UNA GUERRERA: Nació con parálisis cerebral, tuvo cáncer y hoy da clases de CrossFit

Los médicos les dijeron a sus padres que no podría caminar, hablar, leer, ni escribir. Desde ese día, no deja de sorprender a su entorno superando una y otra vez, cualquier obstáculo que se le presente.

Pareciera que tiene su propio diccionario, donde la palabra imposible tiene definitivamente otro significado. Stephanie Hammerman, de Carolina del Norte, Estados Unidos, es conocida como “la chica martillo” (The Hummer) por un juego de palabras entre su apellido y la fortaleza que demuestra tanto desde lo físico como desde su carácter.

«Desde el momento en que tomé mi primer aliento, era obvio que los planes para mi vida iban a ser diferentes», afirma Stephanie, quien se graduó en la universidad y aprobó un máster, pero no lograba sentirse satisfecha. «Sentía que estaba viviendo mi vida por otras personas, que estaba cuidando a todos a mi alrededor y que me olvidé de cuidarme a mí misma«, le dijo a la revista People.

Buscando un cambio más saludable, conoció a un entrenador que supo acompañarla en cada objetivo que se puso por delante en esta nueva elección de vida. El primer propósito fue participar de una maratón. Stephanie logró alcanzar la meta en 4 horas, 34 minutos y 16 segundos. Esa experiencia desató en ella la pasión por el entrenamiento y en 2012 probó una clase de CrossFit. “Me enamoré”, lo resume sencillamente, y no se detuvo hasta obtener la certificación oficial de entrenadora, la primera que alcanza alguien con parálisis cerebral.

Hoy tiene su propio gimnasio, con alumnos que van desde los 6 hasta los 69 años y también brinda charlas de motivación a quien quiera escucharla. «No todos los días fueron fáciles», remarca Stephanie y recuerda que en 2016 un nuevo diagnóstico quiso vencerla: tenía linfoma de Hodgkin en estadio 3B, un tipo de cáncer que se desarrolla en los ganglios linfáticos y durante las 29 semanas de su tratamiento ella no suspendió jamás su entrenamiento. “Recuerdo que pensé: no tengo tiempo para el cáncer. Tengo tanto que quiero hacer y tanta vida que quiero vivir “, recuerda y agrega: «Al entrar al consultorio, miré al médico y le dije: ‘Dime qué quieres hacer y lo haré'».

Finalmente, este diagnóstico también fue superado y hoy disfruta de ser la primera atleta adaptativa, por lo que ella aclara: “Uno no es un atleta adaptativo, es un atleta que tiene necesidades adaptativas”, y se anima a plantear otro objetivo: «Ahora puedo abrir puertas para otras personas y cambiar lo que significa ser una atleta de élite».

 

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