Sanjuanino recibió un trasplante de riñón de un amigo: «me cambió la vida»

Carlos recibió un trasplante de riñón de un amigo, lo cual no solamente le cambió la vida, sino que lo transformó en un motor para lograr que más pacientes lleguen a su situación.


El pensar en que otras personas pueden tener problemas mayores y los vencen es una constante en la sociedad, y este paciente es un ejemplo claro acerca de cómo superar las dificultades con una gran esperanza y con un agradecimiento total a quienes lo ayudaron a subir cada escalón.

En medio de su trabajo diario, de su angustia diaria de esperar un donante de riñón que solucionara sus problemas de salud que se acrecentaban, una puerta luminosa e inesperada se abrió para este mecánico chapista que cerca de recibir el alta después del trasplante nos cuenta su historia.

“Un día voy a comprar una garrafa de gas y me encuentro con mi amigo Raúl, hacía mucho que no nos veíamos, fuimos compañeros de jardín de infantes y de la primaria, además vivíamos cerca, así que siempre nos juntábamos. Ese día él andaba en bicicleta y me ofrecí a acercarlo a su casa y conversábamos en el trayecto. Él había perdido a un primo por una insuficiencia renal, quiso donarle el riñón pero no se llegó a tiempo y se quedó con ese deseo de hacerlo. Estas cosas sólo pueden salir de personas muy puras como él. Cuando llegamos a su casa me dijo: –yo te voy a dar el riñón”.

Carlos no lo tomó muy en serio, pensó que era un cumplido porque le había llevado con la garrafa. “A la semana aparece él por mi casa: -¿preguntaste qué hay que hacer para donar? y así fueron tres semanas más. Yo no le creía. Hasta que un día me dice -Mirá Carlos, ¿Vas a querer o no el riñón?!, porque si no, no vengo más!- y le expliqué que yo no le creía, que pensaba que lo hacía por compromiso. -No, yo lo estoy haciendo de corazón!- me dijo. Mirá que yo no tengo nada para ofrecerte, le dije. – yo te pedí algo?- me dijo. -Yo lo hago por la amistad que tenemos desde niños-. Me sorprendió absolutamente. Y ahí comenzamos. Yo me acerqué a la Dra. Bedini, le pregunté si era posible y cuáles eran los pasos a seguir”.

A partir de allí, Carlos y Raúl comenzaron a realizarse estudios y análisis para comprobar si eran compatibles, los cuales afortunadamente determinaron que Raúl podía ser un potencial donante y de ahí en más seguir realizando muchos estudios más, todo en una situación difícil porque estaban en plena pandemia de Covid.

“Luego hubo que ir a la parte legal. Nos presentamos en el Cuarto juzgado de Familia, con la Dra. Vargas y le planteé mi situación y la de Raúl, que al no ser familiar directo tenía que existir la autorización de un juez para que pueda ser donante. Yo en esa etapa ya tenía líquido en los pulmones, estaba mal, me agitaba de solo caminar. Seguimos el expediente, tuvimos que presentarnos a una audiencia con dos testigos que dieran fe de que no había una intención económica o de otro interés para la donación. Después el juez nos pedía más estudios y todo se empezó a demorar. Entonces presenté un escrito haciendo cargo al juez de cualquier problema que me pudiera ocurrir si no llegaba al trasplante a tiempo. Me sirvió porque en 72 horas me autorizó. Siempre la mano de Dios estaba detrás de todo” comenta el flamante trasplantado.

“Se puso muy contenta la Dra. Bedini y también Natalia, la secretaria de la Unidad de Trasplante, que es la que lleva todos los expedientes y es una ayuda fantástica para todos. La Dra. Bedini me dijo que había que apurarse porque sabía que estaban próximos unos trasplantes y quería que llegáramos nosotros también para esa fecha. Llegamos con todos los estudios que había que hacer casi al límite de la fecha y llegamos juntos al trasplante con los otros tres chicos, dos de donante vivo y uno de donante cadavérico. Llegó el trasplante y todo salió perfecto. Estoy muy bien y mi donante también. Ya no es un donante ni un amigo, es un hermano, no cualquiera hace lo que hizo él”.

La necesidad de donar

Carlos no deja de pedir a la gente que exprese manifiestamente que quiere donar sus órganos ni deja de agradecer toda la ayuda que recibió: “A todos les pido que sean donantes. Los órganos hacen falta en la tierra, no en el cielo, sirven para salvar vidas. Tenemos un equipo de Trasplantes de primer nivel, un hospital maravilloso en equipamiento e infraestructura, no te tenés que ir ni a Mendoza ni a Córdoba o Buenos Aires. Te lo hacen acá y con una vocación inmensa, son de primer nivel. Ellos piensan primero en el que te va a donar, si no está todo perfecto no se hace, no hacen un trasplante por hacerlo. Cuando desperté de la anestesia venían todos a cada rato a verme. Me desperté de la cirugía y estaba el Dr. Fernando Martíncon la bolsita de la orina en la mano y me gritó: ¡Carlos, ya estás orinando!, con una alegría como si fuera un familiar mío. Eso te pone muy feliz, ver la preocupación y la alegría de ellos. Entonces en San Juan hay que aprovecharlo, que tenemos un hospital y unos médicos maravillosos, profesionales de primer nivel. Yo estuve cuatro años en diálisis y son todos increíbles, los que te conectan, los médicos, los enfermeros, los que te traen la comida, todos te tratan de mil maravillas. Yo los siento como de mi familia”.

“Yo entré en diálisis y estaba asustado, me cambiaba la vida. Pero me atendieron tan bien que iba con ganas, hasta nos festejaban los cumpleaños, nos hacían fiestas. Yo me he dializado en otros lugares, en Mar del Plata, en Buenos Aires, en La Plata, y cuando les mostraba a los otros pacientes lo que hay en San Juan, las comodidades que tenemos, cómo nos tratan, la enfermera Betty Zamora que nos canta, la manera en que te contienen, te da gusto venir. No lo podían creer, les daba envidia. Yo pasé por todo eso, ya estoy trasplantado, ahora tengo otra vista de la vida y me voy a dedicar a disfrutar de vivir. Le agradezco a Héctor Raúl Torres, que es el donante, mi hermano ahora. Al equipo de trasplantes, a todo el Hospital Rawson que se portaron bien conmigo desde el primer día. A la gente le puedo decir que tenemos el mejor hospital acá, y lo digo después de conocer otros lugares”.

Un propósito muy firme: Ayudar como lo ayudaron

Carlos se ha convertido en un soldado de la donación y no piensa parar: “Yo ahora quiero que la gente conozca, que sea donante, que entienda que puede dar vida, pueden ser héroes para los demás, que sus órganos no les van a servir cuando se mueran pero pueden darle otra vida a los demás. Saber que podés salvar muchas vidas por ser donante debiera ser un orgullo para todos, ¡debemos hacerlo!. Yo he visto a niños en diálisis, que esperaban un trasplante, eso es muy fuerte. Y ahora que estoy sano quiero luchar para que los dos compañeros de diálisis que faltan trasplantar, Alejandra y Luciano, lleguen también a su trasplante. Ojalá sea pronto”.

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