Una ENFERMERA denunció que es MALTRATADA por su jefa: «Sos negra y gorda»

«Que sos tarada que no entendés», o «negrita salteña», o «gorda», son los apelativos comunes de su jefa en Rosario de Lerma, Salta.

Foto: El Tribuno Salta

Hace dos años padece de violencia y discriminación laboral. Nunca habló de lo que padecía porque asumió como algo normal la situación. Pero ahora todo estalló porque tiene problemas de salud.

Felisa está a punto de jubilarse. Trabaja desde hace 35 años en el hospital público de Rosario de Lerma y debido al estado emocional por el que atraviesa no quiere volver a su puesto laboral.

Dice ser discriminada por su jefa por ser gordita, morocha y salteña. En estos últimos dos años ha escuchado lo peores apelativos a sus espaldas. Los reproches subieron de tono en estos meses. Ahora tiene miedo y salió a pedir ayuda.

Lamentablemente no le tomaron la denuncia en una comisaría porque le aconsejaron que diera aviso primero a sus jefes y luego a la Justicia. Pero uno de estos superiores es parte de la discriminación y el acoso laboral que padece desde hace un tiempo.

El Tribuno habló con Felisa Demetria Morales de 58 años. Ella con mucho esfuerzo se recibió de técnica superior de laboratorio y en Rosario de Lerma es muy conocida.

¿Quién no pasó por sus manos para una extracción de sangre al acudir al Joaquín Corbalán? Siempre predispuesta y de buen ánimo con los demás, consultada por El Tribuno dijo que nunca pensó que al final de su carrera iba a sufrir tanto. «Llegaba últimamente a casa mal y llorando. Un día le conté a mi familia y ellos me ayudaron a salir a hablar de este calvario por el que esto pasando», relató con congoja.

Maltrato creciente

El trato despectivo de la bioquímica, jefa del laboratorio, aumentó con el correr del tiempo apenas asumió hace dos años en esa área del nosocomio rosarino.

«El acoso fue tremendo. Me decía que no conocía mi trabajo y que los rosarinos éramos todos iguales, negritos y lentos», afirmó.

Siempre la mujer le recalca a Felisa sus orígenes: «Sos igual que todos acá, negrita y gordita», le decía. La enfermera apunta que nunca tuvo problemas en su trabajo y menos aún con los anteriores bioquímicos. Según lo que relata Felisa, el trato despectivo era dirigido también a los vecinos del pueblo cuando iban a retirar sus análisis o hacer otro tipo de diligencias en el laboratorio.

«Se burlaba de mi peso siempre, y enseguida me encaraba en tono burlesco diciéndome que era negrita. A tal punto llegó este menosprecio que un día, me puse nerviosa de tantas cosas que me decía, y mi jefa se acercó y con su mano en la cabeza y me dijo ¿sos tarada que no entendés?».

La entrevista con Felisa se detiene por un momento. ¿Cómo fue que aguantó tanto y nunca les dijo nada a los gerentes del hospital de Rosario de Lerma? La respuesta se hizo esperar en medio del llanto y el miedo acumulado. «Lo hizo tan comunes a los maltratos que los tomaba como parte de la rutina de mi trabajo. Ir a trabajar en estos meses era solo sufrir. Que me tenía que preparar para lo que venía. Hice de esta violencia algo casi como natural».

Su hija Tamara, también en el diálogo con El Tribuno, explicó la situación de su mamá: «Mi madre está en el hospital desde hace 35 años y le falta un año para jubilarse. Al salir se ponía nerviosa y llegaba de vuelta a casa muy mal. Nosotros no entendíamos nada. Hasta que afloró todo y nos contó. Mi familia no puede permitir esta situación».

Tamara acompañó a Felisa a una comisaría de Rosario de Lerma donde le aconsejaron que primero dé aviso de esta situación a la gerencia y si no había respuestas que recién asiente la denuncia por violencia y discriminación. Felisa está con carpeta médica.

El Tribuno Salta

 

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