Thiago y Lola, dos guerreros sanjuaninos que tendrán una mejor calidad de vida

Thiago y Lola son dos pequeños que tienen una historia con muchas dificultades y que
a pesar de eso hoy pueden hacer cosas que días atrás parecían imposibles.


Estas dos historias se unieron en el Hospital Rawson, uno de los centros de salud públicos más importantes de la Provincia. Allí tanto Thiago Malla como Lola Cortez van a hacer su rehabilitación y sus controles permanentes

Thiago es un niño de 3 años a quien le detectaron hidrocefalia cuando tenía 20 días de nacido. Thiago nació un 3 de mayo con tan sólo seis meses de gestación producto de una infección urinaria que le detectaron su mamá Guadalupe. Esa prematurez le produjo esta patología. La joven madre de 19 años tuvo a su hijo con 15 y actualmente está cursando los últimos dos años del secundario. Su papá, otro joven de 22 años, trabaja en el área de seguridad del municipio de Caucete, departamento en el que viven.

Thiago es el único hijo de esta joven pareja, que por ahora no piensa en tener más ya que este pequeño necesita de sus papás a pleno. El niño, aunque aún le cuesta caminar, ha evolucionado gracias un bipedestador que el Ministerio de Desarrollo Humano entregó hace pocos días y que le permite comenzar a movilizarse. Thiago se alimenta sólo y concurre al hospital Rawson donde se rehabilita bajo la mirada de la doctora Garzón. Lo próximo es obtener es una férula para seguir mejorando. Su mamá con una voz alegre y tratando de hablar en medio del bullicio que se escucha de fondo en su casa del Barrio ruta 20 de Caucete, contó con emoción que “Thiago sabe hablar y contar y ahora empieza a moverse”.

Lola Cortez cumple 3 años el 15 de agosto. Padece parálisis cerebral y epilepsia. Virginia, su mamá de 24 años dijo que “esto se debió a que en pleno parto se enredó con su cordón umbilical, lo que le produjo problemas al nacer”. Fue una mala praxis en el nacimiento ya que ella iba a todos los controles y esta situación se sabía. Sin embargo la tuvo por parto natural, lo que produjo que Lola naciera con esta patología. A pesar de esta triste experiencia, la mamá aseguró que “los médicos que hoy atienden a su hija en el Hospital Rawson son unos grosos”.

Virginia contó que si bien no están juntos con el papá de la nena si se acompañan en la ardua tarea de su estimulación. Ella terminó el secundario hace poco tiempo y confesó que “cada vez que iba a rendir, había que internar a la gordita”. Luego de pasar momentos muy difíciles se recibió y también culminó el curso para preceptora.

La pequeña Lola, se alimenta por un botón gástrico ya que en algunas oportunidades tuvo problemas con la alimentación por la mala posición de su cuerpo. La silla postural que le entregó el ministerio de Desarrollo Humano le permite mejorar esta situación. De esta forma, con una alegría que no puede ni quiere ocultar, su mamá contó que  “comenzó a probar nuevamente comida, por ejemplo alguna fruta como la banana, todo licuado, lo saborea.” Lola aún no habla pero en su cara se ve la emoción de los avances que está logrando. Además esta niña se puso de pie por primera vez en su casa del Barrio Aramburu, con el bipedestador que le entregó el mismo ministerio bajo la atenta y feliz mirada de su mamá, que lo celebró con gritos de emoción.

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