Día del Padre: Una profesión "reinventada"

Interés General
El antiguo "jefe de hogar" combina hoy nuevas tareas con una "autoridad" que está en discusión. ¿Qué hacer en estos casos?

 

¡Feliz día del Padre!

 

Fuente: Por Sebastián Ríos para La Nación

Los vemos conversar con sus pares en la puerta del jardín, en una charla en la que se mezclan los goles del Mundial con los preparativos del próximo acto escolar. También puede observárselos recorrer los pasillos del supermercado con sus hijos sentados en el carrito o colgados en esas mochilas canguro tan de moda. Alternan tareas hogareñas como cocinar, ordenar o, incluso limpiar, y pueden pasarse horas jugando en la Play con los chicos, como si fueran sus amigos, no sus padres. O, por lo menos, no como esos padres de antaño cuya única vía de contacto con los chicos tomaba la forma del reto o del "eso no se dice, eso no hace, eso no se toca".

Las rutinas masculinas cambiaron en los últimos años sumando responsabilidades que antes eran exclusivas de la mujer. En algunos aspectos el saldo se presenta como positivo: hoy el hombre se involucra mucho más en el día a día de sus hijos. Pero al mismo tiempo la figura paterna aparece ante sus hijos con mucha frecuencia desdibujada bajo la forma de un compinche que sólo acompaña, pero que no ofrece guía alguna.

"La función paterna no cambia con los tiempos. En todo caso mutan sus modalidades", responde Sergio Sinay, escritor y especialista en vínculos. quien advierte que "en la actualidad muchas de sus funciones aparecen desdibujadas y debilitadas en parte por una peligrosa confusión entre padre y amigo".

Miguel Espeche, psicólogo y psicoterapeuta, señala por su parte que hoy ser padre "tiene mala prensa", y en la que cualquier intento por ejercer una -necesaria-autoridad ante sus hijos se enfrenta a la posibilidad de ser tildado de autoritario. Es que, como explica la psicoanalista Susana Mauer, "la impronta patriarcal clásica que vertebraba la familia desde la verticalidad fue perdiendo fuerza. La caída temprana del padre del lugar del ideal y cierto debilitamiento de la función parental nos desafían hoy a reinventar los modos de cuidar a nuestros hijos".

Cuidar a nuestros hijos, pero sin reflotar el modelo de padre autoritario de antaño ni perpetuar el compinche que tanto festeja la publicidad mediante simpáticos avisos en los que los padres hacen cosas de chicos, es quizás uno de los desafíos. El punto de partida es repensar cuál es el lugar del padre hoy, en función de sus hijos.

"Quizá la figura del padre pueda ser vista como la de aquel que abre la puerta al mundo y ofrece herramientas y pautas para habitarlo, permitiendo al hijo salir del universo de empatía y cobijo materno que, si bien es esencial en los primeros tiempos de la vida, luego tiene que dejarse atrás a los fines de entrar en el terreno social", sostiene Espeche. Sinay coincide: "El padre es un transmisor de valores para la salida al mundo público y social, y es también quien establece límites orientadores y sanadores, cosa que logrará hacer con eficacia en la medida en que tenga autoridad".

La autoridad, subraya Sinay, se encuentra en las antípodas del autoritarismo: "Se gesta a partir de la presencia, de la conducta, del diálogo, de la participación activa en la crianza de los hijos. El padre no es un impositor de la ley, sino un transmisor". Claro que es difícil ejercer cualquier tipo de autoridad si el padre se coloca en el mismo lugar que su hijo. "La confusión surge cuando los padres creen que lo bueno es ser amigos de los hijos, se visten igual y tienen conductas adolescentes que sólo confunden a los hijos", afirma la psicóloga especialista en familia Eva Rotenberg.

Esa confusión es, incluso, alimentada y sustentada desde distintos lugares. "Muchos mensajes peligrosos emanados desde la publicidad, la moda y también desde algunas corrientes psicológicas o pedagógicas avalan y estimulan esta ambigüedad y fomentan una suerte de populismo paterno cuyo resultado es apagar un faro necesario para guiar la navegación de los hijos por las aguas de la vida, que no son siempre plácidas -opina Sinay-. Esto genera un fenómeno conocido como «hambre de padre», entre cuyas consecuencias figuran la violencia adolescente, la ausencia de normas, la drogadicción y el desorden familiar."

"No es la esencia del padre el satisfacer la demanda" de los hijos, advierte Espeche, "sino marcar algunos rumbos, valores y prácticas, que hacen al habitar el mundo compartido con los otros".

Hoy, en su día, todos los padres reflexionarán casi sin querer al menos un momento sobre sí mismos y el papel que ocupan en la familia. Disfrutar hasta el último minuto de ese camino compartido, adaptándose y ayudando a los hijos a recorrerlo, no como un amigo sino como guía, es una clave de estos tiempos.
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