A los 18 vivía en la CALLE y, a los 22, compró su propia CASA: «me dije a mí mismo que lucharía»

“Dormía en un viejo auto, me bañaba en un gimnasio y sentía que mi vida no valía”, dijo Chris Atoki sobre su peor momento.


«Todavía me acuerdo de esa noche», dice Chris Atoki al rememorar el peor momento de su vida. Fue el instante en que colapsó, tocó fondo y se sintió más solo que nunca. Hacía demasiado frío en Nueva Jersey, en sus bolsillos había menos de un dólar y, con apenas 20 años, no tenía lugar dónde dormir. Abrumado por su cruda realidad, se largó a llorar.

«No tenía familia, tampoco amigos, ni dinero como para comer algo caliente. El cuerpo me dolía del hambre y sentí que tenía que rendirme», describe este joven que cuatro años después de aquella velada en que pensó en quitarse la vida, atraviesa una realidad completamente diferente. 

La batalla había comenzado mucho tiempo antes, cuando siendo adolescente debió salir a trabajar porque su madre le exigía un alquiler para vivir con ella. Tenía un trabajo full time, pero a su vez se esforzaba por asistir a clases, así que lo que sacrificaba eran casi todas sus horas de sueño.  

El hilo de Twitter en el que contó su dura historia de lucha se viralizó. "Si yo pude todos pueden".
El hilo de Twitter en el que contó su dura historia de lucha se viralizó. «Si yo pude todos pueden».

«Me despertaba a las 7 de la mañana e iba a clase hasta las 3 de la tarde. Me tomaba una siesta de 2 horas e iba a trabajar a las 5:00 pm. Y trabajaba un turno de 12 horas hasta las 5:00 am. Tomaba otra siesta de 2 horas y volvía a la escuela. Fue difícil pero simplemente lo aguanté», contó en su inspirador hilo de Twitter, que tuvo una enorme repercusión en las redes y los medios de Estados Unidos.

Por aquellos días su vida era muy compleja, pero los problemas recién estaban empezando. «Un día, mi jefe me dijo que tenía que reducir las horas de trabajo de algunas personas y, como yo estaba en la escuela, me eligió para ser uno de ellos. Pensé que estaba bien. Todavía podría pagarle el alquiler a mi mamá y también podría dormir un poco más de horas».

Dos semanas después, el jefe lo citó nuevamente a la oficina esta vez para decirle que la situación era muy dura y que tenía que despedir a algunos empleados. «Me dijo que como yo ‘no trabajaba suficientes horas’ tenía que irme. Le dije que justamente él me había cortado mis horas, pero eso no importó. Desempleado«.

De un día al otro se quedó sin trabajo pero había más problemas por venir.
De un día al otro se quedó sin trabajo pero había más problemas por venir.

Con 18 años y recién empezando la Universidad, el chico salió a buscar trabajo para cumplir con las exigencias de su madre. Pero ese empleo nunca llegó y los gastos que le demandaban sus estudios ya eran imposibles de costear, por lo que no tuvo opción más que abandonar.

Sin embargo su mamá no le tuvo piedad y tras una fuerte disputa lo echaron de casa. Era noviembre, el invierno con sus temperaturas bajísimas y sus fuertes nevadas se avecinaba y Christopher no tenía un lugar donde pasar las noches.

Lo único que le quedaba era un viejo Ford Thunderbird 95 con el que se movía entre el trabajo y la escuela. Así que salió a buscar un techo donde poder dormir, pero sólo obtuvo rechazos: «La abuela no duró. Intenté quedarme en lo de mi novia pero, lógicamente, a su papá no le gustó eso. Entonces tuve que dormir en mi auto».

A los 18 años la madre de Chris Atoki lo echó de su casa. Hoy tiene 24 y ya compró su propia vivienda.
A los 18 años la madre de Chris Atoki lo echó de su casa. Hoy tiene 24 y ya compró su propia vivienda.

Diciembre de 2016. Un día antes de su cumpleaños Chris está solo en su auto llorando sin consuelo porque no encuentra manera de hacer que su vida funcione. Su destino parece marcado hacia la muerte y por eso en los siguientes días trataría de quitarse la vida.

«Me la pasaba pensando en lo mucho que odiaba todo. A mi mamá, mi papá, mi familia. Mi trabajo. Mi coche oxidado. A las personas en general pero sobre todo a mí mismo. Sentí que mi situación era una acumulación de ejemplos que mostraban que mi vida no importaba, no valía nada».

En ese momento límite algo ocurrió. Todo ese infierno se detuvo por un instante. Chris estaba sentado en su viejo coche y detuvo su mirada en el espejo retrovisor.

«Vi mi rostro, me vi a mí y me di cuenta de que la única persona con la que realmente podía contar era simplemente yo mismo. No sé qué fue lo que pasó. Fue casi como mirarme desde afuera y de repente tuve la sensación de que tenía algo por lo que luchar. Tenía que revertir todo ese drama».

«Realmente no sé cómo explicarlo, pero me dije a mí mismo que lucharía por mí mientras viviera. Tal vez alguien pueda explicarlo mejor, pero sentí que había nacido de nuevo. Como una persona diferente. Iba a agarrar la vida por las astas».

Salió a luchar

Con una inyección de animo que lo transformó por completo, Chris salió del auto y fue a la biblioteca. Agarró cada una de las solicitudes de trabajo y aplicó. Empezó a trabajar de cualquier cosa. «Pasé por un almacén, una fábrica, carnicería. También fui asistente de DJ de bodas, encargado de paneles solares, agente de seguros, y finalmente vendedor de colchones».

Con el dinero que juntaba pudo arreglar su auto, venderlo y tener uno nuevo. Sin embargo su aceptable sueldo en la empresa Mattress Firm todavía no le alcanzaba para alquilarse un departamento y mucho menos comprar una vivienda. Así que se bañaba en un gimnasio que quedaba cerca y allí arreglaba su aspecto para afrontar a sus clientes en la tienda de colchones.

Chris Atoki: "Hace 4 años estaba sin hogar durmiendo en mi auto, duchándome en el gimnasio, preguntándome de dónde vendría mi próxima comida".
Chris Atoki: «Hace 4 años estaba sin hogar durmiendo en mi auto, duchándome en el gimnasio, preguntándome de dónde vendría mi próxima comida».

«En los días en que yo era el único que trabajaba en el showroom, aprovechaba y me quedaba a dormir en las camas en lugar del coche», contó Chris que tras una dura búsqueda logró una habitación por unos 500 dólares por mes.

Su vida se había acomodado, es cierto, pero aún estaba lejos de ser lo que él soñaba: «No quería hacer esto por el resto de mi vida, pero tampoco podía pagar la Universidad. Así que me puse a buscar algún lugar donde poder estudiar por internet y así conocí a Lambda School».

Se trata de una escuela de estudios terciarios en carreras de tecnología y no exige que se le pague hasta que el estudiante tenga un trabajo en el rubro que le permita hacerlo.

El otro problema que tenía Chris eran sus tiempos. Trabajando full time para poder vivir no tenía forma de estudiar una carrera, así que se lanzó y le escribió un mail al Ceo de Lambda y la respuesta que obtuvo fue tan positiva que tuvo el aliento que necesitaba para avanzar con su sueño.

«No tenía Internet en mi apartamento ni en el trabajo, así que usé mi punto de acceso en mi teléfono para asistir a las clases mientras trabajaba«. Mientras repartía su tiempo entre el trabajo y el estudio llegó su hijo («Otra razón para luchar y esforzarme»). Aunque Chris admitió que en los primeros años del niño «no fui el mejor padre, pero corregí mis errores y seguí adelante».

Finalmente Chris pudo graduarse de su programa y por fin llegó el esperado llamado con una oferta laboral como programador. Se mudó a Filadelfia para cumplir su sueño y desde entonces no para de crecer.

«Me encanta lo que hago. Y dupliqué mis ganancias en un año. Seguí trabajando y aprendiendo y me cambié a otro trabajo en el que ahora tengo un mejor sueldo. Y no solo eso, estoy en una posición financiera más grande de lo que jamás creí posible», aseguró el joven.

«Mi objetivo con esto es mostrarle a la gente que, sin importar las circunstancias, se pueden superar los problemas. Soy un hombre negro de 24 años con tatuajes y hace solo 4 años no tenía hogar. Hasta ahora soy dueño de una casa de 350 mil dólares. Si yo pude hacerlo, definitivamente tu también puedes».

Fuente: Clarín.

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