La profesión que no se pierde en San Juan, gracias al universo del vino

Los enólogos y enólogas de la provincia, a pesar de la crisis económica  aseguran que «siempre hay trabajo» y las nuevas generaciones pueden encontrar «valiosas oportunidades de crecimiento». Sin embargo, anhelan que la indstria vitivinícola retome los niveles de crecimiento.


En Argentina, los enólogos han desempeñado un papel fundamental en los últimos años, desde la enología correctiva, hasta la cualitativa y en San Juan sigue siendo una de las profesiones más demandadas.

A pesar de que el contexto económico nacional no es el más alentador y de alguna manera afecta a la industria vitivinícola, en el sector todavía hay expectativas de un cambio.

«Siempre aparecen nuevas generaciones que nos sorprende, por su empuje y ganas, algo que nos pone muy contentos», comentó Pedro Pelegrina, presidente del Consejo de Enólogos de San Juan, que hace días atrás celebró el Día del Enólogo, entre anécdotas e historias, en un espacio de rélax.

Los primeros matriculados son los egresados del Instituto Superior de Enologia y Frutihorticultura y de la Licenciatura que se dicta en la Universidad Católica de Cuyo.

«Trabajo hay, no podemos decir que nos falta trabajo y en la medida que los jovenes se van recibiendo, pueden ir insertándose, no solo en la industria del vino, sino también en la olivícola. También pueden elegir como campo laboral el control de calidad o laboratorio. Siempre es rotativo porque los colegas se van retirando y dejando el lugar a los más jóvenes», señaló Pelegrina a DIARIO MÓVIL.

Además, destacó que «lo idea sería que la industria creciera en forma permanente y la demanda fuera más alta».

Sobre el trabajo en sí, explicó que «el foco está puesto de enero a junio». «Para un enólogo, el primer semestre del año se pasa muy rapido, pero el que se tranquiliza mucho en ese semestre tiene problemas en el próximo».

Cata de vinos, la vidriera.

Sin dudas, uno de los eventos más esperados por los enólogos es la Cata de Vino, que este año llegará a su edición número 34 en forma ininterrumpida. Ni siquiera la pandemia pudo suspender, porque se hizo en forma virtual, con el mismo éxito de todos los años.

«Este evento es una caricia al técnico que logró una medalla, que puede poner una estampilla en su vino, eso hace bien a su ego y a la marca que está vendiendo. Se ve reflejado el trabajo, todos los que traen sus muestras se esmeran para ello y quieren obtener un premio. Todos los años se van superando permanentemente y eso es lo bueno de la Cata», destacó el titular del Consejo de Enólogos.

 

 

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