FELIZ DÍA DE LA (DES)LEALTAD

#OPINIÓN

Un 17 de octubre de 1945 una multitudinaria manifestación obrera y sindical exigía la liberación del entonces secretario de Trabajo, el coronel Juan Domingo Perón. Muchos sitúan este día clave como la génesis del movimiento político que ha gobernado los destinos del país más que ninguna otra fuerza. Han pasado ya 76 años desde ese hito de  nuestra historia y el peronismo ha mutado incesante, de forma camaleónica para conservar el poder. Se trata de un significante con varios significados, una cáscara vacía que amalgama múltiples heterogeneidades y se adapta a los requerimientos electorales. Desde el liberalismo de los ´90, pasando por el conservadurismo de Duhalde, para llegar al populismo kirchnerista. Sólo por citar un tramo de la historia.

En este cóctel de diferencias, resulta curioso que el peronismo haya bautizado a esta jornada como el Día de la Lealtad, teniendo un archivo tan repleto de traiciones, luchas de poder y desencuentros. Desde Cámpora y Perón hasta la actualidad, hay varios registros que le aportan ironía y colisionan con el concepto de lealtad.

El divorcio político más fresco de todos es el de la actual coalición gobernante, que después de sufrir una dura derrota en septiembre pasado salió a ventilar una interna feroz, que terminó decantando en una crisis institucional que puso fin a medio Gabinete. Es que Alberto y Cristina llegaron al poder desde el disenso, después de varios idas y vueltas, sorpresivamente el profesor de derecho emergió como candidato presidencial; aunque puede que no todas las diferencias hayan sido zanjadas desde aquel momento. Se constituyó una alianza electoral, pero no una de gobierno, que sea lo suficientemente sólida para soportar los embates y el desgaste de una gestión. El mensaje de las urnas no fue más que un detonante que desnudó las diferencias.

De ese escándalo es difícil de volver, aunque en el Frente de Todos hagan de cuenta que no pasó nada. La vicepresidenta incineró en sus redes sociales al presidente, lavó los trapitos sucios en público, acusó a su colega de armar operetas en su contra y acorraló a Alberto Fernández, quien optó por la opción de obediencia y sumisión.

Para no irnos tan lejos geográficamente, en San Juan también tenemos fresca una rivalidad política, que nació como amistad, o al menos como sociedad. Se trata del gobernador actual Sergio Uñac y su antecesor, el legislador nacional José Luis Gioja. Hoy con una riña que ya escapó del off y ha sido oficializada por sus propios protagonistas. ¿Cuándo comenzó todo? En principio hay que recordar que el diputado Gioja supo entablar una buena relación con Joaquín Uñac, que luego fue heredada por sus hijos Rubén y Sergio. Terminaron como compañeros de fórmula en 2011 y hasta ahí todo parecía armonía.

Uno de los puntos de inflexión en la relación de ambos dirigentes fue en octubre de 2013, cuando el helicóptero en el que viajaba José Luis Gioja se precipitó al suelo. Allí asumió las riendas del Ejecutivo su vice, Sergio Uñac, quien debió surfear varias dificultades; pero le terminó tomando el gusto a la gobernación. Por esos días difíciles, el actual primer mandatario mostró temple y se ganó la consideración de varios de sus correligionarios. Llegó el 2015 y habían dos opciones: Uñac o el actual ministro de la Corte de Justicia, Marcelo Lima. La popularidad e imagen del pocitano terminaron inclinando la balanza a su favor.

Luego del traspaso de mando,  no hubo que esperar mucho para que las primeras señales de fractura con su padrino político salieran a la luz. No había pasado ni un año de gestión, cuando José Luis Gioja dejaba en claro que las obras que inauguraba Uñac habían sido gestionadas y ejecutadas por él. Sin embargo, todo tenía aún la categoría de rumor y reinaba una tensa cortesía institucional entre ambos.

¿Cuándo llegaron a un punto sin retorno? Al menos públicamente, fue cuando Gioja decidió ir contra un axioma del peronismo sanjuanino que establece que “el que gobierna conduce”, reservando la presidencia del partido para el gobernador. No lograron llegaron a un acuerdo y en 2020 se dio una de las internas más sangrientas del justicialismo. Declaraciones fortísimas, denuncias y entredichos que llevaron a los dos caciques a posiciones irreconciliables.

Finalmente, la lista “Todos Unidos”, que encabezaba Sergio Uñac obtuvo un contundente triunfo en todos los departamentos y se llevó cerca del 70% de los sufragios, dándole una estocada casi definitiva a José Luis y su hermano Juan Carlos, que fue el que puso la cara para la disputa. Sin embargo, ambos salieron magullados y debieron pagar un cuantioso costo político.

Quien iba al frente y propinaba las diatribas era el entonces presidente del PJ nacional, que cargaba sin pelos en la lengua contra el de Pocito. Incluso invitaba a la rebelión e incitaba cortes de calles contra la gestión Uñac. «Esto no es amenaza, es una urgencia que se les escapó a quienes gobiernan», decían en un acto partidario en Caucete. También acusó al actual gobernador de tirarle en contra todo el aparato oficial y los medios de comunicación. Hasta dijo que tuvo que luchar contra “la demagogia de la mercadería”. Los fantasmas se pisaron la sábana.

En medio de esa disputa de poder, el exgobernador prendió el ventilador y dejó todo al escrutinio de la opinión pública. “La unidad no significa `hagan lo que yo digo´, la unidad es abrirse un poquito, poner la oreja”, declaraba Gioja y develaba una de las razones de la ruptura. “No importan los aprietes, ni las extorsiones. La traición no cotiza en el peronismo. El traidor se va a morir traidor”, manifestaba el diputado nacional, en una de sus declaraciones más picantes.

Por su parte, Uñac nunca fue tan directo al choque, más fiel a su estilo mesurado y poco confrontativo, evitaba declaraciones malsonantes y no se metía en el barro que proponían los Gioja. Siempre los discursos mantenían la línea. Eso sí, les hacía sentir el rigor de la maquinaria y los recursos del  Gobierno. También iba dejando en el ostracismo al exgobernador, que presentaba una figura cada vez más desdibujada y ausente de la agenda oficial.

Ahora, una convocatoria para el Día del la Lealtad reavivó la polémica. El flyer invita a la celebración peronista en el club Unión, del departamento de Rawson. El detalle es que los personajes que figuran son Cristina, Eva, Néstor, Juan Domingo, Alberto y José Luis. Se «olvidaron» de Sergio.

En resumidas cuentas, Uñac ganó esa disputa, pero pagó un precio caro. Hoy, además, debe lidiar con la mirada de algunos que aún le guardan lealtad al antiguo gobernador y hablan de traición por lo bajo. Gioja, por su parte, se encarga desde las sombras de minar la gobernabilidad y sacar a relucir cada error o presunta falta de transparencia de la gestión actual; tan punzante como la oposición misma.

Con un breve pantallazo de la historia, basta para traer a la memoria más de una rencilla política dentro del peronismo; que para evitar la ironía, debería pensar en un nombre más acorde para este 17 de octubre.

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