La conmovedora historia de un HÉROE de Malvinas sanjuanino: «me encontré con la muerte»

Se trata de Juan Carlos Lescano (68), quien se encargó de salvar incontables vidas desde el Buque Hospital ARA Almirante Irizar. En Malvinas, tuvo su primer encuentro con la muerte y recuerda a sus compañeros perdidos en batalla. «Son historias que faltan», expresó.


Foto: Josué Lima para DIARIO MÓVIL.

El veterano de guerra sanjuanino, Juan Carlos Lescano, es maquinista naval y buzo profesional. Estudió en la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada) y pertenecía a la dotación de la Escuela Nacional de Buceo, en la cual ejercía como instructor superior de buceo de alta profundidad. Además, es uno de los pocos buzos sanjuaninos que logró descender hasta los 201 metros. Partió a Malvinas con solo 27 años (casi 28) y con una familia ya formada. Su historia conmueve.

Al estallar la guerra «había gran hermetismo, la mayoría no sabía lo que sucedía», cuenta el veterano. «Cada uno estaba en su destino callado, algunos sabían, otros no sabíamos nada, ese era mi caso. Cuando se arman las dotaciones importantes para ir a Malvinas, a mi me designan el Buque Hospital Irizar«, relató en diálogo con DIARIO MÓVIL.

«Mi función era la de tratar de salvar vidas, una muy buena causa para estar ahí», resaltó Lescano y describió que, en el buque, montaron un pequeño centro hiperbárico, donde podían recuperar a enfermos con infecciones importantes, como la gangrena gaseosa, además de salvar algunos soldados de la amputación de extremidades: «era muy necesario suministrar alto porcentaje de oxigeno al sistema circulatorio, para evitar infecciones», explicó.

«A diferencia de cualquier otro combatiente que estuvo en Malvinas, yo estaba embarcado frente a la Isla, a unos 150 metros, para permitir el acceso de cualquier herido o enfermo que se produjera y, de esa forma, evacuar para no tener complicaciones en los hospitales de campaña», detalló sobre su posición y función.

El buque hospital Alte. Irizar, era también llamado el «rompehielos Irizar». Foto: www.irizar.org

Sobre el ARA Irizar, Lescano cuenta que tiene gran capacidad de carga, más de 120 metros de largo, un helipuerto para dos helicópteros, lo que permite autonomía de transporte y traslado. «Éramos una base en el mar, altamente importante, con un sistema complejo de medicina. Tenía más de mil camas».

El no estar en pleno combate en la isla no representaba tranquilidad. Todo lo contrario. «También implicó momentos de mucha tensión. Llegaban heridos leves y otros muy graves. La situación es a quién se cura primero. En la guerra, lamentablemente, tenés que buscar a quién curar primero, por las dudas de que pueda volver al combate», contó.

En ese marco, surgió lo más fuerte que vivió durante el conflicto. Juan Carlos Lescano tuvo su primer encuentro con la muerte. «Fue una experiencia muy fuerte para mí. Creo que todos los hombres no estamos preparados para ver morir a alguien; sí para ayudarlo y curarlo. Pero, de pronto, se morían, sin identidad, simplemente saber que era un soldado o un compañero que llegaba, esa fue una de las cosas que yo me llevo, haberme encontrado con la muerte tan de cerca», expresó conmovido.

«Esa es una de las cosas que yo llevo, haberme encontrado con la muerte tan de cerca»

Juan Carlos Lescano, veterano de guerra
Lescano en acción, con una cámara hiperbárica, durante la Guerra de Malvinas, en el Buque Irizar. «En todos los países no serios, los excombatientes andan rengos por la calle pidiendo limosna. Esto no puede pasar acá», predica en la parte superior de la imagen, que fue publicada en la revista ‘La Semana’, de tirada nacional. «Esta foto tiene una cosa muy importante», expresó. Foto: Gentileza para DIARIO MÓVIL.

El momento de partir

Lescano partió a Malvinas con 27, casi 28 años y, ahora, tiene 68. Dejó a su familia; en ese entonces estaba casado, con dos hijos (de tres que tiene actualmente). En ese marco, recordó el valor que tuvo un compañero suyo, quien se ofreció para ir a la guerra en su lugar: «me dijo ‘vos tenés a tus hijos, tu familia, yo soy soltero, dejame ir a mi», relató. Sin embargo, para él abandonar nunca fue una opción: «a mi me tocó y era mi deber», expresó.

«Este era yo cuando tenía 18 años», dijo emocionado y aseguró que estaba preparado para la guerra. Foto: gentileza para DIARIO MÓVIL.

«Cuando uno es soldado profesional o cuando uno estudia para ser soldado profesional, se prepara para ir a una guerra o combate. Cuando yo recibí la llamada del deber, fue un orgullo. Era un gran honor, muy importante. Pero también tenía que saber que yo tenía una familia, con hijos, que tenía que dejar sin saber si iba a volver. Lo más difícil fue pensar que podía no verlos otra vez«, rememoró.

«Para mí era una experiencia muy importante, a pesar del dolor que tenía con el tema de mi familia. En ese entonces, tenía a mi esposa y dos hijos. Ahora, se sumó otra hija más y ya son tres», resaltó.

Hace 40 años lucha en otra guerra

«Hace 40 años empezó otra guerra», expresó Lescano, al referirse la finalización del conflicto bélico en Malvinas. Al llegar al país sufrieron indiferencia, desde el sector político. Una vez terminando el enfrentamiento contra ingleses, continuaba la dictadura cívico-militar, sin embargo, asegura que en democracia aún sucede.

Previo a mencionar su disconformidad, resaltó a sus excompañeros, que cayeron en batalla. «En este año, que conmemoramos los 40 años de Malvinas, yo personalmente comienzo a encontrar cosas que me faltan. En el golpe al ARA General Belgrano, donde más de 360 hombres murieron, yo perdí casi 20 o 30 compañeros de camada, de promoción, maquinistas. Justo les tocó estar embarcados. Cuando los bombardean, ellos estaban en la guardia, a las 16 horas del 2 de mayo, cuando se produce el primer torpedo«, relató.

«Ahí me encontré que me faltaban muchos amigos. Comencé a recordar ‘che me acuerdo de tal, está o no está’ y me empecé a preguntar qué pasó con ellos», comentó Lescano y lamentó que nunca se encontró con sus amigos durante la guerra, ya que estos estaban en tierra.

«Hoy, 40 años después, te comenzás a encontrar con las historias que faltan. Por ahí das con un compañero o amigo y te cuenta ‘¿Te acordás de fulano?’ y ahí descubrís que murió. Entonces, todo eso comienza a ser un recuerdo triste, que haya pasado tanto tiempo y que nadie, en especial desde el Gobierno, se haya tomado enserio la obligación de contener a los veteranos de guerra», manifestó.

Una vez finalizada la guerra (el 13 de junio de 1982, justo en el día de la Fundación de San Juan, por lo cual la fecha se le quedó grabada a fuego), Lescano contó que volvió exactamente un mes después, porque debían continuar con el traslado de los heridos.

«De pronto, te encontrás con que te ignoraban. Ya no eras más nada. Inclusive, demostraban que no querían saber que uno podía contar su historia o la vivencia de ese momento. Entonces, ahí comenzó otra problemática, otra guerra. Llevamos 40 años combatiendo, con el Gobierno, con los políticos de turno y siempre dando batalla a la falta de interés y el olvido», expresó.

Juan Carlos con dos cascos. Uno que usó cuando era buzo y otro que conservó de recuerdo, pero pertenecía a otro soldado que fue asistido en el Buque Irizar. También puede verse una escafandra antigua, de su basta trayectoria como buzo. Foto: Josué Lima para DIARIO MÓVIL.

«Al llegar, te ignoraban. Ya no eras más nada. Ahí comenzó otra guerra. Llevamos 40 años combatiendo»

Juan Carlos Lescano, sobre la indiferencia de los distintos gobiernos de turno para con los excombatientes.

La situación se volvió crítica para todos los veteranos de guerra. Muchos tomaron la drástica decisión de quitarse la vida, «a raíz de encontrarse solos, sin ningún tipo de ayuda», sostuvo el sanjuanino.

«Estamos más unidos, para que nos escuchen. Hoy, los actos que hacen, no son para los veteranos, son para ellos mismos (políticos), para felicitarse y entregarse premios», comentó.

En contraposición, resaltó que la población se portó muy bien: «recibió a los veteranos de guerra como pudo, con lo que tenían. Eso todavía me emociona y me deja tranquilo saber que el pueblo es consciente del esfuerzo y sacrificio», recordó con agradecimiento a los argentinos.

En ese marco, agregó que no hubo una educación adecuada para tratar el tema de Malvinas y dirigirse a los soldados que defendieron la soberanía de las Islas en 1982: «nosotros nunca vamos a sonar como San Martín o Güemes, pero nuestro sacrifico fue enorme; muchos compañeros dejaron su vida, tenían mucho por delante. Entonces, ese es el dolor que hoy tiene el veterano de guerra». A lo que sumó el temor de perder la lucha por el reconocimiento, ya que «todos se están muriendo». «Los que fueron con 18 años a la guerra, ya tienen 60 años. En 10 años más, no va a quedar ningún otro combatiente», sumó.

El recibimiento de su familia y el adiós a las fuerzas armadas

Luego de hablar sobre el recibimiento que tuvo en el país, tanto por las autoridades como por el pueblo, resaltó a su familia. «Mi familia estaba muy preocupada. Cuando regresé, sin lugar a dudas, fue una alegría», recordó.

En ese marco, agregó que, tras comentar sus vivencias, se presentó una situación. «¡Andate de las fuerzas armadas!», le pidió su esposa. Esta fue una de las decisiones más difíciles de su vida, pero «tuve que hacerlo».

«Fue muy duro, duro porque la historia de estar en las fuerzas armadas es una historia personal muy importante. En San Juan, en el año 69 o 70, los jóvenes que no teníamos tantos medios para estudiar, veíamos en las fuerzas armadas una gran oportunidad. Eso sí, tenías que amar tu país y tus colores», mencionó sobre su decisión.

Después de su renuncia, Juan Carlos Lescano ha vivido una vida de película y son interminables sus anécdotas alrededor del mundo entero. Recorrió numerosos países para prestar servicios de buzo y de maquinista. «Tuve éxito. Era solicitado por distintas empresas. Con esa profesión viajé por todo el mundo: estuve en Francia, Brasil, Estados Unidos, Chile», contó.

«No quiero ir a Malvinas a pasear»

Al ser consultado sobre si regresaría al lugar del conflicto, Lescano fue tajante y expresó su negativa: «no quiero ir a Malvinas». «Estuve mucho tiempo en frente del pueblo. Pero cuando volví de Malvinas, parece que se terminó el tema. Me dio pena, porque Malvinas no es sólo una isla, sino todo un símbolo. Además de contar con numerosos recursos naturales, es el recuerdo, siempre doloroso, de la forma en la que nos las arrebataron», argumentó.

Las medallas de Lescano: una es del Congreso Nacional, otra de la Armada Argentina y otra de los 20 años de la Guerra de Malvinas. Foto: Josué Lima para DIARIO MÓVIL.

Juan Carlos Lescano hoy está próximo a cumplir 69 años, tiene tres nietos y una profesión que lo ha llevado por diferentes destinos del planeta; sin embargo, la experiencia de Malvinas fue determinante en su vida, lo marcó y actualmente, a 40 años de esa gesta patriótica, todavía sueña con ver a la bandera argentina flamear en ese territorio. Sin pensarlo ni un momento, afirma que «volvería para combatir».

 

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