Rocío y Rodrigo, los adolescentes que vencieron el cáncer sonriendo

La pareja que ha creado la plataforma ‘Adolessence’ se han hecho virales en Instagram contando su historia de superación.


Rocío ha tenido esa mañana un examen y ya tiene que estudiar para el que tiene dentro de dos días. No ha dormido nada y ha discutido con una amiga, pero le da igual. Tiene que ir al hospital.

Rodrigo le ha dicho que no quiere verla, pero tampoco importa, porque si él está mal y ella encima también “los dos nos hundimos”. Tienen 17 años, y están pasando juntos, por un cáncer.

Han pasado ya unos años, Rodrigo ha salido del cáncer de hueso -osteosarcoma- y junto a Rocío han aprendido una valiosísima lección: “Dar gracias por las pequeñas cosas, porque mañana no sabes qué va a pasar”.

Se “compenetran muy bien” y se nota que se quieren. Saben que la relación funciona cuando se ‘dan’ el uno por el otro, y no solo cuando hay una enfermedad de por medio.

Son de Sevilla (España) y ahora tienen 20 años recién cumplidos y su madurez ha hecho que sean tan valientes como para embarcarse en una aventura complicada: crear una asociación.

Durante su experiencia en el hospital, donde Rocío iba todos los días a acompañar a Rodrigo -estuviera como estuviera- tuvieron una idea. Crear ‘Adolessence’, una plataforma para que jóvenes adolescentes, fueran como voluntarios a hospitales… para otros adolescentes que estuvieran enfermos.

Un amor desde niños
Rocío y Rodrigo se conocieron en prescolar. Rodrigo era el “crush de la infancia” de Rocío, aunque el tiempo les distanció. Pero el destino -por llamarlo de alguna manera- quiso que se reencontraran con 15 años.

Un día volviendo de salir con sus amigos se cruzaron en el metro: “Perdona, ¿eres Rodrigo?”

Al cabo de un mes comenzaron a salir y vivieron un año de un noviazgo normal. Como cualquier otros jóvenes de 16 años. Hasta que llega la temida noticia: Rodrigo tiene cáncer.

La enfermedad

Si parece injusto que alguien tenga que vivir esta situación, parece que lo es más cuando eres niño o adolescente. Pero Rocío no quiere verlo así. “Si estoy enamorada de él y llevo un año con él, no tiene sentido que me vaya ahora”. Así que decide estar “en las buenas y en las malas”.

A Rodrigo no parece importarle afirmar que Rocío también lucha contra la enfermedad. Está a su lado todos los días. También cuando el cansancio hace que se quede dormido, también cuando las llagas le queman, también cuando no tiene ganas de comer y vomita, también cuando está de mal humor y no tiene ganas de ver a nadie… también cuando le responde mal.

Rocío sabe “que no es él, que es la quimio” y sigue visitándole. Ambos lo tienen claro, la actitud va a ser vital en este proceso que van a tener que vivir sí o sí.

Así que deciden trasladar lo que harían fuera, al hospital. Intentar mantenerse distraído para olvidarse de ese veneno que pretende curarle. Leen juntos, juegan juntos, descansan juntos y los viernes hacen ‘plan de pizza y peli’. Igual que como lo hacían en casa.

“Rocío, la familia, mis amigos y la fe” son sus compañeros de viaje en esta batalla contra la enfermedad. Rodrigo baja a la capilla con la ‘bomba de la quimio’ para ir a misa o simplemente rezar.

Tiene miedo y no sabe “qué va a pasar”, igual que Rocío, que no entiende cómo Dios ha podido permitir esto. Pero los dos piensan que si lo ha querido así es por algo. Que si está pasando es porque vendrá algo mejor y pueden superarlo.

Prefieren sonreír a los problemas y distraerse juntos. Hacen bromas, Rocío le llama ‘calvo’ cariñosamente y Rodrigo dice que se tiene que peinar cuando vienen sus amigos. Y probablemente, mientras ven cómo el tiempo pasa en esa habitación de hospital, aprenden a quererse más y mejor.

El final de la batalla
“Dios manda sus peores batallas, a sus mejores guerreros”, dice Rodrigo con 20 años después de haber superado su enfermedad. Actualmente estudia un grado superior de energías renovables. Rocío estudia publicidad y relaciones públicas. Siguen juntos y aseguran que son “mejores amigos”.

“Hemos desarrollado un punto de vista de la vida que es completamente distinto. Hemos aprendido a compenetrarnos y cuando a mí me hace falta que Rodrigo de algo más de sí, él lo sabe y yo lo hago al contrario. Nuestra regla de oro es que nunca nos vamos a dormir estando enfadados. No sabemos qué nos va a pasar mañana… así que vamos a terminar bien el día, apreciando las cosas que tenemos”.

Durante el cáncer han aprendido a que “cuando viene un problema no nos vamos y lo dejamos roto. Lo arreglamos. Estar ahí todos los días”. Aseguran que volverían a pasar por ello si hiciera falta y que de esa experiencia pueden salir cosas buenas.

“¿Quién sabe si la forma en la que lo he vivido, puede inspirar a otros?” se pregunta Rodrigo. Por lo menos de momento, de esta experiencia difícil ya ha nacido ‘Adolessence’, que quiere concienciar a los jóvenes y ayudarles a vivir esta situación.

Una de las fotos que perfilan su feed de Instagram -que se hizo viral a raíz de conocer su historia- es una foto de la pareja en una ventana del hospital. Algunas tardes las pasaban ahí, viendo el atardecer.

Hoy pueden confirmar que aquello que vivieron tiene un sentido: un proyecto apasionante y sobre todo un amor que quiere “en las buenas y en las malas”.

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