El bombero sanjuanino que dedicó su vida a cuidar a los demás

Por más de un cuatro de siglo, este sanjuanino ha arriesgado su vida para cuidar y proteger a la población. Una historia de heroísmo y entrega. 


Foto: Nicolás Mercado para DIARIO MÓVIL.

Carlos Heredia hace 25 años que es bombero, para más precisión desde el 30 de abril de 1993. “El que sea bombero debe ser una cuestión congénita, porque tengo mi hermano que ha sido bombero, pero es la vocación de servicio. En esta profesión uno puede trabajar más en salvamentos. He hecho rescates en montaña, en agua, en incendios y en espacios confinados. He estado muchos días tratando de rescatar personas. Por ejemplo en el caso del dique Cuesta del Viento con la búsqueda que tomó mucho tiempo con las 6 víctimas. Quedaron dos personas en el agua”, contó Heredia.

El rescate en montaña que más recuerda y que fue noticia fue el caso de Guillermo Peralta en el año 2001. “Fueron cerca de 10 días, estaba Chicahuala de Jefe de Bomberos, estuvimos con el Andino Mercedario que es quien lo encontró, y con el Ejército y la Policía. Hubo mucho trabajo en conjunto con clima adverso, y en ese tiempo con los medios muy escasos”, dijo.

Si hablamos de incendios, Heredia relató que “el del rectorado, a nivel estructural, fue el más complicado. Porque las condiciones en las que estaban almacenadas las cosas eran muy adversas. Era grande y había muy mala acumulación o acopio de elementos como papeles. Esto lo hacía impenetrable. Sumado a esto los medios que teníamos en ese tiempo eran unidades de menor porte, no teníamos nada para trabajar en altura, y el edificio no contaba con los elementos para extinguir el fuego ubicados como se debía. Por eso hay que trabajar en la prevención. La tarea para controlar ese siniestro empezó como a las 21:00, estábamos de guardia y había gente aún, incluso personal en horario de oficina. Se pudo extinguir después de casi 10 horas de trabajo. La situación era muy adversa, no podíamos avanzar, o no teníamos protección o no había elementos para poder avanzar. Usamos un hidroelevador de la municipalidad de la Capital para trabajar desde afuera. Yo me subí, pero fue muy difícil porque no estaba diseñado para lo que necesitábamos”, recordó Carlos Heredia.

El incendio que más nos conmovió fue el último, en julio pasado en el Barrio UDAP II, en el que murieron una mujer y dos de sus hijos. “Hay que separar dos cosas. La parte operativa funcionó bien, incluso lo dicen las pericias. Se despejó el aéra para que la ayuda llegara lo antes posible. Pero ahí el incendio nos ganó a todos, no sólo a las víctimas. Más allá de todo, uno le pone mucho empeño y el contexto nos afectó mucho. Más allá que uno está capacitado y preparado, pero nos afecta. El otro siniestro muy fuerte fue en un incendio en Villa Carolina, donde muere un bebé. En ese lugar yo llegué casi inmediatamente después que la dotación porque por mi función me corresponde llegar después a pericias o cuando la situación es más complicada. Cuando estábamos allí, los bomberos compañeros querían buscar al bebé, y vi como uno de ellos levantaba al bebé fallecido llorando se le corrían las lágrimas, pero él seguía con su labor. Ese tipo de cosas afectan, pero enaltecen la función. Por ahí los costos que uno sufre son altos”.

Carlos Heredia sin dudas es un bombero de vocación y aseguró que para serlo “hay que tener ganas, vocación de servicio, una cuestión de actitud. Después uno la va tomando, lo va haciendo propio. La actitud de entregarse, de hacer algo positivo. Yo siempre le pido a los bomberos que entreguen todo, que le pongan mucha fuerza a lo que se hace”, expresó el experimentado bombero.

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