PELEA POR SU VIDA, trabaja, vive sola y sueña con recibirse

Florencia tiene 23 años y pelea contra el síndrome de Wolfram, una rara enfermedad neurodegenerativa. Padeció duros momentos por esa enfermedad y su diabetes insípida, sin embargo nunca bajó los brazos

Florencia afronta todo tipo de problemas de salud desde que tiene 6 años. Cuando era chiquita, la diabetes le enseñó a cuidarse y a mantener un perfil bajo frente a la mirada prejuiciosa de los demás: no quería ser la “diferente”. A los 15 tuvo que empezar a usar audífonos y, al poco tiempo, le diagnosticaron diabetes insípida (ocurre cuando el cuerpo no puede regular el manejo de los líquidos). Pero no bajó los brazos.

Cuando cumplió 18, decidió que quería estudiar psicología y empezó la facultad. Se dio cuenta de que cada vez veía menos y, tras algunos exámenes, le indicaron que tenía una atrofia del nervio óptico. “Los médicos me dijeron de todo, hasta que me iba a quedar ciega”, recuerda. En la Fundación Favaloro le explicaron que la razón de sus complicaciones tenía nombre: síndrome de Wolfram, una rara enfermedad neurodegenerativa.

Florencia continuó su camino académico y consiguió trabajo, no sin dificultades. Su primer jefe no pudo comprender sus limitaciones.

En la facultad, hace poco no pudo rendir un final porque no le habían agrandado la letra para que pudiera leer las consignas. Tiene que lidiar con mareos habituales y le asusta ir al médico. Ya no quiere recibir malas noticias.
A pesar de todo, ella sigue en pie. El año pasado se mudó sola y encontró un trabajo definitivo gracias al Servicio de Colocación Laboral Selectiva para Personas con Discapacidad (SECLAS). “Quiero recibirme. Me veo como psicóloga. Me gusta ayudar al otro”, sostiene. “La vida es un camino y tengo muchas herramientas para poder caminarlo y manos de las que agarrarme”.

Fuente: La Nación

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