Un jefe de Bomberos VENCIÓ al coronavirus: “Nunca dejen de CREER, uno puede”

Estuvo muy grave y con respirador por 20 días.


Víctor Villanueva es el jefe de la Brigada Solidaria de los Bomberos Voluntarios de la ciudad de Salta, y como todo bombero está curtido de ir al límite en cientos de peleas contra el fuego, pero acaba de ganar su batalla más dura: luego de una internación de casi un mes en la cual pasó 20 días con respirador, se recuperó del coronavirus.

«La emoción que tengo no se compara con nada», suelta en el living de su casa, rodeado de su esposa e hijas. Es lunes y pocas horas antes había dejado el Hospital Papa Francisco en medio de la felicidad de su familia y sus compañeros de cuartel, que hicieron sonar la sirena del autobomba para celebrar.

Los médicos y enfermeros que lo atendieron también festejaron el alta. Lo despidieron con aplausos y compartieron en redes sociales una foto junto a él y su inseparable cartel: «Vencí al Covid…».

«El agradecimiento que tengo para el personal de salud es enorme. Como les dije antes irme, me saco el sombrero ante ellos. Yo soy jefe de bomberos hace bastante tiempo, vi muchas cosas feas, pero lo que ellos hacen día a día es impresionante… Desde los médicos hasta los enfermeros y la gente de limpieza. Muy pocos saben lo que ellos hacen. Si yo estoy acá es por la sabiduría que tuvieron en sus decisiones», destaca Villanueva, de 48 años, en una entrevista con el portal Salta Positiva.

Personaje querido en la comunidad, la noticia de su recuperación se multiplicó rápido en los medios locales: un ejemplo de que se puede y de esperanza para una ciudad y una provincia que en las últimas semanas fue de las más castigadas por la pandemia. Salta acumulaba hasta el lunes 540 muertes por coronavirus y 15.204 contagios.

El jefe de la Brigada Solidaria recuerda cómo empezó su proceso cuando comunicó sus síntomas a través de la aplicación SaltaCovid: «Tenía un poco de tos y fiebre. Me dijeron que me autoaísle y me medicaba a partir de lo que me indicaban por teléfono. Después empecé a saturar mal y me avisaron que me iban a llevar al Hospital Papa Francisco».

Poco después de la internación, por las complicaciones que presentaba los médicos decidieron que era necesario intubarlo para que recibiera asistencia mecánica respiratoria.

Sobre esa etapa de inconsciencia, cuenta: «Yo tenía sueños. Aparecían cosas bonitas, como la presencia de mi papá que falleció pero yo miraba al costado y él estaba paradito ahí. Y después de vez en cuando aparecía gente amiga, mis bomberos y muchos más que yo sé que pedían por mí. Era una locura mi cabeza».

Cuando dejó el respirador y recuperó la lucidez, lo primero que hizo fue pedirle entre lágrimas a un médico que le permitieran hablar por teléfono con su familia, ya que por protocolo los pacientes con coronavirus no pueden recibir visitas.

«Desde que me comuniqué con ellos, era decirles ‘esto lo hago por vos, por ustedes’. Era mostrar cada avance que hacía. Los médicos se sorprendían de la fuerza que tenía para mejorar cada día más y más. Me comentaban ‘ayer estabas intubado y hoy estás sentado…’. Me senté solo en la cama, me paré solo, acompañado de los kinesiólogos, que me motivaban. El milagro no fue solo mío, sino de todos los que quisieron ayudarme», afirma.

Y remarca que esa «ayuda» le llegó durante toda la internación, incluso en los momentos que estaba con respirador: «Hace poco que pude comunicarme con mi familia. Pero sentí siempre toda esa energía, esas plegarias u oraciones, como lo quieran llamar. Sentía todo ese apoyo que venía y que me decían ‘Víctor, vos podés’. Era como una caricia. Esa era la fuerza que yo tenía. Y los enfermeros también me decían ‘vos podés'».

Villanueva explica que todavía le «falta recuperar un poco de motricidad en un brazo», consecuencia del largo tiempo «intubado y postrado en cama», pero ya quiere devolver algo de lo mucho que recibió.

«Ni bien pueda voy a donar plasma para quien lo necesite. Agradezco a todo aquel que haya pedido por mí y estoy en deuda. La ayuda que recibí de tanta gente, muchos que conozco y otros no, con oraciones y demás, me motiva a seguir ayudando. Por algo soy bombero», señala.

Sabe que son pocos los que sobreviven a cuadros tan graves como el suyo, se lo dijeron los propios médicos al darle el alta. Pero su caso demuestra que se puede. Ese es el mensaje que les deja a quienes transiten la enfermedad y a sus familiares.

«No pierdan la fe. Es difícil, yo también me vi sin familia y en un momento dije ‘me doy por vencido, no quiero pelear más’. Y fue toda esa energía, esas oraciones, lo que me levantaron. Nunca dejen de creer, uno puede. Yo me aferré a mi religión, a mi fe, a mi familia, a mis amigos, a mi gente. Y eso me dio la fuerza».

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