Una MAMÁ lava la ropa de sus vecinos para mantener a sus HIJOS: «Gracias al lavarropas comemos»

Se trata de Ana, una joven mamá que siempre se la rebusca para llegar a fin de mes. «Me armé unos folletos y los pegué en los postes del barrio. Con eso y a través de Luli, la almacenera del barrio, empezaron a llegar los clientes y le di para adelante», relató.


Ante la actual crisis económica, muchísimos argentinos y argentinas deben rebuscáresela para salir adelante y llegar a fin de mes. Ese es el caso de Ana que, además, debe darle de comer a sus hijos. La joven mamá se las ingenió y creó un negocio que le permite solventar sus días: lava la ropa de sus vecinos.

 “Lo que hago es digno, estoy orgullosa de sacar a mi familia adelante”, sostuvo, en diálogo con colegas de El Trece. 

En el comienzo de la cuarentena estricta ya no podía salir a ofrecer ropa interior por la calle, entonces tuvo que encontrar otra manera. Primero invirtió una platita que tenía en un freezer y compró bebidas para vender. Luego fueron pizzas y, poco después, encontró el curro definitivo: lavar la ropa de los vecinos del barrio Parque Alvear 3 de José C Paz.

“Me armé unos folletos y los pegué en los postes del barrio. Con eso y a través de Luli, la almacenera del barrio, empezaron a llegar los clientes y le di para adelante”, explicó.

El sonido del lavarropas, su fiel soldado, funcionando constantemente y la ropa colgada de una punta a la otra del patio frontal es el paisaje que te encontrás cuando vas a la casa de Ana.

Desde que arrancó con esto ya perdió a su primer compañero en batalla, el lavarropas con el que empezó se rompió y tuvo que comprar uno nuevo, en cuotas, por supuesto. De todas formas, su sueño es poder tener otro o uno más grande, pero en Argentina todo cuesta el doble. “Apunto a poner un lavadero acá en mi casa, con algo más grande podría lavar todo de una vez y no en tandas, me favorecería”, explicó.

El patio de la casa de Ana siempre está llena de ropa colgada. (Foto: Captura Telenoche)
El patio de la casa de Ana siempre está llena de ropa colgada.

Si bien encontró en los lavados un buen rebusque, no descuida el resto. Ana también es una vendedora nata, cuando puede sale con su bolsito por el barrio a ofrecer ropa interior, cuando le encargan prepara pizzas o pancitos saborizados y también vende productos de una marca de cosméticos y productos de limpieza.

“Si me va bien puedo hacer dos mil pesos por día, más o menos. No es mucho pero con esto pago los servicios y le doy de comer a mis hijos, gustos no me puedo dar tantos, pero bueno”, admite.

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