Desde ADENTRO, la inspiradora historia de Los Espartanos: “esto me salvó la vida”

Al rededor del 1% de los internos del Servicio Penitenciario de Chimbas, que pasaron por la Fundación Espartanos, volvieron a caer en la delincuencia. Por su parte, más del 70% logró reinsertarse social y laboralmente. “Les brindamos herramientas para que vuelvan a la vida”.


Foto exclusiva de Josué Lima para DIARIO MÓVIL.
Por Josué Lima

La Fundación Espartanos inició a fines del 2017, en San Juan, y muestra buenos resultados, en el Servicio Penitenciario de Chimbas. Son entre 70 y 100 internos que participan del rugby en el interior de la cárcel y solo el 1% de ellos cae en la reincidencia. La increíble historia del rugby, en el Penal, va más allá de los pabellones.

El rugby se convirtió en un cable a tierra para ellos y en un medio de esperanza por la reinserción social. El deporte y educación ya son las motivaciones para volver a la vida, acercarse a la familia y, una vez que recuperan la libertad, no regresar a la cárcel. En ese marco, DIARIO MÓVIL se interiorizó sobre esta fundación que, al vivirla desde adentro, parece de película.

Foto exclusiva de Josué Lima para DIARIO MÓVIL.

Para desglosar la vida de los Espartanos sanjuaninos, es importante conocer la historia a nivel nacional. Surge en provincia Buenos Aires, precisamente, en el Complejo Penitenciario de San Martín, en su Unidad N°48. Un «loco» por el rugby tenía intenciones de conocer un penal. Se trata de José «el Gringo» Cilley, quien jugó en el San Isidro Club (SIC) y recurrió a un amigo y compañero de camada, para visitar la cárcel, según lo contado por Federico Gallardo, en su libro «No permanecer Caído: la historia de Los Espartanos» (Rosario, 2020). «El Gringo» habló con Eduardo «Coco» Oderigo, ex secretario del Juzgado Federal de San Isidro, quien fue el que marcó un antes y un después para cientos de internos, en la Argentina.

Cuando Cilley por fin pudo conocer el penal, realizó una visita guiada junto a «Coco» y conocieron las unidades 46, 47 y la 48, esta última las más conflictiva. Se encontraron con una cárcel «superpoblada, asfixiante, gente apagada», cuenta en su libro Gallardo. «Sus rostros reflejaban la tristeza de saber que perdieron todo…», detalló.

«Me gustaría enseñarles a jugar al rugby», lanzó Coco al Director del Servicio. La burocracia hizo las cuestiones difíciles y los prejuicios hacia ese deporte, también. «Es muy violento y acá va a ser como tirar nafta al fuego», le respondió la autoridad. Sin embargo, Coco insistió, hasta que logro pactar el primer entrenamiento.

Cilley no quiso acompañarlo, pues, su intención, solamente, era conocer las instalaciones de una cárcel. Ante eso, Oderigo llamó a Santiago «el Longa» Artese, quien aceptó inmediatamente. Juntos, fueron al primer entrenamiento. Fue un martes a las 9:30, cuando llegaron y sorprendieron con su presencia. Nadie creyó que irían, pero ahí estaban. Con algo de miedo, optaron por comenzar por el Pabellón 1, el de los «evangelistas» (los de mejor conducta). Sin embargo, la cantidad de concurrencia no fue óptima, solo uno aceptó participar.

En ese marco, en la cancha, había dos «grandotes», quienes se dedicaban al mantenimiento y pertenecían al Pabellón 12 de la Unidad N°48. Sí, el catalogado como el más peligroso. Ambos consultaron si podían jugar y, ante el visto bueno, fueron a buscar a compañeros. Volvieron con otros 9 internos. «El director se desfiguró y el evangelista se puso tenso», relató Gallardo en su libro, ya que eran todos del 12. Pese a ello, el primer día fue un éxito y los reos consultaron cuándo iban a regresar. Longa y Coco prometieron: «todos los martes» y así fue. Con lluvia o viento, ahí estaban. Eso fue valorado por los internos y comenzaron a sumarse más a las prácticas, gracias a la difusión que se hizo entre ellos mismos.

El rugby inició a fines del 2017, en el interior del Servicio Penitenciario de Chimbas. Foto exclusiva de Josué Lima para DIARIO MÓVIL.

El día 2, fue el del bautismo al equipo, cuando le pusieron el nombre que, actualmente, lleva la Fundación. Se dio gracias a ese «grandote» del Pabellón 12, apodado como «El Gordis». Fue quien estuvo toda una semana pensando en Rugby y convocó a numerosos internos, para el segundo entrenamiento. Entonces, en la habitual ronda previa al inicio, levantó la mano y pidió la palabra: «Este equipo ya tiene nombre. Somos ‘Los Espartanos’, porque yo veo todas las noches la película 300 y el espartano no tiene dolor, ni sufrimiento, no siente el calor ni el frío… y así somos nosotros», expresó.

Así surgieron. Los Espartanos comenzaron y, gracias a ellos, inició una fundación que «rescató» a miles de personas que delinquieron y pagaron por sus actos.

¿Cómo surgieron en San Juan?

En San Juan, por su parte, la historia continúa. Inició, en 2017, con una experiencia similar. En el Servicio Penitenciario de Chimbas hay varios Cocos, varios Longas, varios Gordis. Entre ellos resaltan Gabriel «el Cabezón» Pizzarro, ex jugador profesional de rugby, surgido en el Jockey Club, con trayectoria en la Selección Italiana. También, Diego Marcotti, actual director de la Fundación; Juan Pablo Ratta, voluntario imprescindible, al igual que los integrantes del área de Deporte del Penal, dirigida por Darío Atencio. Además, el secretario de Ejecución Penal de la provincia, Dr. Federico Zapata, quien fue la persona que hizo posible la aplicación del rugby, en el Penal, tras la propuesta de un interno.

Este último es Eduardo Giménez, una de las personas privadas de su libertad. Le propuso al jefe del Área de Deportes del Servicio Penitenciario, Darío Atencio, comenzar a practicar rugby. Luego, la historia tomó un rumbo similar que el de la Unidad N°48 de San Martín.

Eduardo Giménez, en un día de práctica deportiva, propuso jugar al rugby en el interior de la cárcel sanjuanina. Foto exclusiva de Josué Lima para DIARIO MÓVIL.

La figura de «el Gordis» se ve reflejada en la de «Giménez». El joven contó a DIARIO MÓVIL que, desde los 7 años, practicó la disciplina, en el San Juan Rugby Club, y tiene bien claro los valores que transmite el deporte.

Al igual que el interno porteño, el sanjuanino se inspiró en un film. «Arrancó todo a través de la película Invictus. Lo propuse como una distracción y recreación para el pabellón», contó Giménez.

Invictus, la película en la que se inspiró Giménez. Retrata la vida de Nelson Mandela, tras conseguir su libertad y lograr ser presidente de Sudáfrica. Luego, motivó la unión y a Los Springboks a obtener Copa Mundial de Rugby de 1995. Foto: Captura de video.

Con el paso del tiempo, los chicos que iniciaron en Los Espartanos a nivel nacional visitaron el Penal chimbero y eso lo motivó. «Le consulté a Atencio, para ver qué posibilidades había para tratar de implementarlo al rugby acá en la cárcel», relató.

«Ahí arrancó todo, precariamente al principio», contó Giménez. Las instalaciones no eran las óptimas. El predio contaba con un espacio contaminado con piedras y espinas. Sin embargo, ellos mismos, a pulmón, trabajaron para tener un pequeño lugar en condiciones. El Jefe de Deporte, Atencio, por su parte, contó que comenzaron solo con una pelota (o guinda) que tenía el propio Giménez. El profesional se dedicó a dar la parte física, mientras que el interno guio a sus compañeros técnicamente.

En ese marco, Giménez resaltó el apoyo de Darío Atencio y, en su momento, de otros protagonistas como Ricardo Aguilar, Carlos Suárez: «ellos me dieron una mano para arrancar», destacó el espartano. «Porque todos se asustaban. Decían que era un deporte de agresividad, que íbamos a terminar todos a las piñas«, mencionó. «El propósito mío era enseñar los valores del rugby a todos los chicos, que por diversos motivos terminaron en este lugar: por no saber valores como el respeto, de no saber agachar la cabeza en momentos justos y no reaccionar espontáneamente», destacó Giménez.

«Con el rugby estamos tratando de mejorar nosotros mismos y demostrarle a la sociedad que sabemos que nos hemos equivocado, que hemos tenido un error. Y, a través de la Fundación, nos ayudan a capacitarnos con las escuelas, con los cursos, con el entrenamiento y nos dan los valores que muchos no hemos tenido. Hay muchos casos de chicos que no han tenido padres, que se han criado solos, en los hogares, en la calle, lo que los ha llevado a delinquir», mencionó.

En la piel… Giménez ama el rugby y entiende los valores que inculca, a tal punto que se lo tatuó en su pierna. Foto exclusiva de Josué Lima para DIARIO MÓVIL.

Giménez tiene algo de ‘el Gordis’ y así, también, lo cree él. «Me siento identificado con él, en muchas cosas: en el carácter, en las ganas de que mis compañeros cambien, que todos salgan rehabilitados, capacitados, que sean capaces de enfrentar la situación que hay en la sociedad«, concluyó en su testimonio.

Por su parte, el Jefe del Área de Deportes del Penal, Darío Atencio sostuvo que el rugby tiene algo más que otras disciplinas. «La diferencia se implica en que adquieren más valores a nivel deportivo y educativo. Toman conciencia y se enraízan más valores a nivel personal, en los internos«, consignó.

En detalle, agregó que los Espartanos, en San Juan, comenzaron con la impronta de Giménez y se impulsó con la colaboración de Federico Zapata. «Él tuvo el contacto a nivel Buenos Aires. Además, vinieron otros colaboradores voluntarios que con el tiempo fueron cambiando y, hoy, estamos con la colaboración de Diego Marcotti», explayó.

Giménez acatando las ordenes de su entrenador, el colaborador y director de la Fundación Espartanos, Diego Marcotti. Foto exclusiva de Josué Lima para DIARIO MÓVIL.

«Se empezó con un grupo muy minoritario de internos. Le dábamos actividades físicas y recreativas y dentro de ellas agregué en la currícula la parte de lo que es técnicas y estrategias de rugby. Comenzamos con 20 y, aproximadamente, ya tenemos entre 70 y 100 internos que están practicando rugby«, contó.

Actualmente, entre 70 y 100 internos, de distintos pabellones, participan de Los Espartanos. Foto exclusiva de Josué Lima para DIARIO MÓVIL.

Por otra parte, mencionó que, en principio, las autoridades no confiaron en implementar esa disciplina, en el Penal. «Fue una decisión muy importante por parte de ellos en aceptarlo. Porque pensaban que era un deporte muy de contacto e iban a generar daños entre ellos, pero no. Nos dio muy buenos resultados. Nos llevó a que aprendan a desarrollar la impronta deportiva, la relación interpersonal, la relación con otros internos de otros pabellones. Eso se fue enraizando cada vez más, lo empezaron a ver mejor y me dieron más apoyo para continuar con el rugby», recordó.

Solo el 1% de los Espartanos que recuperan su libertad vuelven a reincidir

Otro de los aspectos más importantes, para esta fundación, es la reinserción social y laboral de cada uno de los internos. En esa línea, Atencio explicó que se les ofrecen capacitaciones, en distintas áreas laborales como informática, electricidad, o carpintería. Además, se les posibilita culminar los estudios primarios y/o secundarios y, también, pueden acceder al nivel terciario o universitario. Gracias a esos recursos, sumado a los valores del rugby, inculcados, lograron buenas estadísticas, en lo que refiere a reincidencia: «es muy poca, solo el 1%, el resto no reinciden. Encuentran un lugar en la sociedad o un trabajo. Se les abre una puerta, ya que el trabajo que hemos hecho desde Deportes, en conjunto con Espartanos, es brindarles todas las herramientas fundamentales, para que puedan desempeñarse en la sociedad y que la sociedad los acepte», expuso.

Los «Forward» espartanos, en pleno entrenamiento. Foto exclusiva de Josué Lima para DIARIO MÓVIL.

Por otra parte, rescató que los internos valoran y respetan a los voluntarios, que ocupan de su tiempo para ir a entrenarlos. «Los reciben muy bien, principalmente, porque tienen la capacidad de venir de forma voluntaria, exponer sus grandes experiencias de juego, como técnicos que son afuera, y le ponen ese empeño, esa impronta de tanta voluntad, para enseñarles un deporte a personas privadas de la libertades y valores fundamentales», expresó Atencio.

«No son internos, son mis alumnos»

El colaborador voluntario y actual Director de deportes de la Fundación Espartanos, Diego Marcotti, sostiene que cada uno de los integrantes del equipo son sus alumnos. «Tengo a cargo unos 45 internos, los cuales no los llamo así, sino directamente son mis alumnos», sostuvo. Al respecto, aseguró que son personas con serias intensiones de cambiar: «el deporte los está motivando, para que su vida tenga un desarrollo positivo el día de mañana», mencionó.

«Este deporte, que nos hermana, es de gran ayuda para ellos»

Diego Marcotti.
Diego Marcotti. Foto exclusiva de Josué Lima para DIARIO MÓVIL.

Según Marcotti, cada espartano tiene en la cabeza seguir con la vida deportiva y en esa disciplina, fundamentalmente. «Incluso, se les ha ofrecido formar una agrupación de rugby independiente, más allá de la fundación, que sería el padrinazgo», reveló a DIARIO MÓVIL, en referencia a aquellos jugadores que ya consiguieron la libertad. «Todo esto lleva a que su conducta, su estadía, la situación que les toca vivir sea más llevadera. Sabemos todos que esta situación no es fácil, la convivencia no es fácil, el día a día, la situación de la familia, se envuelve todo, a través de dificultades que tienen que transitar», destacó. En ese marco, procura que se haga todo lo posible, «para que ellos se sientan, positivamente, comprendidos y dándole una mano importante para que tengan lo mejor, para un futuro cercano».

Marcotti, al igual que Giménez y Atencio, valoró la acción del Secretario de Ejecución Penal, Federico Zapata, en impulsar la actividad, dentro del Servicio Penitenciario de Chimbas. Recibió la invitación, personalmente, para formar parte de lo que para él es un «proyecto maravilloso» y se mostró orgulloso.

«Esta gente, la verdad, te abraza, te valoran, te dan todo el tiempo de ellos y uno también se predispone para escucharlos y entender la situación que les toca vivir», expresó sobre los internos, quienes respetan su labor dentro de la fundación.

«Esta gente te abraza», expresó Marcotti, sobre los espartanos. Además, los propios integrantes lo describen como una persona que está para ellos en todo momento y para grandes consejos de vida. Foto exclusiva de Josué Lima para DIARIO MÓVIL.

«Más allá de transmitir los valores humanos y educativos, el rugby transmite el valor de la hermandad. A partir de eso, ponemos sobre escrito que necesitamos, día a día, que ellos compartan, como si fueran una familia. Nosotros nos retiramos del Servicio, después de haber hecho nuestra tarea, nuestra labor, que tiene mucho de deportivo, pero mucho más humanitario y ellos han empezado, a partir de esos valores del rugby, a convivir de otra manera. De lo cual estamos muy felices y conformes, porque, realmente, es el objetivo», concluyó Marcotti.

Otro de los colaboradores voluntarios, el ex jugador de Universidad, Juan Pablo Ratta. Foto exclusiva de Josué Lima para DIARIO MÓVIL

«Es una nueva vida»: el testimonio de un ESPARTANO con esperanzas de iniciar una nueva vida

Se trata de Elías Emanuel Catalini, un joven de 29 años que admitió sus errores y está pronto a culminar con su condena. Motivado, gracias al rugby y a la fundación Espartanos, asegura que su vida cambió por completo.

Foto exclusiva de Josué Lima para DIARIO MÓVIL.

En ese marco, también dialogó con DIARIO MÓVIL para compartir sus sensaciones. Entre ellas, las ganas de salir, culminar sus estudios, trabajar y aportar a la sociedad, son sus grandes anhelos.

«En pocas palabras, es una nueva vida», resumió, luego de describir su paso por Espartanos, en el último año y medio.

En imágenes y en primera persona, conocé la historia de Los Espartanos de San Juan

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