La SUPERADORA historia de Robert Rojas, de trabajar en el campo a ser el caudillo de River

El defensor paraguayo creció en una chacra en Peguahomi, a 500 kilómetros de Asunción, trabajó con su padre cosechando mandioca y, en sus tiempos libres, suele regresar al pueblo donde nació.


El de Robert Rojas es un caso atípico en este fútbol de lujos y ostentaciones. El defensor paraguayo de River, que hace un tiempo atrás había asegurado que no necesitaba un auto para trasladarse ni tenía departamento propio, creció en una chacra en Peguahomi, un pueblo ubicado a 500 kilómetros de la capital Asunción, y suele destacarse no solo por su juego aguerrido sino por su bajo perfil.

«Trabajaba en la chacra con mi papá cuando era más chico. Plantábamos zapallo, mandioca y todo tipo de cosas», relató hace un par de años en ABC el zaguero, al que no le gusta que lo llamen “Sicario”, apodo que le pusieron sus compañeros en Guaraní por la cara de malo que puso cuando lo raparon en su primera concentración.

De hecho, cada vez que Marcelo Gallardo le da vacaciones al Millonario, en lugar de viajar a destinos paradisíacos como suelen hacer una gran cantidad de jugadores, él vuelve a sus raíces, hunde las manos en la tierra y comparte esos momentos de campo con sus seres queridos«Por más que te parezca que no hay mucho acá, da gusto estar. Este es mi lugar en el mundo. No hay que olvidarse nunca de dónde uno viene. Esas costumbres no las perdí. Al contrario, todo acá me relaja«, aseguró en aquella entrevista.

 

Robert Rojas

En la vida y en el fútbol, Rojas parece estar bien plantado. Desde muy chico en el Club Deportivo Beleano soñaba con hacer su camino con la pelota en los pies. Tal es así que hasta improvisó un gimnasio en su casa con hierros oxidados y armó un arco con un par de troncos para complementar sus entrenamientos. Sin embargo, su llegada a Guaraní estuvo marcada por las carencias y las frustraciones.

Robert Rojas

«Cuando llegué a la pensión no había nada. Tu cama y vos. Sin ventilador y con muchos mosquitos. Sacaba mi colchón afuera, pero amanecía peleándome con los mosquitos. Cuando llegué no sabía qué hacer. Ayudaba al cuidador a cortar el pasto, a tirar las hojas. Mi papá llamaba, preguntaba cómo estaba y yo le decía ‘mejor que nunca’. Pero era mentira: por dentro estaba llorando«, confesó el central guaraní, que por esos años había desechado una oferta de Olimpia porque extrañaba su pueblo.

A pesar de las complicaciones, Rojas siguió remándola desde abajo, pudo dar el salto en Primera y allí marcó la diferencia. Tal así que fue convocado a la Selección de Paraguay, obtuvo el premio al mejor defensor de su país en 2017 y, dos calendarios más tarde, recibió el llamado del Muñeco«En mi familia estaban muy contentos. Todos lloraron. Yo también lloré de alegría cuando me dijeron que vendría a River, aseguró en su llegada al club de Núñez.

Con más de 50 partidos con la banda roja cruzada al pecho, Rojas sueña con seguir haciendo historia y volver a ser campeón con el Millonario de una Liga Profesional en la que hizo su aporte: goles de cabeza, despliegue en la línea defensiva y el sacrificio que lo caracteriza; en el campo con su padre Nicolás y en el Monumental bajo el rugido de los hinchas.

Robert Rojas River

Fuente: TyC Sports

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