LA VACUNA ELECTORAL

#OPINIÓN 

La derrota electoral del oficialismo en las PASO y el divorcio de la coalición gobernante , han provocado un volantazo para intentar acomodar el rumbo de una gestión de casi dos años, o al menos para procurar conservar el poder. En este contexto y con un gabinete de viejos nuevos conocidos, es Juan Manzur quien se encarga de traer todos los días “buenas noticias”. Uno de los anuncios más relevantes de la semana fue el nuevo protocolo sanitario, cargado de flexibilaciones y mucho simbolismo.

Este paquete de medidas tendientes a “recuperar la libertad” y provocar un “shock redistributivo” han generado suspicacias y cuestionamientos válidos. Es que el Gobierno necesitó de una costosísima contienda electoral para acusar recibo y comprender que una enorme porción de la sociedad no la está pasando bien. Sorprende la falta de sensibilidad y desconexión con la realidad.

Fue, la propia vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, quien divulgó algunos de los entretelones de la interna oficialista y en su carta detalló una presunta advertencia a Alberto Fernández sobre el descontento social. Según narró, el presidente respondió con encuestas que mostraban al Frente de Todos como cómodo ganador. Al final, el intento emancipador le salió mal y debió pagarlo resignando poder, autonomía y minando la gobernabilidad para los años venideros.

Este “relanzamiento” del Gobierno nacional nos ha dejado una andanada de anuncios y trascendidos, desde aumento del salario mínimo, pasando por modificaciones en ganancias, hasta reducción de la edad jubilatoria. Todos de una enorme relevancia para la vida de los trabajadores y la economía en general. En este contexto de onda positiva, también hubo anuncios sanitarios y llegaron las tan ansiadas flexibilizaciones.

Ninguno tuvo tanto impacto y ganó tantos titulares como la eliminación de la obligatoriedad del uso del barbijo al aire libre. Algo que analizándolo fríamente es de lo menos trascedente a nivel sanitario (incluso en San Juan nunca fue obligatorio bajo esas condiciones); pero sí está cargado de simbolismo, representa la victoria, o al menos un checkpoint, en esta lucha interminable contra el coronavirus. Hace algunos meses, en el momento más álgido de la pandemia en Argentina, veíamos con añoranza las calles de otros países del mundo, como Israel, donde el tapabocas ya no era exigido. Ahora nos tocó a nosotros.

Desde el oficialismo son conscientes de que resulta imperioso revertir el clima embravecido y mimar a los ciudadanos castigados, hastiados y golpeados fuertemente por la pandemia. Lo curioso es que haya sido necesario un sufragio masivo para que los conductores intenten enderezar el rumbo del país. ¿Cuánto hay de estrategia electoral y cuánto de autocrítica de gestión?

“Estas elecciones se ganan con más peronismo”, era una de las conclusiones del cónclave de Alberto Fernández con gobernadores afines. Intentarán, al parecer, valerse de la maquinaria del Estado para complacer al electorado desencantado, el que en otra ocasión y bajo otras circunstancias hubiese puesto el voto “azul” dentro de la urna. También a esa porción de apáticos, que no fue a votar por no lograr conciliar con ninguna de las propuestas presentadas por las distintas fuerzas.

Otro punto a tener en cuenta es cuál de los caminos escoge el oficialismo; la radicalización o un viraje hacia la mesura. En un principio, en el calor de los resultados, cuando se hablaba de una “política de los gobernadores” parecía que se apuntaba a deskirchnerización del relato oficial. Sin embargo, con el correr de las horas, y escándalo institucional de por medio, el Gobierno le abrió la puerta a fichas políticas que no son para nada de las medias tintas (Aníbal Fernández es el mejor ejemplo). Es de esperar, entonces, una profundización de esa grieta que tanto fogonean desde ambos extremos.

Surge acá un interrogante a nivel local, ¿cuánto impactarán estas medidas en San Juan? Sin dudas, la provincia es un microclima, uno de los pocos distritos que logró mantenerse en azul el pasado 12 de septiembre. Sin embargo, la diferencia fue exigua. El resultado no dejó satisfecho al uñaquismo; aunque después de analizar el panorama completo, quedó claro que hicieron negocio. Ahora, esperan que estas semanas de “abundancia”, sumadas a liberación de prácticamente todas las actividades, ayuden a mejorar el clima. También se prevé que el tono de los discursos a nivel local continúe siendo bastante liviano, con un refuerzo de esa comunicación de tipo inventarial-contable a la que apuestan los frentetodistas sanjuaninos, proponiendo un plebiscito de la gestión provincial y huyendo del barro nacional.

Lo que está en claro es que la comunicación de la alegría llegó, de forma abrupta, después de un castigo electoral y la gran mayoría de las medidas pareciera que no estaban en la planificación del Gobierno antes de las PASO. Eso es lo que hace desconfiar de sus intenciones y da pie a los interrogantes, sobre si este pretendido derrame es algo que será sostenido en el tiempo (da la impresión que es financieramente imposible) o sólo para aplacar el disgusto de cara a las generales del próximo 14 de noviembre.

Sin barbijo por la calle, y con “más platita en el bolsillo”, al mejor estilo Gollán, es el resumen perfecto de los ingredientes para la receta con la que el peronismo apunta a revertir los resultados. Es mucho lo que tiene por remontar y su propia interna ha dejado heridas que todavía están supurando. No obstante, en Argentina pareciera que cualquier cosa puede pasar.

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