operaciones», se encargaba de monitorear los radares desde San Julián, para detectar la llegada de algún «avión inglés para ir a atacar».

El sanjuanino cuenta que «todos los pilotos eran amigos» y que «los suboficiales y oficiales tenía muy buena camaradería». «Cuando la cuadrilla de los aviones estaban preparados y en marcha, nos decían ‘chau'». Nadie sabía si iba a volver a ver a sus compañeros después de un combate.

«Era bravo cuando un avión no volvía, hasta el día de hoy lo sentimos mucho. No exagero cuando digo que todos los días me acuerdo de los compañeros», dice con emoción a 39 años de la guerra.

Desde el 2 de abril hasta el 14 de junio de 1982, Rosas y sus compañeros fueron una gran familia atravesada por la muerte, que en una guerra es más normal que la vida. «Siempre estoy pensando en ellos», repite con nostalgia.

«Cuando terminó la guerra fue muy triste, llorábamos mucho»

«Los pilotos fueron muy valientes. Lo que han hecho fue importante. La Fuerza Aérea ganó la guerra. Hundíamos un barco y aparecían 6 o 7 barcos más alrededor, pero no eran ingleses, eran de Estados Unidos. Luchábamos contra eso. Los pilotos se arriesgaban muchas veces poniendo las bombas con las manos en los barcos«, relata.

Para el militar retirado, «si los ingleses no hubieran tenido ayuda de Estados Unidos, todo hubiera sido distinto».

Diego recuerda que les «bajaron un Hércules, en el que iban cuatro tripulantes, cuatro oficiales y cinco suboficiales». «Los chilenos les pasaron los datos a los ingleses. Todos nuestros movimientos les pasaban», dice enojado. Y reconoce que la Argentina tuvo colaboración de Perú, que envió algunos aviones con sus pilotos.

El veterano de Malvinas cuenta que a pesar de que en los combates aéreos Argentina tenía herramientas para seguir luchando, la rendición en tierra devino en que ellos también tuvieran que deponer su resistencia.

«Era muy triste, llorábamos mucho. Cuando volvían los aviones observábamos que
había algunos conectados a un Hércules abasteciéndose de combustible. Otros venían con lo justo, perdiendo el combustible, porque habían sido atacados. Muchos compañeros saltaron al agua y se salvaron«, rememora.

«Es un orgullo ser argentino y defender la patria»

Cuando dejó la fuerza se compró un avión de ocho plazas, con el que hacía viajes para el Correo Argentino desde Mendoza hasta Córdoba. Hoy tiene cuatro hijas, «una del corazón», de su primer matrimonio y del segundo, un varón.

Vivió en San Luis, Mendoza y Río Gallegos. Pero ya retirado volvió a San Juan, porque su familia se lo pidió y porque «la tierra tira».

Como a todo excombatiente, a Rosas le quedaron huellas imborrables de su experiencia en Malvinas. «Es un orgullo ser argentino y defender la patria. Se extraña mucho todo el esfuerzo que hicimos. Si tuviéramos que ir nuevamente, yo iría, porque las Malvinas son argentinas«.

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