Misión ceguera, cumplida: en un fin de semana 450 personas volvieron a ver

Para muchos fue volver, de alguna manera, a la vida. Eran prácticamente ciegos,
dependían de otros para moverse o hacer las cosas más simples. De pronto, se abrió la
posibilidad de operarse de cataratas de manera gratuita. Fueron 450 personas que
llegaron desde distintos puntos de Salta a la ciudad capital y los atendió un equipo
integrado por médicos del sector público y del privado. Fue un esfuerzo común y los
resultados, excelentes.

Desde que estudiaba, a Gerardo Valvecchia, oftalmólogo recibido en la Universidad de
Buenos Aires, le rondaba la idea de atender a quienes no tienen cobertura social. A comienzos de año se sumó a una misión a Mozambique, en África, y allí mismo convenció a los integrantes de la Fundación Elena Barraquer de replicar el modelo en Argentina.

Así nació “Misión Ceguera” que, durante un fin de semana de octubre, revolucionó el
hospital Materno Infantil de Salta. Cincuenta profesionales participaron del operativo al
que se sumaron el Ministerio de Salud provincial, el Consejo Oftalmológico Argentino;
la Sociedad de Oftalmología de Salta y la fundación española. Para la logística -traer
gente de cientos de kilómetros y alojarlos- se ocupó el Club de Leones.

Valvecchia contagia energía y, asegura, que él mismo se contagió de la de Elena
Barraquer, que durante los cuatro días en el norte argentino operó a su lado. Coinciden
en que si bien las cataratas no son mortales, matan aspectos de la vida. A los pacientes
todos los tratan con paciencia y dedicación y ellos se sienten reconocidos, además de
agradecidos.

Desconocen los detalles del procedimiento que llevó meses de preparación, de
voluntarios recorriendo las zonas y eligiendo los pacientes. Solamente saben que en los
próximos días verán. Para algunos de los más viejos es la oportunidad de conocer los
rostros de sus nietos más chiquitos y, para otros, una chance de recuperar
independencia.

Para Valvecchia la acción es una manera de devolver lo que le dio la universidad pública.
En el Consejo Oftalmológico ya trabajan para que el mismo esquema se pueda hacer en
otras provincias. “No se puede permitir que hoy haya ciegos en el mundo por una
catarata -repite el médico-. Es muy satisfactorio ver un día después la felicidad de la
gente que volvió a ver”.

En el trabajo no hay diferencias entre “locales” y “visitantes”. Barraquer elogia la
capacidad y calidad médica de los argentinos. La fundación donó todo el material para
las cirugías; lo mismo hace en los diferentes lugares del mundo donde despliegan estos
procedimientos aunque muchas veces los quirófanos son carpas levantadas en medio de
la nada.

Para quienes entienden que el Estado debería hacerse cargo de estas cuestiones, los
organizadores responden que creen en el trabajo conjunto, en la unión de fuerzas para
mejorar la calidad de vida de la gente. “Se trata de tender una mano”, mencionan a dúo
Barraquer y Valvecchia que ya planean otra misión juntos.

Fuente: La Nación

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