«No tengo dónde ir»: una sanjuanina dejó de trabajar por una operación y en 10 días la desalojan de la casa que alquila

Leticia Cabrera quedó viuda hace 12 años. Convive junto a su hija más chica y sólo tiene la pensión de su esposo. Ahora le piden el pago de $80.000, pero ella asegura que debe mucho menos de alquiler. Un triste relato que muestra la realidad de muchos inquilinos tras el fin DNU que prohibía desalojos en la pademia.  


Por Pablo Zama

«Estoy desesperada», dice Leticia Cabrera (55 años). «No tengo dónde ir», expresa entre lágrimas.

El caso de Leticia es el de muchos sanjuaninos que hoy caminan sobre un limbo tras la culminación del decreto presidencial que prohibía los desalojos durante la pandemia de coronavirus.

El miércoles 31 de marzo terminó además el congelamiento en el precio de los alquileres, en medio de un contexto en el que los sueldos están paralizados y la inflación abruma.

El 11 de marzo se venció el contrato de la casa que Cabrera alquilaba desde 2019 en Capital, cerca del hipermercado. «El único ingreso que tengo es una pensión derivada, que me quedó de mi marido y no llega a los 30 mil pesos». Su esposo, Julio César Nievas, murió hace 12 años.

«Llegué amarilla al hospital, un poco más y no la cuento»

La mujer tiene 4 hijos, pero convive sólo con la más chica, una estudiante de 23 años. A la llegada de la pandemia, que la complicó como trabajadora independiente, se le sumó una operación en la vesícula en mayo de 2020.

Leticia estuvo internada durante 15 días en el Hospital Marcial Quiroga. «Pasé 2 meses con drenaje. Estuve complicada, llegué amarilla al hospital, un poco más y no la cuento. La operación me tiró para abajo, porque tuve gastos», le cuenta a Diario Móvil.

La mujer dice que se dedica a la «limpieza, venta de cosméticos o venta de ropa por catálogo». Pero por su problema de salud tuvo que dejar por un tiempo. Le descuentan más de 5.000 pesos mensuales de un préstamo y el resto le queda para el día a día. Durante la crisis pudo pagar sólo una parte del alquiler, que con la actualización llegó a $8.500.

«Hasta abril o mayo fui pagando rigurosamente. Pero después de la operación empecé a decaer económicamente. Me atrasé también con el pago de la luz. Pero le fui dando plata al dueño de la casa, que lo ponía como medio alquiler», asegura Cabrera.

«Hace más de 30 años que estoy inscripta en el IPV»

La inquilina cuenta que le llegó una carta documento a la garante y otra a ella, en la que el propietario le pide el pago de «más de 80 mil pesos». «Pero no es así, yo tengo los recibos firmados de puño y letra de él. Le respondimos la carta documento, porque le debo muchísimo menos«, aclara.

En febrero le avisaron que no le iban a renovar el contrato y no le quedó tiempo para «buscar otro lugar». Debe dejar la casa y asegura que, por no tener trabajo, no puede pagar el ingreso a otro alquiler, sólo tiene para señar un departamento, pero le falta el dinero para el resto de los pagos.

«Toda mi vida alquilé y no tuve mucha suerte con los dueños. Hace más de 30 años que estoy inscripta en el IPV (Instituto Provincial de la Vivienda), pero no me dan casa«, asegura.

«La situación económica está mal, no me alcanza ahora para entrar a otra casa. Hasta me cortaron el servicio del celular porque no pude pagar la boleta. El dueño de la casa me dijo que ya pidió la demanda de desalojo«, cuenta Leticia.

«Estoy en una situación desesperante»

Cabrera asegura que durante el año pasado no tuvo problemas con el propietario y que inclusive cuando fue operada y no podía movilizarse, él se acercaba hasta la casa a buscar la plata del alquiler. Pero en febrero todo cambió.

«Necesito que el Gobierno me ayude a pagar un lugar para vivir. Estoy en una situación desesperante. Yo nunca pedí nada, pero ahora no tengo ayuda de nadie. Me gustaría que me colaboren para pagar un año de alquiler hasta que mejore mi economía», pidió la mujer.

La inquilina cuenta que no pudo convencer al locador para que la espere «hasta que mejore la situación del país». «Mi hija más chica es la que está conmigo y entre las dos sufrimos mucho esto», dice entre lágrimas.

«No puedo más, me comen los nervios, no puede ser que vivamos de esta manera. Nos afecta mucho emocionalmente», expresa Leticia, quien accedió a contar su historia porque es la triste coyuntura de muchas personas que alquilan en un momento muy difícil para los argentinos, en el que la pandemia cambió la normalidad y golpeó severamente la economía de la clase trabajadora.

Contacto para ayudar a esta familia: 2646052733.

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