«Algodones de azúcar Raulito», clásico de San Juan: la inspiradora HISTORIA de Raúl y su FAMILIA

Comenzaron en 1989 con un gran sacrificio lejos de sus seres queridos, en Mendoza. Volvieron a San Juan y continuaron con su sueño. Hoy, y tras serias dificultades y grandes pérdidas, son un clásico y deleitan el paladar de los comprovincianos con los mejores algodones de azúcar.


Gladys y Raúl, en 1989, decidieron comenzar a luchar por sus sueños que, ahora, ya incluyó a 3 generaciones de la familia. Algodones de Azúcar Raulito, además, se convirtió en un clásico de la provincia, tras un arduo esfuerzo por este matrimonio, cuya historia inspira a cientos de sanjuaninos.

En diálogo con colegas de Ahora San Juan, Gladys resumió cómo inició el proyecto a fines de los 80. Toda la familia, compuesta en aquél entonces con ella, Raúl y tres pequeños, viajaron a Mendoza en búsqueda de progreso. Alojados en la casa de la hermana de Raúl, decidieron continuar con el emprendimiento de su cuñado, quien ya se dedicaba a la venta de algodones de azúcar de modo callejero. A partir de eso, Raúl y Gladys trabajaron arduamente para conseguir la máquina propia para realizarlos.

Primero, gracias a la constancia y empeño, adquirieron la casa propia en Mendoza. Desde entonces, se enfocaron en formar la propia fábrica de algodones. «Era muy difícil. Trabajábamos en la venta callejera por 8 años», comentó Gladys.

Tras casi una década en la provincia vecina, volvieron a San Juan. «Fue muy difícil, empezar todo de nuevo (…) sobre todo por el modo de comercialización que se usaba en la provincia para los algodones”. A mediados de los 90 era muy común que durante las siestas sanjuaninas pasara alguna carreta que ofreciera el trueque de “algodones de azúcar por botellas para salsa», relató.

En ese marco, llegaron a la provincia con un producto mejorado, con buena experiencia que los llevó a trabajar de manera responsable e higiénica. «Compran los papás para sus chicos y tiene que ser un producto excelente», sostuvo. Entonces, el punto de venta principal en San Juan volvió a ser en las calles, en las puertas de escuelas y en algunos eventos.

«Hacíamos volantes a mano, con lapicera, a puño y letra y los repartíamos en cada lugar que íbamos», relató sobre sus distintas estrategias para salir adelante.

En 2012, con el avance de las tecnologías y las redes sociales, uno de los hijos de este matrimonio, Luis, creó la fanpage en Facebook, «Algodones de Azúcar Raulito». La principal estrategia y que se hizo clásica desde sus comienzos, son los sorteos mensuales. «Es un modo de agradecimiento a toda la gente que nos apoyó y nos sigue apoyando, para nosotros esto es muy importante», expresó Gladys. A casi 10 años de la creación de esa página, ya son 10 mil seguidores, que acompañaron a este proyecto familiar a crecer.

Sin embargo, la pandemia llegó y, como a todos, les provocó complicaciones. Las medidas para evitar contagios de coronavirus dificultaron seriamente la venta de estos clásicos algodones. Eso provocó que su trabajo se viera parado por completo: «Tuvimos que vender la movilidad, así que hay que empezar de nuevo, retomar», dice con nostalgia la mujer.

Sumado a esa crisis económica, llegó la peor de las noticias, a causa del covid-19. Luis, el hijo de Gladys y Raúl que creó la reconocida fanpage, se contagió y falleció. En palabras de su madre, era el motivador, quien siempre decía «hay que seguir pa’ delante», expresó entre llantos.

«Mi hijo era muy conocido porque trabajaba en la venta callejera y hacía globología en eventos. Muy agradecidos de la gente que hoy nos acompaña», asegura la madre de familia. «Hace unos días tuvimos la alegría de poder ver un mural que hicieron en la casa de mi hija en honor a los fallecidos de covid-19», contó.

Hoy en día, tres generaciones de la familia Rodríguez buscan continuar con Algodones de Azúcar Raulito. Padres, hijos, nietos y hasta novias de nietos. Todos se reúnen y trabajan. «Cada uno tiene su labor, el que controla las cantidades, quien ata las bolsitas, quien acomoda», para garantizar la calidad del producto y alegrar distintos eventos en los cuales los solicitan. Esto se convirtió en un clásico en San Juan y busca plasmarse en todas las generaciones.

Fuente: Ahora San Juan

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